lunes, 27 de septiembre de 2010

EL NIÑO AZUL

-“¡Santos, Santooos..." gritó Gabriel mientras agarraba con todas sus fuerzas por las patas traseras a un conejo gris que intentaba zafarse dando estirones fuertes y convulsivos ¡un conejo enorme, corre!

Trotando entre los matorrales apareció un niño pequeño y delgado. Tenía el pelo negro, la piel oscura curtida por el sol, unos ojos claros de gran viveza y unas orejas de soplillo que le daban un aspecto travieso y simpático. Vestía un pantalón corto de pana marrón sujeto por un cinturón de cuero muy desgastado por el uso y una camisa de manga corta que podría ser blanca si no fuera por las manchas de barro y de resina que la cubrían casi en su totalidad. Calzaba unas alpargatas con suelo de goma negra y llevaba en una de sus manos una vara larga y flexible.

- ¡No le dejes escapar, sujétalo con todas tus fuerzas, que ya llego!

Se acercó a Gabriel y, cogiendo al conejo por las orejas con gran maestría, deshizo el lazo de cobre que rodeaba su cuello.

- Este lazo es del guarda de la finca de Don Manuel. Ya podemos salir corriendo, porque si nos pilla nos desloma.

- Vuelve corriendo a tu casa con el conejo – dijo Gabriel recogiendo su vara - y llévatelo antes de que nos vean. Yo volveré a poner el lazo en su sitio.

Mientras Santos corría velozmente por el monte, Gabriel rehizo el lazo de cobre, aseguró la estaquilla al borde de la senda por donde solían pasar los conejos y, lanzando una última mirada de satisfacción al artilugio, emprendió una rápida retirada en dirección a la casa de su amigo. Le asombraba que los conejos cayeran en un lazo tan pequeño y que la estaquilla resistiese los saltos que daban al sentirse aprisionados por el cuello.

El sol de agosto brilla con tanta luz que los ojos se ponen rojos si te atreves a mirarlo. El cielo es de un azul intenso y el calor se hace a veces insoportable. Gabriel corrió agachado entre las matas para evitar ser visto si alguien paseaba por el campo. Sentía la emoción del furtivo y el orgullo de haber sido él quien localizó al conejo atrapado en el lazo. El suelo estaba caliente y de la solana se desprendía un vaho con olor a tomillo. En su carrera ni siquiera notaba los arañazos de los matojos en sus piernas, sorteando intuitivamente los obstáculos que se le presentaban, saltando regueros, rodeando zarzales, pero siempre siguiendo el rumbo que tan bien conocía en dirección a la casa de su amigo.

De cuando en cuando espantaba algún saltamontes, que de un salto se escabullía entre las jaras. Vio pasar fugazmente una lagartija con su cabeza erguida y su rabo haciendo las veces de timón. Un verdejo voló sobresaltado en dirección al valle.Al cabo de un tiempo que le pareció eterno, pudo divisar la casa de Santos.

Era una casa con la fachada de piedra, de un piso, con tejado de láminas de pizarra, situada a las afueras del pueblo. Las piedras eran de granito y estaban unidas por un cemento que en su momento debió ser blanco, pero que ahora tenía un color ocre. Algunas de las tejas de pizarra estaban desportilladas y de las hendiduras sobresalían hierbajos resecos por el sol. Las dos ventanas de la fachada tenían reja, pero la puerta de la casa estaba siempre abierta, oculta por una persiana de paja de color verde que llegaba hasta el suelo, para permitir pasar el aire y resguardar el interior del calor. Adosado a uno de sus costados había un cobertizo que servía de gallinero, fabricado parte con planchas de madera y parte con una alambrada.

Aunque las gallinas se movían por los alrededores de la casa picoteando el suelo con toda libertad, la madre de Santos las encerraba todos los días al anochecer para protegerlas de las alimañas, atrayéndolas con pienso o granos de cebada. Delante de la casa había una pileta de piedra que servía para lavar la ropa. Una bicicleta marrón se apoyaba contra una encina grande situada a pocos metros de la puerta, que tenía a su lado un banco de granito de una sola pieza.

A acercarse a la casa pudo oír a Santos hablar en alta voz con su madre.

