viernes, 23 de abril de 2010

Sonetos y pintura.

Interior al aire libre de Ramón Casas.
El tándem de Ramón Casas.

Su singular pasión por la pintura,
la armonía total de sus colores,
su interiorización, sus exteriores,
el dominio de la caricatura

resaltan y confirman su figura
como el líder genial de los pintores
de una generación en los albores
de una clara pasión por la aventura.

Señor de tertulias y pinceles,
discutidor moderno de teorías,
esclarecido autor del arte nuevo,

quisiera ser contado entre tus fieles
y recordarte siempre en mis poesías,
para ser en el tándem tu relevo.



El arte por el arte de Santiago Rusiñol.
Hablar de Rusiñol y su figura
es hablar de su amor por la belleza,
su afán de sencillez, no de grandeza,
y su interés por la literatura,

del Cau Ferrat, taller de su pintura,
de sus lienzos, exentos de tristeza,
y de su fértil obra y su destreza
en el diseño de la imagen pura.

Dels Quatre Gats, donde sus tertulianos,
hablando de la vida y la morfina
llegaron al final a formar parte

de círculos sociales y mundanos
para aplicar su propia medicina,
la receta del arte por el arte.


Blanche pintando en el jardín.

Prodigiosa ninfea florecida
en un jardín de sueños y creen
cias,
regalo de virtudes y de esencias
al servicio de un alma envejecida.

Evangélica Marta fuiste en vida,
sosegada, feliz, sin estridencias,
ejemplo de filiales confidencias,
milagro de Lucila renacida.

Si yo fuese pintor te adornaría
el cabello con flores de ninfeas
te pondría collares de colores

y en la piel de tu rostro pintaría
el color de la vida que recreas.
trenzando lo mejor de mis amores

A un cuadro del pintor Oscar Claude Monet

El frigorífico.

La Gran Vía de Madrid

El realismo de Antonio López García.
Sus posibilidades personales
son el límite actual de su pintura,
no hay nada que se escape a la hermosura
de sus lienzos sencillos y reales,

la percepción cercana, los detalles,
el logro de la luz y la figura,
su esquematización, su arquitectura,
copia integral de casas y de calles.

Todo parece fácil y cercano
al salir del pincel esclarecido
por su visión certera y su agudeza,

nada se escapa de su fértil mano,
todo es paisaje puro concebido
en las horas de máxima belleza.


Charlie el kiosquero.

Superlativa, máxima belleza
la que trazaste a lápiz, sin colores,
maestro de borrachos y pintores,
después de atiborrarte de cerveza.

No sólo es embebida tu destreza
en el pulso febril de tus temblores,
es que supera en grado a los licores
tu forma de pintar y tu certeza.

Viviste los delirios plenamente
del vino y del color con tu pintura,
un éxtasis de sueños inmortales,

mas no pudiste controlar tu mente
que transfirió a tu mano la hermosura
de tus modelos vivos y mortales.


A un dibujo del pintor Víctor García Tapia.
La lavandera.
¿Es del anochecer o de la aurora
esa luz que dibuja tu postura
y perfila la grácil compostura
que envuelve tu figura y enamora?.

Una mirada honda, soñadora,
plena de reflexión y de hermosura,
la máxima expresión de la pintura
en tu mano que sobre el plinto aflora.

La vida existe fuera de tu entorno
y puede que haya un sitio que te espera
para acoger tu sueño y tu esperanza

el lienzo hará posible tu retorno
desde tu realidad de lavandera.
hasta el espacio que tu anhelo alcanza

Al cuadro “La lavandera”.
Henry de Toulouse Lautrec.


Licor de ciruela.

No dejes que despierte de su ensueño
mi lánguida mirada atormentada,
perdida en lo profundo de la nada,
luz cenital de mis ojos sin dueño.

Quizás la suavidad de tu diseño
oculte la tristeza acumulada
del alma que se esconde en la fachada
de la dulce figura que yo enseño.

No comparto mi brandy con ciruela,
aislada en el café de las tertulias;
A nadie le interesa mi presencia,


yo no soy parte de ninguna escuela.
estoy sola y guardo mis angustias
en el triste desván de mi existencia



A un cuadro del pintor Edouard Manet.


