viernes, 3 de diciembre de 2010

Los Robledos.

Monumento al guarda forestal.

Monasterio del Paular.




Los Robledos.


Gabriel sentía ocasionalmente la necesidad de encontrarse solo en medio de la naturaleza, andar por el campo de su tierra del Guadarrama, descubrir senderos inéditos, perderse en sus pinares, trepar por los caminos y vericuetos de sus montañas, escalar sus laderas y pisar sus rincones más escondidos.

Disfrutaba aspirando el embriagador aroma del tomillo, el romero y el espliego a pleno sol, el olor característico de la jara y la sabina en los sotobosques y el frescor de la menta y la yerba en los húmedos pastizales nacidos a los pies de los arroyos y ríos que descendían de las montañas.

Esa mañana se despertó a las ocho. Se encontraba en plenas vacaciones de verano y decidió ir a la montaña para pasar un día inmerso en esa fascinante y envolvente naturaleza. A esa hora tan temprana sólo en el bar del señor Emilio tenía la oportunidad de tomar el desayuno e incluso, si así lo deseaba, hacerse con unos espléndidos bocadillos de jamón y una botella de agua para llevar en su pequeña mochila de montañero. Tomó como desayuno un café y dos grandes rebanadas de pan tostado con aceite de oliva virgen y miel. Le encantaba ese pan de pueblo, con un sabor especial a masa de trigo tostada y el señor Emilio conocía el punto exacto de tueste que convertía el desayuno en un festín de aromas y sabores.

Tan feliz se sintió después de tan apetitoso desayuno que, recordando aquellos versos que escribió el poeta francés Charles Baudelaire en su ”musa enferma”, se dirigió a su amigo, el señor Emilio, diciéndole: aquí, amigo, en tu bar


“ reina el padre de los cantos, Febo y el grande Pan, señor de los trigales”.

Se despidió así de él, que le vio partir divertido y asombrado por ese arranque de extravagancia poética, fruto de lo contento que se sentía.

Satisfecha su hambre y decidido a pasar un día muy agradable, se puso la mochila, cogió el bastón y se dirigió hacia la carretera principal, en dirección a la montaña.

Después de caminar una hora por la carretera asfaltada, se adentró por unas dehesas de fresnos y encinas, sintiendo el frescor del aire que movía sus ramas, hasta llegar a una zona de sombras y humedades. Allí paró durante un rato, se sentó sobre un viejo tronco caído y bebió un largo trago de agua. El gorjeo de un pájaro entre las ramas de los fresnos, le recordó esos versos tan conocidos de Jorge Luis Borges, dirigidos a un poeta menor:


“en el éxtasis de un atardecer que no será una noche, oyes la voz del ruiseñor de Teócrito”.

Una vez descansado, reinició la marcha hasta llegar al poco rato al inicio de una pista forestal bien conocida, con ánimo de dirigirse hacia el vértice geodésico y disfrutar desde su monolito de las maravillosas vistas de esa parte interior del Guadarrama, los matorrales de alta montaña, los robles, pinares y fresnos, los sotos y las riberas de sus ríos. Qué distinto era este paisaje del granítico circo de La Pedriza, que solía también recorrer con frecuencia y refugiarse entre sus rocas para disfrutar del increíble silencio que allí encontraba.

Siguiendo la pista, se adentró en los pinares que cubrían densamente la ladera de la montaña. Vio el paso fugaz de una ardilla, que se escondía entre los pinos, asomándose a ratos para no perderle de vista, rodeando los troncos y trepando por sus ramas a una velocidad de vértigo. El suelo estaba lleno de pinochas que crujían bajo sus pisadas y le acompañaban con el sonido de sus chasquidos, dando noticias de su existencia. El olor de la resina y de los matorrales envolvía la atmósfera de un cálido y amigable ambiente. Gabriel utilizaba de cuando en cuando su bastón para evitar unos posibles traspiés en el caso de no detectar algún hoyo oculto por la pinocha, como le había sucedido alguna vez.

