domingo, 28 de noviembre de 2010

Angeles y Santos.












Angeles y Santos.

Santos y Gabriel habían sido invitados por primera vez a la cena popular de hombres que se celebraba el día de la Virgen, como estaba establecido por la costumbre, en la plaza principal del pueblo. Durante varias horas, pasado el mediodía, las mujeres y niñas del pueblo prepararon mesas de madera a todo lo largo de la plaza, formando finalmente un enorme círculo. Sobre las mesas se dispusieron platos y cubiertos. En la rotonda de un parque lindante con la plaza, unos cocineros venidos expresamente para ello estaban preparando grandes paellas, adicionándose al arroz toda clase de condimentos, verduras, longanizas y embutidos típicos de la región del Guadarrama. A su lado, y dispuestos para asar carne, se había encendido carbón bajo unos soportes de rejas de hierro que servirían de parrillas para preparar el cordero asado del menú.

Estaba anocheciendo. La plaza fue totalmente iluminada por los faroles y en todas las mesas se encendieron velas situadas sobre platillos de cerámica. Sobre cada mesa se habían colocado botellas de vino tinto. Los hombres del pueblo fueron llegando y se fueron acomodando en las mesas.

- Vamos a sentarnos juntos – sugirió Gabriel.

La plaza, que estaba silenciosa mientras las mujeres hacían los preparativos, empezó a llenarse de ruido. Conversaciones en voz alta, risotadas, saludos. Los hombres decidieron sentarse con sus amigos y todos reían felices ante la perspectiva del banquete.

- Así debiera ser siempre – comentaba uno – los hombres juntos y servidos por las mujeres.

- Hoy vamos a tener una cena aún mejor que la del año pasado – decían varios.

Viendo la algarabía que se había organizado esperando que les sirviesen la cena, Gabriel recordó esos versos del poeta Baltasar de Alcázar:

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas de vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Y la fiesta comenzó. Las chicas del pueblo iban sirviendo unos platos de riquísima paella, y los hombres comían y bebían vino con una gran euforia. Hubo brindis anticipados por doquier y parecía que todos los convecinos estaban orgullosos de participar en la cena. Santos estaba feliz, admirado de que a sus quince años de edad le hubieran invitado a esta fiesta de hombres solos. La temperatura era templada para lo avanzado del año y el cielo se estaba cuajando de brillantes estrellas. La luna, muy blanca, posaba de perfil cerca de los montes, como queriendo participar de la fiesta sin que nadie se diera cuenta.

En la mesa que habían elegido para cenar Santos y Gabriel tenían como compañeros, entre varios otros, a dos militares jubilados, uno de ellos con el grado de coronel, ambos del arma de infantería, que les recibieron muy amigablemente e iniciaron con ellos una conversación sobre la Segunda Guerra Mundial. Gabriel sabía muchísimas cosas sobre esa guerra, pues durante años había jugado con los soldados de plomo elaborados por un amigo de su padre, que era un arquitecto muy germanófilo y había leído todas las revistas que tenía y que trataban sobre la misma. Como tenía muy buena memoria, recordaba los complejos apellidos de los generales alemanes, las batallas en las que habían participado y el desarrollo de esas batallas. Los militares quedaron asombrados de su erudición sobre este tema y le felicitaron efusivamente, brindando varias veces por él y recomendándole que siguiera la carrera militar.

Santos estaba silencioso, disfrutando de la conversación, pero no podía intervenir por su escaso conocimiento del tema. Gabriel, dándose cuenta, decidió empezar a charlar con él. En ese momento se acercó a ellos una chica de su misma edad, que se encargaba de servir el vino cuando veía que se acababa en las mesas. Era una joven muy atractiva, de melena larga de color castaño, ojos azules y un cutis muy blanco, Llevaba una blusa beis y unos pantalones del mismo color, pero más oscuros. Se había puesto un delantal blanco, ajustado a su cintura, lo que hacía resaltar su bella figura. Les sirvió vino, con una deliciosa sonrisa y charló unos breves momentos con Santos. Luego siguió su recorrido para atender a las demás mesas y se fue, como le dijo Juan Ramón a la flor:”con un vivo caer que es un morir, de dulzor, de ternura, de frescor”

- Es Ángeles, una amiga muy querida – comentó Santos – luego te contaré.

La cena siguió en pleno apogeo. A Gabriel le recordaba las escenas que pintaron los Brueghel, tipos clásicos del pueblo, guapas mujeres vestidas de fiesta, luces, colores, risas, vida bulliciosa, multitud. Le encantó ver reír a personas que siempre recordaba muy serias y fugaces. Allí estaban, quietos, permaneciendo en su sitio, rodeados por amigos y convecinos, disfrutando de una noche singular, el párroco don Julián, el alcalde, el secretario del ayuntamiento, el farmacéutico y, el más importante de todos, el señor Emilio, grande y bonachón, menos cuando le pedían una copa de Martini rojo en su bar: “en esta casa no hay nada rojo, gritaba enfurecido, aquí todo el vino que se sirve es tinto”

Una vez acabada la paella, y mientras llegaba los platos de cordero, Gabriel se decidió a preguntarle:

- Angeles es una joven muy bonita, Santos ¿la conoces mucho? – peguntó para iniciar la conversación.