Perfil de una mujer.
Un vaivén tentador, alucinante,
un paso leve, gentil, delicado,
la fragancia de un cuerpo imaginado
por un pintor de mente delirante.

Hermosa, grácil, diosa enajenante,
tu cuerpo graciosamente dibujado
escapa fugazmente de mi lado
sin definir apenas su semblante.

Maniquí de pintores de bohemia,
cómplice de ternuras y de besos,
modelo de las noches y alboradas,

quiero salvar la prisa que te apremia,
hacedora de sueños y embelesos
y presa mantenerte en mis almohadas.


Al cuadro “Perfil de mujer”, de Henry de Toulouse Lautrec.

martes, 20 de abril de 2010

Torrelodones pueblo de poetas.




Torrelodones pueblo de poetas.

El día 19 de abril se presentó el libro "Torrelodones pueblo de poetas" en el teatro de la Casa de Cultura de Torrelodones. En el acto declamaron poesías los catorce poetas intervinientes en el libro. La organización fué muy buena, con las intervenciones del alcalde, D.Carlos Galbeño, el presidente del Ateneo, D .Francisco Aguado y la poetisa Laura Victoria Valencia, miembro fundador del Centro Panafricano Kituo Cha de España y principal propulsora de la idea del libro junto con Víctor Oliveras. Los poetas, cuyos poemas figuran en el libro son:

Alberto Alonso
Alejandro Casado
Antonio Tormo
Antonella Pinto
Celia Aguadero
Enrique Muñoz
Fernando Jiménez-Ontiveros
Javier García del Santo
Juan Van-Halen
Laura Victoria Valencia
María Luisa Turell
Nélida Casado
Rafael María Mulero
Tinidad Muñoz



El alcalde de Torrelodones, D. Carlos Galbeño.



El Presidente de honor del Ateneo de Torrelodones, D, Francisco Aguado.





Saludando al público.






Laura Victoria, Juan Van-Halen, y Fernando Jiménez-Ontiveros.





Este viejo poeta leyendo su poema "La venturosa nueva alianza".





Respondiendo a los aplausos del numeroso público.

El poema leído fué el siguiente:

La venturosa nueva alianza.

Dudo si aceptar plenamente
el paradigma de mi vida
o adentrarme en la nueva escala de valores
que comienzo a descubrir
en esta ascensión al universo de la poesía.

Puede que, todo lo que no es poesía,
sea irrealidad, como piensa Celso.
¿Habré sobrepasado ya un cierto límite
en la interpretación de la realidad?

¡Quiero llegar al universo de la poesía,
Integrarme en él,
liberarme del mundo intransigente que me aprisiona
y me impide el acceso a la creación poética!

Quiero compartir esa llamarada interna
que viene del cielo o de lo profundo de la tierra,
ese arrebato de locura, esa ensoñación,
esa suelta de palomas mensajeras
que derraman las buenas noticias del espíritu sobre nosotros,
y crear entonces, sólo entonces,
una plena y venturosa nueva alianza con los poetas.

Juan Ramón, Miguel, Antonio, Rafael,
recitásteis vuestros poemas hablando con el pueblo,
dejando a los sabios sepultar su lenguaje
en las desvencijadas estanterías de la Academia,

Sé que es difícil, pero yo quiero palpar vuestra poesía,
embriagarme con el licor de vuestras intuiciones,
absorber vuestros pensamientos,
deleitarme con la musicalidad de vuestra palabra,

¡Ah, si yo pudiera reencarnarme en Virgilio,
pastorear las palabras como Teócrito,
viajar al destierro con Ovidio,
siempre callado, para oír su respiración,
partir del mundo que me rodea
para encontrar la paz de su pensamiento poético
y fundirme en la abrasadora conciencia
de su clara, incontestable, categórica humanidad!

Al fin he podido encontrar la palabra de los que,
al estar yo dormido,
nadie me pronunció en mis atardeceres,
ni en mis madrugadas, ni en mis noches de silencio,
mientras los árboles crecían sin yo darme cuenta.