- Te juro que lo hemos cogido entre Gabriel y yo. De verdad que no es de cepo. Yo lo espanté hasta una zarza y, como no tenía salida, enrollamos su piel con la punta de la vara y tirando hacia nosotros lo cogimos.

- Santos, dime la verdad, que como me mientas te la vas a ganar.

- Te juro que es verdad, madre y si no que me parta un rayo.

- No jures – contestó la madre, dando un pescozón a su hijo, Mira, ahí viene Gabriel y ya veremos si ha ocurrido como tú dices.

Al llegar Gabriel a la puerta de la casa, Santos se le acercó presuroso.

- ¿Verdad que este conejo lo hemos cogido nosotros en un zarzal con la vara? Le dijo casi gritando.

La madre de Santos miró a Gabriel, que no supo qué decir y le dirigió una sonrisa mezcla de impotencia y resignación.

Está bien, está bien – dijo – lo llevaré a la cocina y mañana le invitaremos a Gabriel a comer.

Santos lanzó un suspiro de alivio y se sentó en el banco de granito con cara de triunfo.

- ¿Y Quico? Preguntó Gabriel.

- Voy a por él – contestó Santos.

Se levantó y entró en la casa ladeando la cortina verde. Al poco rato salió arrastrando una hamaca de lona plegada acompañado por un niño de unos siete años de edad. Montó la hamaca a la sombra de la encina y ayudó al niño a recostarse en ella.

Quico se parecía mucho a su hermano, pero era muy delgado y de tez pálida. Cuando Gabriel le conoció quedó impresionado por la sensación de fragilidad que producía. Quizás se debiera a que, aunque podía moverse por él mismo, siempre había alguien cerca de él que le cogía del brazo o de la mano con aire protector. Su piel era muy blanca, casi transparente, y tenía un ligero color azulado que se oscurecía alrededor de sus ojos. Andaba con precaución, como temiendo caerse en cualquier momento, y daba la sensación de estar siempre cansado.

- ¿Qué le pasa a tu hermano? Había preguntado Gabriel.

- Nada – respondió Santos en un murmullo, casi sin dar importancia a la pregunta – es un niño azul.Gabriel calló, aceptando la respuesta de Santos sin indagar más, en parte para no demostrar su ignorancia y en parte porque presentía que profundizar sobre el asunto podría molestar a su amigo.Quico se recostó en la hamaca con aire cansado y dijo:

- Sois unos tíos estupendos. Me tenéis que llevar con vosotros al monte. Seguro que cogemos un conejo grande, grande entre los tres.

Santos pasó su brazo alrededor de los hombros de su hermano y le dijo:

- Iremos cuando te encuentres más fuerte, Quico. Con tu ayuda no hay conejo que se escape.

Gabriel nunca olvidó la ternura conque Santos respondió a su hermano. El hecho de que Quico fuese su único hermano y estuviese tan imposibilitado físicamente le hacía sentirse un poco su protector, pero siempre procuraba comportarse de una forma natural, espontánea, para evitar cualquier referencia a su enfermedad. Nunca hablaba de ella y, cuando los chicos del pueblo, infantilmente inconscientes, se burlaban de la debilidad de Quico y de su color azulado, hacía frente a las burlas y más de una vez se enzarzó en una pelea con alguno, rodando por los suelos, indignado ante los ataques de que era objeto.

Quico era para él lo más querido del mundo y toda la hombría que poco a poco se iba consolidando en su cuerpo de niño se ponía inconscientemente a su servicio, creciendo, consolidándose, como un borrador de lo que en el futuro iba a ser ese niño-hombre.

Gabriel y Santos se sentaron en el suelo alrededor de la hamaca y los tres niños comenzaron a charlar animadamente. Hablaban casi a gritos, interrumpiéndose, quitándose la palabra llenos de excitación. Quico estaba feliz. Se incorporaba sobre la hamaca y les miraba alternativamente a medida que hablaban. Sus ojos marrones tenían un brillo intenso que resaltaba sobre el fondo azul oscuro de sus cuencas. Parecía una crisálida que intentaba salir de su receptáculo-hamaca para integrarse en la vida que le rodeaba, en el bullicio y la alegría de unos niños que encarnaban la felicidad.