Santos enrojeció un poco y le contó que la había conocido ese verano en la ribera del río, donde un grupo de jovencitas recogían flores. Había luego coincidido con ella varias veces en un bar del pueblo, donde solía acudir con las amigas. Y finalmente le confesó que un día pasearon juntos por el pinar y se besaron.

- Nada importante – susurró al oído de Gabriel – aunque es la primera vez que he besado a una chica.

Nada importante…pensó Gabriel, y recordó unos versos que él mismo había escrito unos días antes sobre el beso:

nuestro amor se produjo sólo en un instante,
cuando tu y yo cruzamos la línea de partida.

-Yo creo que nuestro primer beso es un momento muy importante de nuestra vida - dijo Gabriel - Quizás un beso sea el inicio de un amor eterno.

Santos se quedó pensativo durante un rato, Recordó efectivamente ese momento como algo importante, distinto, sobrecogedor. La emoción que sintió al besar a Angeles no la olvidaría nunca. La besó y quedó anonadado, invadido por un torrente de sensaciones nuevas, impensables, inusitadas. Recordó el frescor de su contacto, su deseo irrefrenable de entrega y sintió el temor de no intuir, de no saber.

- Pero Gabriel – dijo – no hay nada eterno. Tampoco el amor puede ser eterno.

- Santos, amigo mío, me estoy refiriendo al amor de los hombres, al amor que tú y yo podemos tener hacia los demás. Mira, yo creo que lo importante en la vida es crearse un plan, unos ideales, y seguir ese plan de vida. Si hay que convivir con una mujer, es importante que ese plan de vida sea conjunto y hacer lo posible para completar nuestra vida de acuerdo con él. Creo que deberías situar ese beso con Angeles en el centro de un plan de vida, si tú consideras que ella debe estar contigo para completar ese plan.

- De acuerdo, Gabriel, pero ¿qué tipo de plan de vida hay que establecer, en qué puede consistir ese plan?

- No soy yo quien puede definir ese plan, Santos. Pienso que lo correcto es que tú mismo realices tu plan, en función de la formación que has recibido y, sobre todo, de acuerdo con tu conciencia personal. Si Angeles y tú estáis enamorados, por muy jóvenes que os crean los demás, podéis prometeros un amor eterno, como yo escribí en un momento de reflexión personal “que sea la suma de vuestras esencias, no la absorción de uno por el otro, sino la mutua dilución, ella en ti, tú en ella, uniendo vuestras esencias en un todo irreversible y eterno” porque, como dijo el poeta Pedro Salinas, amor “es el hecho mágico, de que uno y uno sean dos”

Santos quedó en silencio reflexionando lo dicho por Gabriel. En ese momento llegaban los platos del asado de cordero, y creció el ruido de las conversaciones. Las mujeres iban y venían de una mesa a otra sirviendo los platos y recibían ovaciones, repitiéndose los brindis y las manifestaciones de alegría. Realmente era una gran fiesta. Gabriel buscó a Angeles con la mirada y después miró con ternura a Santos.

Allí arriba estaban, permanentes, las estrellas. La luna había dejado de estar de perfil y miraba más de frente, más blanca, más cercana, como queriendo integrarse en la fiesta y participar con su luz en la cena de los hombres del pueblo.












29 comentarios:

Ananda Nilayán dijo...

Querido Fernando,
Qué bien describes, me he sumergido en esa cena (como me descubran...)
Se desprende ternura de tus palabras.
Siempre hay profundidad en tus letras, van más allá de lo que en un primer momento, se lee.

Abrazos, grandes

Fernando dijo...

Ananda Nilayán, amiga, querida amiga, siempre me gustan tus comentarios, porque siempre buscas en mis relatos y poesías la profundidad. Un fuerte abrazo.

Carla Kowalski dijo...

Excelente Fernando la historia de Santos y Gabriel. Muy buenos los detalles, perfectamente contados, los versos que hay en la historia y las reflexiones.
la verdad fue un gran placer leerte!

Fernando dijo...

Gracias por tu comentario, Carla, esta cena de hombres se realizaba hace unos años con alegría de todos. Un cordial saludo.

Juanjo Almeda dijo...