Una nueva alianza nació por mi investigación personal,
por mi encuentro afortunado
con una invasión de ideas y de palabras,
un compartir lo poético en mis horas solitarias,
en entrañable unión con los mejores,

El tiempo me fue sosegando lentamente
ayudado por Jorge Manrique, informado por Lucanor,
absuelto por Juan de La Cruz ,
empujado a lo alto por Teresa,
para acabar entendiendo que lo sublime es lo sencillo,
que muchas veces las palabras sobran,
y lo importante es traspasar la línea sutil del pensamiento,
ascendiendo a la entraña de la poesía,
en venturosa alianza con sus creadores.








_____________________________________




sábado, 17 de abril de 2010

El café de las sorpresas.




El café de las sorpresas.



Aquí fue donde el conde Lucanor
pidió consejo a su asesor Patronio
para formalizar mi matrimonio
con los libros, el arte y el amor;

aquí, en el café de las sorpresas
con la enseñanza maternal de Gloria,
madrina y profesora en mi memoria,
sobre el mármol grisáceo de sus mesas.

Unos dulces, un chocolate espeso,
una leche templada y, en seguida,
la tarde más feliz y divertida
de un niño madurado ya en exceso.

El Conde Lucanor sólo fue inicio
de la lectura lenta y asombrosa
de una literatura prodigiosa,
su página inicial, su frontispicio.





lunes, 12 de abril de 2010

XV.La venturosa Nueva Alianza. (Erfreute Zeit im neuen Bunde)

(Erfreute Zeit im neuen Bunde)

Kantata BWV 83 J.S.BACH


La venturosa nueva alianza.

Dudo si aceptar plenamente
el paradigma de mi vida
o adentrarme en la nueva escala de valores
que comienzo a descubrir
en esta ascensión al universo de la poesía.

Puede que, todo lo que no es poesía,
sea irrealidad, como piensa Celso.
¿Habré sobrepasado ya un cierto límite
en la interpretación de la realidad?

¡Quiero llegar al universo de la poesía,
integrarme en él,
liberarme del mundo intransigente que me aprisiona
y me impide el acceso a la creación poética!

Quiero compartir esa llamarada interna
que viene del cielo o de lo profundo de la tierra,
ese arrebato de locura, esa ensoñación,
esa suelta de palomas mensajeras
que derraman las buenas noticias del espíritu sobre nosotros,
y crear entonces, sólo entonces,
una plena y venturosa nueva alianza con los poetas.

Juan Ramón, Miguel, Antonio, Rafael,
recitásteis vuestros poemas hablando con el pueblo,
dejando a los sabios sepultar su lenguaje
en las desvencijadas estanterías de la Academia,

Sé que es difícil, pero yo quiero palpar vuestra poesía,
embriagarme con el licor de vuestras intuiciones,
absorber vuestros pensamientos,
deleitarme con la musicalidad de vuestra palabra.

¡Ah, si yo pudiera reencarnarme en Virgilio,
pastorear las palabras como Teócrito,
viajar al destierro con Ovidio,
siempre callado, para oír su respiración,
partir del mundo que me rodea,
la paz de su pensamiento poético
y fundirme en la abrasadora conciencia
de su clara, incontestable, categórica humanidad!

Al fin he podido encontrar la palabra de los que,
al estar yo dormido,
nadie me pronunció en mis atardeceres,
ni en mis madrugadas, ni en mis noches de silencio,
mientras los árboles crecían sin yo darme cuenta.

Una nueva alianza nació por mi investigación personal,
por mi encuentro afortunado
con una invasión de ideas y de palabras,
un compartir lo poético en mis horas solitarias,
en entrañable unión con los mejores.

El tiempo me fue sosegando lentamente,
ayudado por Jorge Manrique, informado por Lucanor,
absuelto por Juan de La Cruz ,
empujado a lo alto por Teresa,
para acabar entendiendo que lo sublime es lo sencillo,
que muchas veces las palabras sobran,
y lo importante es traspasar la línea sutil del pensamiento,
ascendiendo a la entraña de la poesía,
en venturosa alianza con sus creadores.




Los jazmines de mi infancia.



Los jazmines de mi infancia

Hoy he plantado en mi jardín
jazmines, tomillos y albahacas
revolviendo la tierra y las semillas
con mis manos limpias,
mezclando materia y sueños,
en un renovado intento
de revestir mi vida
con nuevos aromas y colores.