- De mayor vamos a tener una finca muy grande, que llegue casi hasta el Guadarrama y cazaremos los tres sin que nadie nos lo prohíba.

- Y tendremos escopetas del doce como la del tío Jacinto.

- Y tendremos un perro.

- Y haremos una guarida entre las jaras donde nadie podrá encontrarnos.

- Y por la noche haremos hogueras.

- Y nos bañaremos en los regatos.

Mientras los niños hablaban la madre de Quico les miraba enternecida desde la puerta de su casa. No supo si fue por la luminosidad del sol del atardecer o el esfuerzo por mirar a los niños desde lejos, pero de pronto sintió una lágrima bajar despacio por su mejilla. La enfermedad del corazón había castigado sin piedad a su hijo.

Miró hacia el cielo azul y secó su lágrima con el dorso de la mano.

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Dedicado a Terly, Rafael Lizarazo, Sonia, Nieves, Flor, Rafael Mulero, Pedro Jiménez, Juan, Aurora, Silvia Meishi, Carmeny, Juanjo Almeda, Marcos Callau, Juliana Gómez Cordero, Paloma Corrales, Noray, Jesús Arroyo, Mercedes, Pluma Roja, Amadeus y Anabel, por haber sobrevivido a mi antipoema.




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44 comentarios:

Ángeles Hernández dijo...

Por entonces los niños tenían ideas propias y arriesgaban. En el campo, junto a la naturaleza, se aprende a vivir como ella nos enseña.

El niño azul probablemente hoy no sería azul, pero quizás la intervención qirúrgica que le habría permitido llevar una vida mas "normalizada" no le habría concedido tanta paz y felicidad como en el relato nos hace sentir.

Hermoso texto. Gracias. Á

Fernando dijo...

Muchas gracias, Angeles, por tu comentario. Lo necesitaba, de verdad. Un abrazo.

Fernando dijo...

Querido poeta pijo: te recuerdo de Alcalá de Henares. Gracias por tu comentario, interpreto que te ha gustado el relato. Si no es así, gracias de todos modos. Un abrazo.

Rafael Mulero Valenzuela dijo...

Querido amigo y poeta: de nuevo, bienvenido a tu blog. Gracias por incluirme en la dedicatoria. Estimo que ha sido una decisión acertada borrar el "antipoema" que tantos disgustos trajo consigo. Un abrazo.

Fernando dijo...

Amikgo Rafael, graciqas. A ver si el paisaje que nos rodea en Torrelodones se llena de luz y esplendor. Un abrazo.

Juliana Gómez Cordero dijo...

Querido Fernando ¡Enhorabuena! Alivio y felicidad sentí al leer tu emotivo relato, tan bien descipto en su transcurrir, agil e interesante, pleno de ternura, que más que un cuento, parece un trocito de tus recuerdos de la niñez,tan recurrentes cuando llegamos a la madurez.
Realmente me encantó como todo lo aue de tí leo.
Gracias y felicitaciones.
Juliana

Fernando dijo...

Gracias, Juliana, querida amiga, por tu espíritu de fidelidad a la poesía. Tu comentario me enaltece. Un saludo <muy cordial.

Jesús Arroyo dijo...

Maestro y ahora sí te lo llamo, con tu permiso o sin tu permiso:

Recuerda que el azul es un color preferido entre muchos poetas, entre muchos escritores, entre niños como el tuyo y mayores como aquel que nombró azul a la mar de Cádiz o al cielo de Málaga.

Eres grande, Fernando. Eres grande.

Gracias por la dedicatoria.

Un fuerte abrazo.

Fernando dijo...

Gracias, Jesús, amigo. Gracias por los ánimos que siempre me has dado y me sigues dando. Un fuerte abrazo ab imo pectore.

Mercedes dijo...

Estimado Fernando, este es uno de los mejores regalos que he recibido desde hace tiempo. He disfrutado mucho con tus poemas, por la simple razón de que conectas, después hay otros motivos, como la maestría con la que enlazas palabras y el manejo del vocabulario; pero insisto, lo que a mí me importa es que me haces partícipe de tus sentimientos hasta el punto de vivirlos contigo. En este relato tan bello, tierno y sentido he experimentado lo mismo: que detrás de las palabras hay alguien que no pasa de puntillas por el mundo y se embriaga con cada vivencia.
Ha sido, nuevamente, un placer leer buena literatura.
Gracias.