Unos cientos de metros más arriba, la pista desembocó en una gran pradera, en medio de la cual estaba el conocido monumento al guarda forestal, una roca erguida sobre la pradera y rodeada por un robledal. Este era el Mirador los Robledos, el más importante de la parte este de la sierra. Desde él podía verse el valle del Lozoya, sobrevolando el Monasterio del Paular y el pueblo de Rascafría.

Ligeramente cansado por la subida del último kilómetro, Gabriel decidió descansar un rato cerca del monumento al guarda forestal, antes de reiniciar la subida hasta el vértice geodésico. Se sentó en un banco de madera para disfrutar del paisaje con tranquilidad, depositó la mochila al lado de sus pies, estiró las piernas y respiró tranquilo, disponiéndose a disfrutar de ese momento de descanso.

Llevaba unos minutos descansando, casi adormecido por el bienestar que sentía, cuando de repente sintió un movimiento a su alrededor. Un perro pequeño, de pelo negro y raza parecida al setter, se acercó corriendo hacia él, con claras muestras de alegría, dando pequeños saltos. El pelo lo tenía muy rizado y limpio, y en su mirada había una clara evidencia de amistad. Gabriel le recibió alargando sus manos inmediatamente para acariciarlo y el perro se estrechó junto a él, dejándose acariciar.

- Se llama Thor, como el dios nórdico – dijo una voz de hombre a su espalda.

El hombre que así hablaba era mayor, casi un anciano. Iba muy abrigado para el tiempo que hacía. Llevaba una cazadora de piel, guantes, pantalones de pana gris, unas botas marrones de piel con suelo de clavos, una gorra da piel con orejeras, que apenas dejaba salir algún mechón de pelo blanco y una barba canosa y mal cuidada. Sus ojos eran muy oscuros y en sus cejas, hirsutas y todavía oscuras, se dibujaban algunas zonas de pelos canos y rizados que le daban quizás un aspecto de descuido y abandono.

- Me llamo Ernesto – dijo el recién llegado con voz grave y pausada.

- Yo me llamo Gabriel y vivo en un pueblo de esta comarca - se aventuró a decir con la voz más amistosa posible.

Se saludaron estrechándose la mano y se sentaron ambos sobre el mismo banco. Thor siguió remoloneando cerca de ellos, investigando huellas o rastros de otros perros o animalillos.

- Viene a disfrutar de esta magnífica vista, ¿verdad, Gabriel?

- Sí señor, y no es la primera vez – contestó Gabriel-. Vengo todos los años aquí. Es como una especie de imán que me atrae con fuerza y no puedo resistir su atractivo.

- Lo comprendo perfectamente, porque a mí me sucede lo mismo. Y yo vivo muy cerca de aquí – contestó Ernesto – en el Monasterio del Paular.

- ¿Es usted uno de los monjes benedictinos? - preguntó asombrado Gabriel.

- No hijo, yo trabajo como jardinero en el convento. Y no sólo me ocupo de la jardinería, sino que trabajo bastante en la limpieza de los exteriores. Por eso voy siempre vestido un poco abrigado, aún con buena temperatura ambiente. Yo ya tengo setenta y seis años, pero soy fuerte físicamente.

- Perdóneme, amigo Ernesto, pero del modo con que usted se expresa, deduzco que usted es algo más que un jardinero.

- No, amigo, sólo soy un jardinero. Los buenos benedictinos me alojan y cuidan y yo les correspondo con mi trabajo. No se asombre. La historia de mi vida es larga. En mis mejores épocas fui un buen estudiante de filosofía y hasta llegué a doctorarme en lenguas orientales. Me presenté hace unos años al abad del monasterio para solicitarle trabajar como jardinero, pero me rechazaron por muchos motivos, entre otros por mi edad. Sin embargo, tanto insistí, que me admitieron a trabajar, extraoficialmente, claro, y allí sigo, agradecido por su generosidad.

Gabriel se quedó mirándole fijamente a los ojos, sin entender nada. No podía creer que existiese esta situación. En un mundo tan oficialista y legal como el actual. Este momento le pareció asombroso. Lo había expresado mucho mejor Luis Cernuda en su poema “las ruinas”:


“todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa. Importa como eterno gozar de nuestro instante”

- Pero usted vive en el convento, por lo que usted participa en la vida conventual. ¿Asiste usted a los actos religiosos de la comunidad benedictina?