¿Vendrá la lluvia de la primavera
a transfundir de nuevo
con sus gotas menudas y leves
el aliento vital de su presencia?

Yo deseo que oler las plantas
de jazmines, tomillo y albahaca,
sembradas por mis manos limpias,
despierten mis ensueños
y los intensos, evocadores,
recuerdos personales de mi infancia
.



jueves, 8 de abril de 2010

Esencia y amor.


Esencia y amor

¿Eres tú parte de mi esencia,
o me absorbes,
insertándome en la tuya,
apagando mis intuiciones,
bloqueando mi razón,
haciéndome tuyo?

Me encuentras,
me diluyes en ti,
quiebras mi estructura,
me impregnas de ti,
yo sintiendo, sufriendo,
anhelando,
y tú, quizás amando.

La suma de nuestras esencias
constituirá el amor eterno
que siempre soñamos,
no la absorción,
sino la mutua dilución,
tú en mí, yo en ti,
uniendo nuestras esencias
en un todo irreversible
y eterno.


Adentrarse en el bosque. (Búsqueda de la verdad)



Adentrarse en el bosque

Caminar y caminar
sin un proyecto,
no ver nunca la luz,
esquivar las sombras,
mientras los árboles te miran,
inánimes;
quizás un débil temblor,
un estremecimiento,
algún sonido,
pero siempre la soledad
y el silencio.

lunes, 5 de abril de 2010

Mi última noche en la plana.



Mi última noche en la plana.


La última noche.La oscuridad resbala
por las laderas de los montes,
derramándose lentamente
sobre la superficie de la plana,
apagando los latidos de la tierra caliente,
destapando los ruidos de la noche
bajo la mirada cómplice de las estrellas
que van surgiendo, simultáneas y brillantes,
en los espacios infinitos
y la plana queda invadida por la oscuridad.


¿ Cómo somos capaces de entregar
nuestros muertos a esta tierra antropófaga,
devoradora de encarnaduras,
deshacedora de huesos,
vestida de negro por la oscuridad de la noche,
noche negra que nos produce angustia y miedo?.


Los niños son enterrados en cajitas blancas,
devueltos al seno de la tierra
y allí quedan solos, sin besos ni caricias,
penetrados por el frío de la noche,
sin mimos, ni juegos, ni calor, ni vida.


Yo no quiero a esta noche negra y fría;
quiero a la noche de las caricias y los susurros,
de las meditaciones, de la lectura a media luz
y las confidencias en voz baja.
Quiero la noche para contar historias a los niños,
cerca de la lumbre de la chimenea,
mirar la luna a través de las ventanas,
contar sílabas rememorando sensaciones
y soñar con la llegada de un nuevo día
de luz y de esperanza.


¿Es ésta la noche de los poetas,
la siempre cantada noche clara y misteriosa,
cómplice de amores eternos a la luz de la luna ?
¿ Es ésta la noche de las rondas,
de las juergas tabernarias,
de los desafíos, de los amantes furtivos?
No; ésta es la noche de la despedida,
del desasimiento, de la profunda tristeza,
la última noche de encuentro con la ola blanca,
con los pinos verdes, con los naranjos,
con los hombres de la plana.


Adiós a tus vientos, colores y sonidos,
a las fuentes dulces de tus playas;
mañana, sobrevolando la inmensidad de la plana
y la lejanía del tiempo y la distancia,
permanecerán en ti, para siempre,mi alma y mi palabra.

martes, 30 de marzo de 2010

Cuando cierro mis ojos.



Cuando cierro mis ojos.


Cuando cierro mis ojos me libero al momento
de todo lo que inunda y aturde mis sentidos
y me quedo yo solo, sin sentir lo que siento
con el ruido de fondo de mis propios latidos.

Me permite el silencio que yo mismo he creado
reconstruir los hechos que han marcado mi vida
rememorar despacio las cosas del pasado
y dibujar de nuevo mi línea de partida.

Recorreré la senda que me brinde el destino,
porque quiero olvidarme de mi pasada etapa
sin quejas ni argumentos, descubriendo el camino
de la verdad sencilla que la razón destapa.