Fernando, querido amigo, hay pocas cosas como una cena entre amigos, de esa forma que cuentas en tu nuevo relato poético sobre Gabriel y el Guadarrama. Ahí pienso que comas lo que comas y bebas lo que bebas todo, ha de sentar de maravilla sin ocasionar mucho daño a la salud, porque, son momentos, de buena euforia. Me ha llamado mucho la atención esta frase: "Le encantó ver reir a personas que siempre recordaba muy serias y fugaces"; lo ha hecho, porque es algo que he vivido en algunas ocasiones y, resulta muy sorprendente y gratificante a la vez (sobre todo cuando se es niño), este tipo de hecho, para mí.
Cuídate de la nieve y el frío, un abrazo.

Fernando dijo...

Gracias.Juanjo, amigo y poeta,creo que es muy importante fijarse un plan de vida y cumoplirlo. Es quizás la manera más segura de ser felices. Un abrazo.

Marcos Callau dijo...

Me ha encantado esas reflexiones que muestra Gabriel sobre el plan de vida, el amor, el primer beso sobre el que edificar una existencia. Todavía me estoy riendo con lo del Martini rojo que le piden a don Emilio. Excelente texto, Fernando. Un fuerte abrazo.

Jorge Torres Daudet dijo...

Cómo te (me) gustan los atardeceres- amaneceres de la sierra madrileña; y su cielo azul.
Un abrazo.

Fernando dijo...

Gracias Marco, amigo por tu comntario. Esta filosofía que he contado sobre el plan de vida ha sido siempre mi modo de pensar y he procurado educar en ella a mis hijos. Lo del vino tinto es una anécdota real. Un fuerta abrazo.

Fernando dijo...

Querido Jorge, ¿has visto algo más bello que los atardeceres de otoño en el Guadarrama? Un abrazo.

Jorge Encinas Martínez dijo...

Sabes, Fernando, meternos en medio de esa cena hasta el punto de hacernos sentir ambiente y cena. Y, de repente, nos enriqueces mucho más el relato con una hermosa reflexión sobre la vida de los hombres y el amor. Un relato magnífico.
Un abrazo

Fernando dijo...

Jorge, amigo, te gusta mi relato y, encima, te llamas encinas, como mis árboles favoritos ( lee mi poesía "Los encinares")Las reflexiones de Gabriel las hizo tan de repente, para no perder la ocasión de trasladar a Santos el buque capitán du su flota, para hacer sobrevivir al amor, sobre todas las cosas. Un fuerte abrazo,

LA CAJA DE ANBAIRO dijo...

Amigo Fernando:
Hermoso relato de unos adolescentes en su primera cena de hombres, donde con sapiencia reflejas la relación humana y bella de la convivencia existencial, usando versos convenientemente hilvanados para el momento oportuno del relato, el cual llenas de una filosofía por mí compartida, para la educación de nuestros hijos.
Recibe mi abrazopoeta amigo.- Antonio

Silvia Meishi dijo...

Hola Fernando:

Las palabras de Gabriel explicando a Santos cómo debemos hacer un plan de nuestra vida, me han encantado. Creo que es una opción maravillosa para seguir nuestros deseos y vivir como queremos.
Me ha parecido una narración fantástica, me he sumergido en la cena y me parecía estar allí.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

Antonio, gracias, amigo, por compartir estos ideales. El intercalar citas de poetas en mis relatos es, ciertamente, una creación, pero es costosa y difícil de hacer, porque hay que leer mucha poesía y retener ideas para poder intercalar textos. Un cordial saludo.

Fernando dijo...

Querida Silvia, estás invitada a la próxima cena de hombres pero, naturalmente tienes que servir la comida y recoger los platos... De todas maneras, como compartimos ideales, merece la pena comunicarnos aunque sea a distancia. Un fuerte abrazo.

Rafael Mulero Valenzuela dijo...

Querido amigo y poeta: siempre me dejas sorprendido con tu poesía y ahora, recientemente, tus relatos. Tienes una habilidad especial para conseguir que el lector participe en tu relato. Además haces algo novedoso para mí: intecalar la poesía en verso en tu prosa igualmente plena de poesía. Se ve que ella nunca te abandona. Gabriel, como arcángel, da prestigio al beso cuando dice "Quizás un beso sea el inicio de un amor eterno". Algunos hemos desprestigiado el beso cuando en él solo hemos buscado la aventura, la conquista, el placer. Muchas felicidades. Un abrazo

Fernando dijo...

Querido amigo y poeta Rafael. Agradezco mucho tu comentario, pero no te valdrá de nada para seguir siendo mi amigo si no empiezas a escribir poesía otra vez. Eres muy buen poeta, pero tienes una moral que es un desastre. Así que, hasta tu próxima poesía. Un abrazo.

IV Encuentro de Poesía en la Red dijo...

Hola, hay noticias en el blog del encuentro.
Un abrazo

Gustavo Figueroa V. dijo...