- En absoluto, Gabriel. Bueno, alguna vez he asistido a maitines. Tenga en cuenta que esta es una zona muy fría en invierno y los monjes me permiten unirme a ellos. Aprovecho la ocasión para comentarle que es asombrosa la vocación religiosa de estos hombres. Sólo así se puede comprender los esfuerzos a los que se someten y la fortaleza con que los soportan.

- ¿Entonces, no es usted religioso, Ernesto? – preguntó directamente Gabriel.

- Gabriel, ser religioso es aceptar unas creencias o dogmas, que generalmente se refieren a un ser divino. Este es un problema sobre el que he estado reflexionando toda mi vida. Ser religioso nos lleva a la aceptación de la existencia de Dios. Yo, por el momento, creo firmemente en los hombres. Y usted, Gabriel ¿cree en Dios?

- Hablando claramente, Ernesto, si creer es tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está demostrado o comprobado, me resisto a creer. Si creer es tener algo por verosímil o probable, puede que me esté aproximando. Si creer es sospechar algo, puede que esté aún más cerca de ese concepto divino. Por lo que respecta a creer firmemente en los hombres, como usted, pienso que los hombres debemos seguir trabajando por la perfección del universo, para lograrlo desde la evolución natural y que ese trabajo debe ser conjunto y recíproco. De todos modos, he reflexionado siempre sobre estos temas y tengo enormes dudas y una gran intranquilidad interior.

- Ha tocado el tema fundamental, Gabriel. Dicho en palabras de Teilhard de Chardin, tenemos que decidir entre la “unificación” o el hecho de que el universo se unifique por la simple agrupación de los elementos entre sí, naturalmente en una atmósfera estrictamente impersonal, o la “unión”, es decir que el universo se unifique bajo la influencia de algún “supremamente uno” ya existente, al que podríamos llamar Dios.

Guardaron silencio durante un buen rato. Gabriel recordó unas líneas de uno de los versos de San Juan de La Cruz:


“no diré lo que sentí, que me quedé no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”

Dos hombres juntos, sentados al pie del monumento al guarda forestal pensando sobre la posible existencia de un ser superior, mientras miraban el maravilloso paisaje que se abría ante ellos. Gabriel ofreció uno de sus dos bocadillos de jamón a Ernesto.

- Ernesto, yo venía con la idea de subir hasta el vértice geodésico, pero con esta conversación que hemos iniciado no quiero reemprender una ascensión tan fatigosa y dejar de hablar con usted de un problema tan interesante. ¿Le parece bien seguir reflexionando juntos sobre este tema?

- Naturalmente, Gabriel, me gusta la idea, sigamos. Yo tengo que reincorporarme al monasterio dentro de una hora. Teniendo en cuenta el tiempo de regreso, puedo dedicarme a esta reflexión durante media hora más.

El tiempo fue consumiéndose en una animada charla. Gabriel nunca hubiera sospechado que iba a tener un encuentro tan interesante. Acabaron despidiéndose con un abrazo y prometiendo Gabriel visitar a Ernesto en el monasterio para seguir esa honda reflexión compartida, que también, pensaba Gabriel, podría confundirse con una oración conjunta.

Al descender por la pista forestal, Gabriel percibió en los pinos una ligera neblina que se enroscaba alrededor de los troncos y las ramas. No sintió esta vez el ruido de sus pisadas sobre la pinocha ni apareció la ardilla que le espiaba durante la subida. Invadido por el silencio que le rodeaba le vino a la memoria aquel poema que escribió unos días antes:

"no hay razones, sólo fantasmas disueltos
en la neblina de tu historia,
que te han contado pero que no has vivido"

42 comentarios:

Carla Kowalski dijo...

Excelente! Maravilloso! Muy bien redactado Fernando!

Fernando dijo...

Gracias por tu comentario, Carla, amiga. Creo que he tocado un tema fundamental. Espero alguna vez resolver la duda, si me da tiempo. Un fuerte abrazo.

Jesús Arroyo dijo...