He de buscar la suerte de los hombres valientes,
de aquellos que vacilan pero jamàs se esconden,
que se enfrentan audaces a los inconvenientes,
y nunca hacen preguntas pero siempre responden.

Cuando llegue el momento de hacer frente a la duda
pensaré en el silencio de mis ojos cerrados
si tengo que hacer caso a la verdad desnuda
o asumir por entero los errores pasados.

Sólo habrá una respuesta que tenga consistencia,
que resuelva la duda, que me traiga mudanza,
aquella que refleje la voz de mi conciencia
y en mis ojos cerrados aliente la esperanza.

domingo, 28 de marzo de 2010

A Frederic Mompou.



Cançó i dansa nº 6


Me encuentro tocando, Frederic
tu danza pausada, lenta,
apenas un débil latido del corazón;
son mis dedos los que tiemblan
al no poder medir tu emoción interna
en notas arrancadas de lo profundo de ti,
sonar de tu íntimo campanario,
expresión de tu contención y reserva.
A veces una nota leve, tímida
que parece diluirse, solitaria,
entre los acordes medidos
de tu caudal de pretérita emoción.
Y luego la danza otra vez,
unas pocas notas,
otra vez el repique triste de campanas,
como expresión del drama de la vida,
un tañido humilde de tu juventud,
apenas perceptible
y una nota grave, aislada, espléndida,
cerrando tu danza final.



Homenaje a Frederic Mompou


miércoles, 24 de marzo de 2010

XIII.- Antonio Machado.

Alamedas del Duero.


En mis manos sostengo la lectura,

para que nunca pueda abandonarme

la pasión por el arte y la cultura,



pues si es preciso habré de condenarme

por haber intentado leerlo todo

y entre un montón de libros sepultarme;


no concibo encontrar distinto modo

de alegrar el sentido de mi vida,

que andar leyendo, desbrozando el lodo



para lavar la imagen sustraída

del más leal cantor del pueblo llano,

pura esencia en el aire diluida.






Antonio Machado en sus últimos años.


Escuchándole, Gloria, de tu mano

todavía recuerdo la emoción

de conocer a Antonio, tan cercano,


distante del fulgor de Juan Ramón

mas tan profundo, delicado y tierno

que nunca olvidaré la sensación


que me produjo aquel lejano invierno

su profunda canción al olmo herido

leída con tu aquel tono materno.


Mas ya no soy un niño consentido

y estoy aquí, Antonio, adolescente,

buscando la razón de tanto olvido,


tratando de encontrar, en el ambiente

del café de las sorpresas, vestigio

de tu verbo de acción polivalente,


defensor de la paz con el prodigio

de una poesía audaz y verdadera

que sube enteros sin perder prestigio.


En tu Castilla mística y guerrera

de llanos altos, montes y roquedas

¿habrá llegado ya la primavera?





En el café de las sorpresas.



No quiero aún moverme si te quedas

conmigo en el café para contarme

el espeso verdor de las olmedas


que bordean el Duero, emocionarme

con el débil temblor de los sembrados

que tu palabra supo dibujarme,


o recibir con los ojos cerrados

ese sabio romance campesino

escrito entre montes y collados


que recordabas tú, el peregrino,

diciendo adiós a ríos y arboledas

en la senda de tu letal destino.



Ahora que estamos juntos y te quedas

sorberé poco a poco tu talento

pues tengo todavía unas monedas

para tomar café desde mi asiento.


XII.- Miguel Hernández.

Solitudinem fecerunt, pacem appellant (Publio Cornelio Tácito)


Es difícil borrar de la memoria
esas voces tan nobles, escondidas
en las brasas ardientes de la historia,

esas hondas ideas recibidas
por los más pobres, millonaria audiencia
de esas mentes del todo esclarecidas,

que ahora, en pleno albor de adolescencia,
voy buscando con ojos despejados
después de terminarse mi inocencia.

Así, recurro a libros olvidados
rechazando discursos laterales
y busco la verdad en los sobrados

para encontrar los ecos inmortales
de poetas insignes que anduvieron
por sendas y caminos personales.