Fernando dijo...

Gracias, Mercedes, gracias por tu ánimo. Seguiré escribiendo relatos de Gabriel, buscando su sensibilidad y tratando encontrar las palabras adecuadas. Un cordialísimo saludo.

Juanjo Almeda dijo...

Querido Fernando, puedo intuir que para escribir un relato así, además de gozar de la maestría de tu palabra, has tenido que vivir tú mismo parte de todo ello, aunque esta historia, sea ficticia. Me uno a todos los demás comentarios. Gracias por la dedicatoria, un abrazo, maestro.

Laura Gómez Recas dijo...

Hola, Fernando.
¿Qué pasó que no nos despedimos? Te perdí en aquel trajeteo de pasillos.
Este relato creo habértelo leído ya. ¿Me equivoco? Es delicioso. Me recuerda a la fragancia de El Camino, de Delibes... ese quehacer infantil en libertad y el punto agrio y dulce, a la vez, del niño azul. Y, al final, esa madre... el contrapunto al mundo onírico de la infancia...

Por cierto, ¿me he perdido algo? Eso del anti-poema, ¿*? Espero que me cuentes. Me pica la curiosidad...

Besos, muchos, para ti, amigo.
Laura

Fernando dijo...

Gracias, Juanjo, siempre aciertas en tus análisis.¡Bravo,poeta!Intentaré, dentro de mis limitadas capacidades, seguir contando estas pequeñas historias de Gabriel. Creo que puede salirme bastante bien, porque cuento con un trébol de cuatro hojas que me regaló un alma pura y sensible. un abrazo ab imo pectore.

Fernando dijo...

Laura, poeta y amiga. tu alma delicada y sensible no está obligada a leer antipoemas tan desastrosos como el que escribí en mi última entrada. Se trata de un puñetazo que he dado ante lo que estoy viendo y me cuentan de los poderes fácticos de mi entorno intelectual fuera de la red. Ya te contaré. Un beso.

Carla dijo...

Que te puedo decir. Hacia mucho que no leía algo tan lindo, tan bien contado, con detalles preciosos.
Sos un gran escritor!

Pluma Roja dijo...

Gracias por acordarte de mí en tu dedicatria, Yo siempre vengo a leerte porque reconozco en ti a un gran poeta. Me gusta mucho tu poesía. Mil gracias querido poeta. Hasta pronto.

Terly dijo...

Ya me costó, querido Fernando, sobrevivir a tu antipoema. ¡Qué disgusto me has dado! Hasta mi mujer que no te conoce me preguntaba cada poco tiempo si tenía alguna noticia de Fernando.
Me alegro de que hayas retirado ese antipoema que me resultó más duro que la propia Desesperación de Espronceda.
Has publicado hoy algo muy en la línea de lo que tú eres como escritor y poeta. Lírico, familiar, campesino, lleno de ternura y muy del estilo de vida rural que los niños de las pequeñas poblaciones disfrutábamos en aquellos años que, como dice la canción, "pué que no vuelvan"
Mi satisfacción, mi agradecimiento por la dedicatoria y mi abrazo para ti.

Fernando dijo...

Hola, Terly, amigo de verdad, he buscado precisamente El Niño Azul para tratar de reencontrar la época de mi niñez, de mi sensibilidad, de mi inocencia, para intentar evadirme del barro que me rodea en esta tierra, antes llena de jaras, hoy invadida por gentes que no tienen su blancura ni su calidad. Gracias y un fuerte abrazo.

Fernando dijo...

Gracias, Carla, amiga, siempre fiel a mi poesía, tan lejos de mí en tiempo y distancia. Tus comentarios me ennoblecen y animan muchísimo. Gracias y un abrazo entrañable. Fernando.

Fernando dijo...

Pluma Roja, eres un amor. Me escribes desde una tierra muy querida y admirada por mí.Cada vez que lo haces, cuando leo tu palabra, ss llena mi alma de recuerdos maravillosos, de paisajes bellísimos, y siento a través de ella un aroma auténtico de buena escritora y mejor amiga. Un abrazo ab imo pectore

JUAN dijo...