Fernando:
Siempre tocas mis recuerdos.

Fernando dijo...

Estupendo recordar, ¿verdad, Jesús? Un fuerte abrazo.

Marcos Callau dijo...

Estupendo Fernando. Por un momento me has recordado mis largos paseos por las sendas forestales del pirineo, donde también espían las ardillas. En estos paseos, únicos cada día, puedes encontrarte con personas de muy diversos oficios y semblantes pero el encuentro que Gabriel ha disfrutado hoy es estupendo. El paisaje invita a reflexionar sobre ese gran tema inagotable y, precisamente admirando ese paisaje, resulta difícil no creer que haya algo detrás de todo esa maravilla. Muy buen apunte el de los versos de Sann Juan de la cruz amigo. Un fuerte abrazo.

Fernando dijo...

Hola, Marcos, amigo. es cierto, las ardillas se esconden pero nos vigila. Son como la CIA. El tema principal, revestido de paisaje, se las trae. Todo lo que dice Gabriel lo suscribo, Por cierto, me sé el paisaje de memoria. He ido muchas veces al vértice geodésico. Claro que no me había encontrado todavía con Ernesto. Gracias por tu comentario y un fuerte abrazo.

Marisa dijo...

Siento yo una tremenda paz
leyendo tu entretenida charla,
al igual que cuando subo
con mi perra Leda o monte
Facho, se siente la naturaleza
y la energía proveniente de
nuestros ancestros, mientras
se divisan las islas Cíes a la
entrada de la ría deVigo.

Tu buen relato me hace
saborear buenos recuerdos.

Un abrazo muy fuerte.

Fernando dijo...

Pues ánimo, Marisa y escríbenos algo sobre esos parajes tan fantásticos de tu tierra. Me parece que eres magnánima y generosa cuando hablas de sentir paz leyendo las conversaciones de Gabriel y Ernesto. Hay tanta duda, tanta intranquilidad en los temas... Un cordial saludo.

Rafael Mulero Valenzuela dijo...

Querido Fernando: bueno, pues esto me va gustando más. Ya sabes de mis meditaciones silenciosas sobre la religión, sobre Dios, sobre la Iglesia; sobre mis intenciones no desveladas, más que a ti, de una carta secreta en preparación e interminable. Mi capacidad intelectiva me ha abocado a la fe del carbonero y así proclamo mi creencia en Dios. Creo porque tengo fe y así me basta para calmar mis temores, mis esperanzas, algunas ilusiones, mis dos “pequeñas” preocupaciones, y otras tantas aspiraciones; todas esas insignificantes cosas que me mantienen con vida.
En otro orden de cosas, en el literario, felicitarte nuevamente por la incorporación de la poesía al relato, buen método para descubrirnos o recordarnos a los poetas, esos hombres soñadores y algo idos en la belleza, en el jugueteo armónico con las palabras, yo les llamaría costureras de ideas y palabras.
Los relatos o las poesías que de alguna manera me hacen pensar son los preferidos a mi forma de ser, a mi concepción de la realidad del hombre, a la comunicación con los otros, aunque algunas veces ellos sean el infierno.
Podría continuar charlando contigo por este medio, pero por si me leen en tu magnífico blog y les canso y te desprestigio, esperaré la oportunidad que nos brinde el tiempo para continuar nuestra charla acompañados de un copa de buen vino malagueño.
Un abrazo

Fernando dijo...

Rafael, amigo y poeta. Me ha gustado mucho que empieces a explicarte con tus comentarios.Dices que tienes miedo a oerjudicarte con tus comentarios- Ja,ja,ja - La sección de comentarios está desinada a eso: a comentar. Me encanta la idea de poder discutir temas a través de nuestra escritura. Prefiero escribir a hablar en una tertulia, en la que suele ganar el más rápido. Admito las creencias de los demás. Yo, que no estoy nada seguro, expongo mis dudas y no oculto mi deseo de ver la luz, SDeguiremos charlando sobe este y otros temas. Un abrazo.

JUAN dijo...