Quiero buscar la paz que no tuvieron,
habitar sus estancias y sus versos,
transitar la verdad que recorrieron,
,
ser su amigo, lograr que sus diversos
libros y poemas, siendo perdidos,
encuentren el lugar que merecieron,

recuperar su voz en mis oídos
y descubrir su impulso desbordante
en favor de los siempre sometidos.

Ya no puedo perder ningún instante,
es el alma quien manda, es la locura
del encuentro febril y apasionante,

es la invasión total de la lectura;
entre el aire y el mar, sobrevolando,
llega la voz de la literatura.








Miguel Hernández y su esposa Josefina.


¿Puedes ser tú, Miguel, quien está hablando,
eres tú quien me llena de alegría,
es mi imaginación rememorando

tu rayo que no cesa, o es el día
en que encontré tu alma desbordada
por la fértil pasión de tu poesía?

En esta ya fecunda madrugada
en que comienzo a percibir el sueño
de contemplar tu obra vislumbrada

la cuesta de los libros tiene dueño,
es un adolescente principiante
que persigue tu sombra, y en su empeño

por encontrar en algún perdido estante
el silbo vulnerado, alas nacen
y vientos sobrevienen al instante.

La imagen de tu huella la deshacen
las tristes carcelarias humedades,
y los silencios negros que te hacen,

pero tú, escritor de tus edades,
el poeta más puro y verdadero,
verás, dentro de mí, eternidades.

Me duele el alma, y grita el cuerpo entero
subiendo por la calle de la Huerta
al descubrir un viejo paradero.

¿donde asentar mi alma casi yerta,
si no puedo habitar el Ateneo,
antes inmenso con la puerta abierta,

ahora cerrado por masón y ateo,
sus ventanas con rejas muy espesas,
encadenado como Prometeo?




El café de las sorpresas.
Me siento en el café de las sorpresas,
las que en mi infancia llenaron los días;
de Gloria Luna y yo; sobre las mesas,

las tazas llenas de melancolías,
hablábamos a solas con Platero,
de alegres mariposas y poesías.

Ya no trabaja aquí mi camarero
al que llamaba Lucanor con la malicia
de un niño respondón dicharachero

y nunca olvidaré con qué delicia
leíamos despacio las andanzas
de la maravillosa niña Alicia.

¡Cuánto soñar , qué bellas esperanzas,
cómo volamos juntos hasta el cielo
entre versos, canciones y enseñanzas.

y cómo cuando alzábamos el vuelo
cogidos de la mano hacia delante
sentíamos la paz en nuestro suelo.

Aquí, en mi café, con gran talante,
leí, años después, en valenciano
a un Tirant lo Blanc, casi un gigante,

recordando al quijote castellano
que con alta emoción y edad madura
tantas veces sentí sobre mi mano.
¡Dos vértices de la literatura!







lunes, 22 de marzo de 2010

XI.- Mi primer paseo por las calles.


Antes miraba hacia dentro. Ahora, de frente, hacia fuera.( Blas de Otero )


Paseo por calles deshechas,
junto a casas muertas donde
se refugian los vivos,
hay niños que leen
en los ojos de sus madres,
hoy mortecinas brasas,
antes fulgentes, rojas,
llameantes esperanzas,
y me esfuerzo en comprender
y no me atrevo a preguntar.

Ya no hay tiernas flores en mi alma, ¿qué dios me ha cambiado la hora,
cómo he podido descender del paraíso con un vértigo tan veloz y doloroso?

Ya no tengo madrugadas,
sólo anocheceres
y las calles me alumbran
de lunas y luceros
en su frialdad nocturna,
creando sombras que parecen gigantes
donde antes había una vida pequeña
pero de intensa fuerza y color.

¿Cómo recuperar el paraíso para encontrar la palabra que aquí residió
mientras mi niñez adormecida aprendía balbuceante las raíces de mi idioma?


Me niego a pasar el umbral del ensueño
y refugiarme en el olvido,
repaso la memoria de los días
y necesito adentrarme en esta realidad
que considero toda mía
y renuncio a salvar la memoria
sin estudiar las voces, los gestos,
los cantares y los romances de mi pueblo.