Un relato enternecedor, Fernando. Los niños son así de vivos y decididos.Son leales a sus amigos y a esa edad, donde aún no se entiende de heremcias ni de dineros, dan la vida por defender a sus hermanos.
Me has traladado a esa campiña de matorrales y monte bajo que late con el corazón de tantos animales ocultos; me hasa tarído el olor a jaras, tomillo y romero con tus descripciones y me has enternecido con la historia del niño azul que se apresuró a venir al mundo antes de que hubiera posibilidades de remedio para su enfermedad. Te animo a continuar ecribiendo esos recuerdos infantiles para honrar la memoria de tus personajes y enriquecer la nuestra. Gracias por incluírme en tu dedicatoria y compartir este relato.

Fernando dijo...

Gracias a tí, amigo y paisano Juan. Hemos debido tener ideales muy próximos tú y yo, a pesar de la diferencia en tiempo y situaciones. Yo vibro con la tierra y amo la honestidad y el esfuerzo personal por vivir con ella y en ella. Un fuerte y cordial abrazo, Juan.

Emilio dijo...

Estimado Fernando:
Ya conocía este relato, que sigue siendo en sucesivas lecturas tierno y lleno de unas cálidas descripciones como nos tienes acostumbrados.

Me recuerda tiempos vividos en una lejana niñez que poco tienen que ver con los de ahora (no sé si desgraciadamente, porque este mundo, aún ganando muchas y buenas cosas, ha perdido una gran parte de la inocencia y de la tranquilidad de aquellos tiempos).

Abrazos para ti y para tu familia, con el deseo de que os encontreis muy bien.

Fernando dijo...

Admirado Emilio, observo que, por lo menos, abres el blog. A ver cuándo te decides a escribir, que te necesitamos. Un fuerte abrazo.

Jorge Torres Daudet dijo...

Así se hace, Fernando; borrón y cuenta nueva.
Tanto me he alegrado que salgo de la penumbra a manifestártelo.
El relato, qué decirte! Me ha servido para, en una mañana clara y luminosa como la de hoy, disfrutar de ese olor a jara y tomillo, de ver corretear a esa lagartija huidiza, y ver levantar el vuelo a ese verdejo. Y, sobre todo, una vez más, respirar contigo esa sensibilidad que tus escritos transpiran siempre, bien en un anciano desharrapado o, como hoy, en unos adolescentes.
Esta es tu forma de escribir, por la que te reconocemos y reconoceríamos aun sin firma.
Me alegro mucho.
Un fuerte abrazo.

Fernando dijo...

Jorge, amigo, no te incluí en la dedicatoria porque lo hice en base a los comentarios y tú me escribiste por internet. Te debo mucho. Me apoyaste a ciegas. Eso sólo lo hace un buen amigo. Un fuerte abrazo.

Noray dijo...

Querido Maestro y Amigo, me hace feliz volverte a leer e intuir que el receso fue sólo eso, un paréntesis detenido en el tiempo de creación.

Ya sabes lo que creo...

tú eres de esos que yo considero imprescindible.


Un fuerte abrazo.


PS: No merezco esa dedicatoria

Fernando dijo...

Amigo y poeta Noray: ya me gustaría acercarme a tu enorme capacidad de escribir tan buena poesía. Eres, además una buenísima persona, creador e impulsor de esas reuniones tan interesantes de Poesía en la Red.
Te debo tanto, que lamento haber escrito eso que llamé antisoneto, lleno de matices tan lejos de tu bondadosa personalidad. Gracias y un fuerte abrazo.

carmen jiménez dijo...

Es urgente escribir, sí. Escribir poemas y antipoemas tan bellos como éste. Es urgente decir que la palabra nos une. Soy una entusiasta del relato corto (ver mi otro yo) y aunque lo abandoné a su suerte porque el tiempo apremia para escribir y leer, tengo que decirte que he disfrutado esta cacería. Pero sobre todo he disfrutado a los personajes. He disfrutado la ternura manifiesta entre dos hermanos de condiciones diferentes, de la esperanza que infunde Santos a Quico y de la amistad de Gabriel. Por no hablar del orgullo que arranca esa lágrima de los ojos a una madre.
Una faceta ésta tuya tan buena como tus poemas.
Un beso y un placer haberte conocido.