La verdad, querido amigo Fernando, es que cada vez que me hallo admirando alguna de las bellezas de la naturaleza, me entran las dudas sobre el origen del Universo. ¡Está todo tan maravillosamente construido y organizado!
La descripción del paisaje me ha encantado. Gracias por compartir.
Un abrazo

Fernando dijo...

Juan, amigo. A todos nos pasa lo mismo, todos dudamos. Algunos lo ocutan. Un fuerte abrazo.

Ananda Nilayán dijo...

Siempre me gusta acompañar a Gabriel pues esos mismos lugares que he saboreado tantas veces... y los añoro con el corazón.
Tantas veces he recorrido la ruta de hoy, Fernando, que casi se me escapa una lágrima.
Y como conozco estos lugares, te aplaudo: descritos a la perfección.

Abrazos

Fernando dijo...

Querida amiga Ananda Nilayán Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Te metes en el tren de Huelva, dirección Torrelodones, y recorremos esos parajes. Podré enseñarte dónde y cómo vivieron los personajes de mis relatos del Guadarrama y pasaremos un tiempo maravilloso. Un fuerte abrazo.

Amando Carabias María dijo...

Esta serie de Gabriel (¿un alterego de tu juventud, quizá?, ¿quizá un heterónimo?), querido Fernando, cada vez me gusta más.
Como comenta Rafael, has escogido un modo original de recordarnos a algunos poetas.
Algo que me seduce de esta serie son los paseos que describes de una zona tan próxima a mí mismo, también en lo físico.
Pero sobre todo me gusta por el tema que inunda toda la serie, que no es otro que esta preocupación por lo espiritual o religioso o trascendente... Por lo que veo (aunque ya se sabía) es algo más común de lo que parece.
Algunas veces, como dice Rafael, uno se queda en la fe del carbonero y con eso va tirando, pero hay algo más.
Hoy los paisajes que traes me recuerdan (y por ello me emocionan) a un grandísimo amigo, sacerdote, con quien he compartido acaso muchos de los mejores momentos de la década de los noventa del siglo pasado.
Él pasaba buena parte de sus vacaciones estivales justamente en el Paular, entre los benedictinos.
Esto sé que sonará un poco fuerte, pero afirmo (y únelo, por favor a tu comentario en mi último poema publicado), que si todos los curas fueran como él, no habría lugar a la duda. En él y por él descubrí que la cuna predilecta de Dios es nuestro corazón. Quizá el misterio radique en conocer por qué semejante decisión, si tantas veces el corazón nos hiede.

Fernando dijo...

Querido y admirado Amando. Gracias por tu comentario sobre mi relato “Los robledos”. Es el noveno de los “Relatos del Guadarrama” que estoy escribiendo. Creo que tienes razón. En todos ellos trasciende espiritualidad y duda, pero mi intención es hablar del amor. Un amor genérico, trascendente, que abarca todo, pero que se refleja particularmente en esta tierra del Guadarrama, que yo he vivido desde niño con pasión. En estos parajes he encontrado personas muy especiales y he pasado momentos maravillosos hablando con la gente y recorriendo los pueblos y montes de la sierra. Lo que cuentas de tu amigo el sacerdote es una pura realidad. Hay mucha gente buena en todas las profesiones, pero cuando encuentras un sacerdote como el que me cuentas, no hay nada comparable. Buscando profundidad de pensamiento y respuesta a mis inquietudes he pasado jornadas estupendas en monasterios de benedictinos y, sobre todo, trapenses. Encontré algunos sacerdotes parecidos al tuyo, pero no tan cercanos como el que pudiste conocer. El tema de la existencia de un ser superior es apasionante. Me convenció mucho en su día Teilhard. Quizás, si Dios existe, esté dentro de nosotros, en lo que llamamos corazón, como tú dices y nosotros estemos dentro de Dios. Pienso que nosotros debemos amar y olvidarnos de todo lo demás. Veo que te ha gustado que intercale poesías en mis relatos. La verdad es que yo amo de verdad la poesía y esos versos que incluyo me vienen casi sin querer. Me ha gustado tu comentario. Es bueno de vez en cuando que los demás te lean con hondura y te lo comenten. Un fuerte abrazo.

Jorge Torres Daudet dijo...