Ahora paseo las calles con esfuerzo,
repentinamente cansado,
respirando un olor que duele,
dolor y olor entreverados,
de angustia y tristeza inmensurable,
no sé si estoy lejos o cerca
de mis dos amados universos
por el amor y el odio derrotados.

¡Las ramas de los árboles lloran lágrimas porque no tienen pájaros,
son, quizás, heridas sin curar que gotean resinas sin dueño!

domingo, 21 de marzo de 2010

X.- Mis primeros amigos, el Conde Lucanor y Patronio.



Et la razon me da entender que el Parayso es lugar conplido de todo plazer, por que es lugar spiritual, que es en Dios et Dios en el, et a conplimiento de todo bien, et non puede en el auer mengua, et que fue et sera para sienpre sin fin.


El conde Lucanor y Patronio.

Yo seguiré tu palabra,
soy un niño de diez años
¿me estás hablando en el aire,
desde el libro, en el espacio?
creo que a ti sí te entiendo,
quizás no esté muy seguro
pero seguiré leyendo.

¿Y si no me entiendes tú
y mi esfuerzo no me vale?
yo quiero hablar con Patronio,
decirle que estoy contento
por descubrir sus historias
y quiero que le convoques
para escuchar su consejo
y me resuelva mis dudas
y me preste su talento,
para que pueda seguir
conociéndole y oyendo,
porque todo lo que cuente
lo iré desde ahora entendiendo.

¿Dices que en el paraíso
se encuentra todo el placer,
que allí Dios es siempre Dios,
por toda la eternidad?

Creo entender tu palabra,
ahora comprendo la idea,
el placer es la lectura
y el paraíso es el libro
desde el que me estás hablando.


***********

Et entendiendo don Johan
que estos exiemplos eran muy buenos,
fízolos escribir en este libro,
et fizo estos viesos en que se pone
la sentençia de los exiemplos.
Et los viessos dizen assí»:

"leyendo los libros casi todo se consigue, la historia de este ejemplo es esta que se sigue"


********************************************************************
Libro de los enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio.
********************************************************************

Ilustración de Gabriel Pacheco tomada de su blog para El Conde Lucanor, Editorial Teide, Barcelona, 2009.

IX.- El comienzo de la lectura.




A mi madrina Gloria de Luna

Como un montero de recia traílla,
un ciervo adentrándose en la espesura,
o un águila parcelando la tierra,
así pude lograr desde mi infancia,
salir del hondo sueño padecido
y preparar mi luz de adolescente.

Durante aquel tiempo, gracias a ti,
en el café de las sorpresas,
compartiendo tú y yo
los libros y las mesas,
intuí la verdad de las palabras,
jugué con ellas inconscientemente,
y fui siguiendo, sin querer, la huella
de los que dicen con el pensamiento
y escriben la verdad de lo que piensan.

Las puertas se abrieron suavemente
y bajaron despacio a contemplarme
los dioses, los creadores, los poetas,
diciéndome en voz baja confidencias,
bañándome de luz con sus relatos.

En mis manos pusiste la fortuna
que a sólo los lectores beneficia,
deslumbrante mensajera de Zeus,
irredenta mujer republicana,
el sol de la poesía en los trigales,
y la lluvia fresca en la hierba nueva.

En el espejo, finalmente roto,
de tu límpida y terminal mirada,
pude ver siempre tu profundo amor
por los libros, que entonces me cediste.
Así, de niño, tan dispuesto y tierno,
mi amor por la lectura conseguiste
¡gloria de luna ¡ay! de luna plena,
tú fuiste Gloria, en mí, la Luna llena!






jueves, 18 de marzo de 2010

VIII.- Si no me habláis...

La ciudad destruída.



El viejo cementerio general del sur de Madrid.



La calle Cea Bermúdez en Madrid al terminar la guerra.


Quocumque aspicio, nihil est, nisi Pontus et aer

Si no me habláis…


Abro mis ojos, contemplando los árboles
de las calles desiertas, vertiendo lágrimas
de tristeza nueva desde la ventana abierta
de mi soledad personal, dejando que la mirada
resbale lentamente por sus ramas,

y huyendo, quizás un breve instante,
por encima de las copas de las acacias,
rasando las terrazas y tejados de la ciudad
hasta llegar al límite del campo, seco y estéril,
sembrado de derribos y rastrojos.