Elvira Daudet dijo...

glyrogQuerido Fernando:
Qué alegría encontrarte de nuevo en casa!
Es muy hermoso y conmovedor tu relaro del niño azul. Me gusta todo lo que haces con esa especial sensibilidad que pones en todo tu creación.Besos Elvira

Fernando dijo...

Querida y admirada poeta Elvira: para sensibilidad, la tuya. Me haces estremecer con tus poesías. Qué gran pérdida la del que se sintió un ser supremo, no sabía lo que hacía. Un saludo muy cariñoso de tu amigo Fernando Jiménez-Ontiveros.

Fernando dijo...

Querida Carmen, ya te considero como de la familia. Sigue escribiendo relatos, por favor, que me entusiasman. Con las novelas no puedo, salvo honrosas excepciones. De joven me las bebía, pero ahora no me merece la pena perder tanto tiempo, habiendo tan grandes poesías como las que están a mi alcance. Un saludo mu cordial.

Amadeus dijo...

El relato es una maravilla – me veía en el campo- y el final que decirte… Creo que el dorso de mi mano está algo húmedo.
Un fuerte abrazo, que no sé como agradecerte ésta inmerecida dedicatoria.

Fernando dijo...

Amigo y escritor Amadeus: la dedicatoria es un modo de dar las gracias por hacer un comentario a mi "antipoema", que escribí rabioso y en mala hora. Tenías razón, fué un puñetazo dobre la mesa, y me arrepiento, porque no es mi estilo. Gracias otra vez y un fuerte abrazo.

Carmendy dijo...

Estimado amigo Fernando.
En primer lugar, me alegra verle ya en calma y escribiendo cosas tan bucólicas y hermosas,como este tierno relato, tan inmensamente azul."El arte es azul..."decía el genial Víctor Hugo.
Así brillan hoy sus palabras en un preciosista paisaje azulino entre el Cielo y el Mar.
Creo encontrame entre la lista de su dedicatoria, o no...? al faltar la d, en mi nombre, no sé si soy yo; de todas formas, muchas gracias¡¡por acogerme con tanta bondad en su emotivo blog.
Me gustaría pasara por mis
www.toronjasdeluna.blogspot.com
casualmente en mi último post, también hablo de mis recuerdos de infancia.
Con mis abrazos de paz y amor.
Su amiga, Carmendy

LA CAJA DE ANBAIRO dijo...

Amigo Fernando:

Relato tierno y lleno de nostalgia de aquella niñez en que los recuerdos han venido como susurros y me he trasladado a aquellos años que sin ser mejores o peores que estos, los viví con felicidad, por que un niño siempre tiene derecho a ser feliz, sea del color que sea.

P.D.
Cuando puedas te pasas por mi Blog, tengo un regalo para ti.

Un abrazopoeta

Fernando dijo...

Amigo de la Caja de Anbairo, gracias por tu cariñoso comentario. ¡Qué tiempo tan feliz el de la infancia, ¿verdad? Un saludo muy cordial.

Nieves dijo...

Me encantó tu relato Fernando, es precioso y muy tierno, gracias por él y me alegro mucho de que ese puñetazo en la mesa ya se haya quedado atrás. Un abrazo muy fuerte,

Terly dijo...

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Comunicado a todos mis contactos:

COMUNICADO GRUPO POÉTICO "ZEROART"

http://extremeoencatalua.blogspot.com/

Fernando dijo...

Gracias, amiga Nieves, sí, ya me quedé tranquilo: ahora, a seguir trabajando para la gente que me gusta, que sois vosotros. Un abrazo.

Fernando dijo...

Carmendy, guapa, pues claro que eras tú y agradezco tu apoyo, por venir de esa tierra maravillosa, que me trae aromas tan familiares. Un abrazo muy fuerte.

tinta negra dijo...

grandioso texto mi mas sinceras felicitaciones!°


Saludos!°

Fernando dijo...

Gracias por tu comentario, amiga tinta negra, gracias por leerme, yo también seguiré tu obra de ahora en adelante, Un saludo muy cordial.