Estimado Fernando:

Su relato tiene la virtud de atraparme y situarme en el centro mismo de esa fiesta del pueblo, todo un acontecimiento para sibaritas y un justo y merecido homenaje a Baco (ya se que la fiesta no está dedicada a este dios de la mitología griega). Usted tiene una asombrosa capacidad descriptiva que me recuerda por momentos a Gabriel García Marquez. Con sus palabras dibuja un gran cuadro de un realismo fantástico que no nos cabe duda que en esa fiesta del pueblo bien ronda el amor, en sus diferentes manifestaciones, la placidez de un paisaje nocturno con una luna de un brillo argénteo y las viandas manteniendo, por todo lo alto, el goce del paladar. Y el vino, ah, el vino allí presente y servido por esa hermosas damas, como Angeles, por ejemplo, adquiere una calidad envidiable. La reflexión de Gabriel a Santos sobre un plan de vida es, por cierto ingeniosa. Tangencialmente queda expuesto el despertar del ser humano a ese sentimiento que se llama Amor.
Don Fernando, le dejo mi admiración y mi respeto.

Marina-Emer dijo...

gracias querido amigo por tus calidas y llenas de afecto a mi persona ...estas fechas son para mi tristes y ya se que para ti tambien ...pero es el corazón que se oprime y la caja queda grande y la pena y la nostalgia se sale fuera de orbita y las lagrimas ya co caben en las pupilas y también salen fuera ...yo quiero escribir hacerme valiente ante mis hijos pero lo estoy empezando a pasar mal...perdona .
un cordial abrazo con el alma
Marina

Fernando dijo...

Marina, preciosa, has sido fuerte hasta ahora y seguirás siéndolo de ahora en adelante. Lo pasado hay que recordarlo con emoción,pero sin depresión. Tienes mucha vida por delante y mucho que seguir enseñando a tus hijos. Un beso.

Fernando dijo...

Gustavo Figueroa, amigo y admirado poeta. Lo único que he intentado es reflejar una original fiesta del pueblo, en que los hombres eran servidos y respetados por las mujeres.(Sólo una vez al año, por supuesto). Pero los hombres somos así, nos enamoramos desde niños y somos presa del amor hacia ellas. No hay solución, pero no está del todo mal. Sigamos como siempre. Un fuerte abrazo.

Carmendy dijo...

Amigo Fernando:
siempre me quedo extasiada leyendo sus cosas, de verdad.Tiene ese don de acercamiento a lo sencillo, a lo sublime que nos impregna de una exquisita melancolía de las cosas algo ya lejanas y vividas desde lo profundo del corazón.
Un placer visitarle, amigo.
Le mando mi abrazo grande y sincero desde Extremadura.
Carmendy

Fernando dijo...

Gracias Carmendy, amiga extremeña, por tu simpático comentario. La verdad es que me gusta mucho la tierra en que vivo. Si viviera en Extremadura resaltaría otros colores, otros ambientes, otras plantas y árboles, diferentes pero tan queridos por mí. Un abrazo.

Ángeles Hernández dijo...

Antes de meterme en el relato quiero agradecerte los bellísimas pinturas de Brueghel con las que nos deleitas y que tuve ocasión de disfrutar en vivo hace un par de años en Viena.

Vuelvo tras la la lectura

Un abrazo Á.

Fernando dijo...

Gracias, Angeles. Estos cuadros siempre me han gustado muchísimo. Espero que te guste mi relato. Un saludo cordial.

Ángeles Hernández dijo...

Hermoso relato, particularmente acogido además de por las pinturas que ya comenté por el título que le has puesto:
Ángeles( así me llamo) y Santos (mi padre). También es casualidad con la cantidad de nombres que hay... ya ves, a una le emocionan estos pequeños detalles.

Estoy de acuerdo con Gabriel ( supongo que con Fernando) en su idea acerca del amor: amor universal, amor como forma de ver la vida y de estar en ella. Cuando es compartido, no es que sea mejor sino que existe un sumando más a añadir al resultado de la cuenta.
Si el amor de pareja es exclusivo y excluyente: mala cosa, habría que nombrarlo de otra manera.

Una pequeña discrepancia con esta frase:
"Así debiera ser siempre – comentaba uno – los hombres juntos y servidos por las mujeres".

"Non comment" porque el texto es una delicia que toca un poco todos los palos: costumbrista, poético, intimistas y con su moraleja.

Muchas gracias y un abrazo Ángeles.

Fernando dijo...

Gracia por tu comentario, Angeles, amiga. Ya es casualidad lo que me pasa con tus nombres. Menos mal que hablo bien de esos personajes. Lo del comentario ese de que los hombres deben ser servidos por las mujeres es, como tú muy bien lo defines, un tic costumbrista de pueblo, nada serio. Un cordial saludo.