Como siempre, Fernando, algo cala de tus relatos; ese Guillermo/Fernando es una persona, aparte de sus extensos conocimientos, su gran humanidad que extiende a los personajes que se "encuentra" en los bellos paisajes de nuestra cercana sierra.
Y ese poema: "No hay razones..." me ha chiflado; para enmarcarlo y ponerlo en el gran museo de la vida, para opinar y obrar con prudencia. Filosofía pura, Fernando.
Casualidad, tuve un gran perro, cazador, llamado Thor.
Un fuerte abrazo, querido amigo.

Fernando dijo...

Querido Jorge, amigo y poeta. Una vez más te pasas en tus elogios. Yo lo atriubuyo a que, como conoces muy bien esta tierra y la amas, te gustan mis relatos. Pues bien, tu comentario me anima, también una vez más, a trabajar sobre esta serie de "Relatos del Guadarrama". Por lo menos dejaré escrito algo de lo que es esta tierra, porque las generaciones futuras se preguntarán si había jaras y tomillos, y pinos y fresnos y encinas. Todo estará lleno de carreteras de asfalto y urbanizaciones. Un abrazo.

Juanjo Almeda dijo...

Hola Fernando:
Estoy cogiendo un cierto cariño a estos relatos, que leo de forma acogedora, donde describes parte de una vida, y otras vidas, y acompañados de la poesía. Un abrazo.

Fernando dijo...

Juanjo, amiggo y poeta. Como tú seguramenre tienes muchas cosas que contar, me gustaría que tú
también escribieses alguno. Un fuerte abrazo,

Marina-Emer dijo...

mi querido amigo Fernando...gracias por tus cariñosisimas palabras al amor de mis vesos...si supieras lo amada que he sido en mi matrimonio...sea por que me doblaba la edad sea por que el amor es asi siempre ,pero yo ahora lo disfruto y hasta riñendo con mis versos pero al menos rozo al amor.
TE DESEO YO TAMBIÉN LO PASES LO MEJOR POSIBLE YO NO HE PUESTO ni un señal Navideño ya lo hice el año pasado que el falta...pongo el niño aJesus en su cunita y MariaY José...y ya esta uf no puedo seguir Fernando me falta todo ...el amor y los abrazos del hombre ...es tan hermoso el amor
UN BESO
te quiero y cuidate.
Marina

Fernando dijo...

Querida Marina, te deseo una vez más que pases unas navidades muy felices, rodeada de todos los tuyos. Un beso.

Belkis dijo...

No hay nada mejor que adentrarse en la reflexión al contacto de la naturaleza. Buscar la esencia de nuestro ser, del creer, del por y para qué requiere tiempo y concentración, pero cuando la luz nos deslumbra empezamos a percibir nuestra verdad, el placer se deja sentir y empezamos a vivir.
Muy bueno Fernando.
Te dejo un saludo

Fernando dijo...

Gracias por tu comentario, Belkis, tienes razón. Reflexionando se llega a un cierto punto de claridad. Depende, claro es , de la formación personal. Un saludo cordial.

Ángeles Hernández dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ángeles Hernández dijo...

(1)
Y Gabriel continúa su periplo por la tierra del Guadarrama, mientras nos cuenta con el corazón, el paisaje que ve con los ojos y nos deja con la miel en los labios a los que no conocemos "El Paular" (hay que ir, es imprescindible).

De manera metaliteraria y con esa memoria excelsa que te otorga tanta poesia leída, nos regalas a Borges, Baudelaire, Cernuda o a ti mismo y de nuevo la miel en los labios.

Pero hoy haces ir a Gabriel más allá: con el recurso de encuentro con ese jardinero tan particular (estoy segura de que el personaje encierra metáforas imortantes, no te conozco lo suficiente para arriesgar), se plantee el tema más profundo, más pensado y más discutido de todos los tiempos: El sempiterno ¿quiénes somos,de dónde venimos y a dónde vamos?.

La conversación es muy buena, me quedo con los conceptos de "unificación"/"unión" y de la unión
mística en los tres versos de S. Juan de la Cruz:

“no diré lo que sentí, que me quedé no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”.

....../.....

Ángeles Hernández dijo...

(2)
¿Será eso lo que nos dará la respuesta?, no saber, transcender la ciencia, sentir, intuir.
Según parece Gabriel empieza a ver cierta luz:
"no hay razones, solo fantasmas disueltos
en la neblina de tu historia,
que te han contado pero que no has vivido".
*********************************

Disculpa Fernando el retraso, pero necesitaba tiempo y concentración para comentar con calma todo lo que quería decirte. Al fin algunas cosas han quedado fuera pero, no voy a hacer un comentario más largo que la entrada.

Gracias Y un abrazo Á.

PS: me encantan los poemas que "enteveras" en el viaje. Hace unos meses hice algo parecido relatando también un viaje, pero me límité a un sólo poema de un único autor. Ya me gustaría conocer tanto y tan bien : Bueno, estoy a tiempo.

Ángeles Hernández dijo...

NO CONVIENE PERDERSE LOS COMENTARIOS Y LAS RESPUESTAS:

" Quizás, si Dios existe, esté dentro de nosotros, en lo que llamamos corazón, como tú dices y nosotros estemos dentro de Dios. Pienso que nosotros debemos amar y olvidarnos de todo lo demás. Veo que te ha gustado que intercale poesías en mis relatos. La verdad es que yo amo de verdad la poesía y esos versos que incluyo me vienen casi sin querer"

PERFECTOP COMPLEMENTO A TU ENTRADA Y A MIS INQUIETUDES.

Otro abrazo y ya n más por hoy Á

Fernando dijo...

Angeles, amiga, no sabes cuánto agradezco tu comentario sobre el relato "Los robledos". Has analizado con profundidad su contenido y has empleado tiempo de tu sueño para hacerlo. Realmente me abochornas con tus gentiles conclusiones. Al mismo tiempo, vero que te animas a seguir la senda de recordar el pensamiento de nuestros poetas. Realmente hay pocas cosas tan bellas, así que te animo a hacerlo. El tema del ser superior es complicado. Realmente sólo se puede hacer lo que hizo Cristóbal Colón, romper la cáscara del huevo para tomar una decisión y creer que así se soluciona el problema. Yo prefiero envolver el problema con amor y esperar tranquilo. Si hay un ser superior, él proveerá. Si no, de todo se encargará la naturaleza. Espero de ti que no te canses de enviarme tus comentarios, que estimo de gran valor y me sirven de muchísima ayuda. Un abrazo muy fuerte.

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Fernando por tu respuesta. Me gust comentar ,lo que me gusta y en ello me implico y no me canso (pregunta a amando o a Mercedes por ej.).
Así es que ahora que te he descubierto por aquí me tendrás, dm, por supuesto.

Un abrazo Á.

Carmendy dijo...

"El sabio duda y el nécio afirma", cuánta verdad en estos viejos pensamientos, verdad amigo...
Y, quién no tiene dudas ante los infinitos contratiempos del ser y estar...ante el no saber cierto de dónde venimos y a dónde vamos...?
Amigo Fernando, me uno a esa aspiración suya de encontrar la luz a nuestros dilemas, algún día.
Gracias mil¡¡ por su visita a mi balcón de las toronjas.
Abrazos de su amiga andaluza-extremeña, Carmendy

Carmendy dijo...

PD: El relato es magnífico¡¡
Soy una enamorada plena del campo y he disfrutado mucho este precioso relato.
Otro besito. Carmendy

Fernando dijo...

Carmnedy, amiga y poeta, gracias por tus comentarios sobre este relato. Habrá que profundizar más sobre los temas tratados en él. Un fuerte abrazo.

Marisa dijo...

Mi querido Fernando ya escribí
hace algún tiempo sobre los
estupendos momentos de los
que te hablo,si te interesa
te invito a pasar por la entrada
del 24 de junio de 2.009
titulado:Un instante .

Te dejo el enlace.

http://xanelaliteraria.blogspot.com/2009/06/un-instante.html

Espero que te gusten las fotos
que saqué ese día.

Moitos biquiños.

Fernando dijo...

Marisa, gracias por avisarme. ¡Vaya paisajes tan maravillosos! Aquí no tenemos mar. Tendré que vover a esos viajes que hice en varias ocasiones con unos amigos míos que están enanorados de vuestra tierra. Hoy precisamente he estado viendo en la televisión de Intereconomía al presidente de Galicia, Me parecéis un pueblo tan fenomenal que soy un enamorado de vosotros. Celso Emilio Ferreiro es uno de mis poetas favoritos, Mi novela preferida "Crónicas de un sochantre" de Alvaro Cunqueiro, ¿Leíste mi poema "Campesiños felices" traducido al gallego.? En cianto pueda me voy a tus montes a ponerme ciego del paisaje y beber albairiño a litros. Un beso, Marisa y gracias por el regalo que me has hecho. Fernando Jiménez-Ontiveros

Marisa dijo...

SPIRITUAL

Cicais mañá
cando a miña mirada
non abrolle na luz
como cativa mapoula de auga,
veña a soedade.
Pero hoxe canto en libertá
e mentras canto
non estou isolado,
que o corazón vai comigo
e con il falo.
Beberei a paisaxe
nun amencer de lirios.
As campanas do mar
nos ventos fuxidíos.
Cada intre un paxaro,
cada pulso un latexo.
Unha espada de chuvia
cortando a frol do vento.
Nin as olladas torvas,
nin os beizos esquivos,
nin as voces nemigas
nin os homes cativos.
Vivirei coma o lume
alcendido na noite.
Terei cumios de estrelas,
cantarei para os homes.
Estou comigo mesmo.
O corazón é quen manda,
i eu obedezo.

(Caracas, xaneiro 1967)

También Celso Emilio Ferreiro
es uno de mis poetas preferidos,
te envío uno de sus poemas,
con su sentir me identifico.

Un abrazo muy grande

Recomenzar dijo...

Te encontré e mi sendero, me gustaron tus palabras me deleité mientras te leo...
Abrazos vuelan

Elvira Daudet dijo...

Querido y admirado Fernando:

Propongo a las autoridades competentes que te nombren Señor del Guadarrama, ese paisaje que tanto amas, y que con tus excelentes textos -sazonados con los más grandes poetas- nos estás haciendo
amar a tus amigos.

Te deseo la mayor felicidad, junto a los tuyos, en estos días navideños y en todos los por venir. Un gran abrazo. Elvira

Fernando dijo...

Querida y admirada Elvira Daudet, gracias por tu cariñoso comentario. Como me parece que ya dije en otra ocasión este comentario me ayuda muchísimo para seguir escribiendo mis relatos del Guadarrama, tierra que efectivamente, quiero y admiro. Gracias otra vez y un fuerte abrazo.

Fernando dijo...

Querida Marisa. A veces me siento muy identificado con Celso Emilio Ferreiro, al darme cuenta de que nos circundan los "enanos" aquí también en el Guadarrama. Estamos rodeados de miradas torvas, labios esquivos, voces enemigas y hombres miserables. Algo así quise decir en mi "antipoema", que escribí al darme cuenta de su existencia,tratar de "emigrar" de esta basura, como hizo Celso, é romper co "exilio ibnterior". Un abrazo muy fuerte, querida Marisa.

Rayuela dijo...

me gusta mucho tu Gabriel...duda, indaga,busca en su interior y en el exterior, y está abierto a las opiniones ajenas.
y me gusta como escribís a tu Gabriel, desgranando-hilvanando cita tras cita,intertextuando.
en cuanto al tema de la religiosidad...estoy más cercana al pensamiento de Ernesto.

y, como Gabriel escribe poesía, Lila lo leyó y recordó que, no hace mucho, en una estación de tren la esperaban ciertos fantasmas...
tal vez me esperaron por más de diez años,no sé qué haré con ellos

un abrazo*

Fernando dijo...

Querida Rayuela, tus comentarios son siempre constructivos e inteligentes. No pares de leer mi trabajo y sigue comentándolo. Muy profundo el pensamiento de Lila, quizás un poco descorazonador, siempre a la espera...Ernesto es también un buscador, un pensador inteligente, como tú. Un abrazo cordialo.