Mi ciudad ha sido destruida por la guerra,
acabo de comprenderlo al ver sus ruinas,
al percibir el silencio de sus calles,
impregnadas de un olor rancio y denso,
y mis sentidos se enturbian ante esta realidad.


Barbarus hic ego sum, quia non intellegor ulli


Mi palabra se vuelve triste, ausente, lejana,
en una fuga intuitiva hacia el jardín de mi infancia
entonces lleno de plantas verdes y arriates
y ahora una nebulosa de ensueños y figuras,
un esbozo de vivencias distantes y borrosas.

Me encuentro frente al horror sin equipaje,
vacío de mis ideas trasnochadas
inundado por dudas, arrebatado por el dolor
que me produce realizar lo que presencio,
sin recursos, sin razones, desnudo ante la tragedia.

Si no me habláis no puedo comprenderos,
si no os comprendo un puedo amaros,
si no os amo mi vida no tendrá sentido
y la nueva ciudad que emerja sobre las ruinas
no será habitada por mí, sólo por el aire.

Mis ojos, nuevos ante esta realidad disforme
abiertos, profundos, y al mismo tiempo lejanos,
con la humildad de los que nada tienen que suplicar
intentarán recuperar las imágenes de siempre
y proyectarlas sobre mi confusa y desencantada visión actual.




Citas en latín de Publio Ovidio Nasón.

VII.- Búsqueda y encuentro.

¿ Habrá suerte mejor que ser la ceniza
de que está hecha el olvido? JL Borges






Búsqueda y encuentro.


Despierto de repente de mi sueño profundo en mi adolescencia
y no puedo hablar con vosotros, ni conoceros,
habíais partido, y no puedo encontrar vuestra palabra.

¿dónde estáis? ¿cómo inicio mi búsqueda?

No me detiene ahora la belleza clásica,
la bucólica de Teócrito,
la perfección de Virgilio,
ni el atractivo misterio del medioevo,
el laberinto del barroco,
o la inteligencia poética occidental;
quiero la verdad de mi instante, recién llegado a mi mundo,
en mi camino hacia mi integridad,
en busca de vuestra materia poética, que necesito
para situarme en el entorno que me corresponde
por mis ideales, por mi temperamento,
por mi amor inalienable hacia la verdad y la vida.

A la palabra corresponde darme respuesta,
a mí la búsqueda de vuestro pensamiento,
a ellos, sólo a ellos “ay” el arrepentimiento, la vergüenza, el desasosiego.

Con inquebrantable fortaleza en la búsqueda poética,
investigo en las librerías de viejo, en los romances de los pueblos,
en los libros ocultos de mis padres,.en las bibliotecas,
y me invade un temblor, quizás un estremecimiento,
cuando leo vuestros versos, sin respirar,
absorbiendo el hálito personal que llega hasta mí,
impregnándome con la fuerza de vuestra
inmensa, personal, irrepetible identidad.

¿Cómo explicar que ya no debo buscar,
que os encuentro tan cerca de mí,
diluyéndose vuestra estatura poética
en mi mente y en mi corazón?

Yo asumo también la culpa del silencio, del desmayo integral,
de la mirada sesgada hacia otros espacios y, al encontrarme con vosotros,
anonadado por vuestro espíritu poético,
repaso con avidez la palabra que me viene, ahora sí, en oleadas
de espléndida y hermosa creatividad.

Cuando transcendéis en mi alma abriéndose mis puertas desde adentro,
ángeles etéreos os anteceden desde el espacio,
¿son mis cuatro ángeles mayores, Miguel, Rafael, Uriel, Gabriel,
quienes me han dado el poder hermenéutico para absorber vuestra palabra,
o es que mi espíritu estaba dispuesto y mi voluntad enunciada?

¡Que todo el universo descienda sobre mí,
que mi poesía se convierta junto con mi cuerpo
en la ceniza de vuestro olvido y logre nuestra síntesis
transformarse en una palabra única y liberadora!

miércoles, 17 de marzo de 2010

VI.- ¿ Qué se hizo de ellos?

Fotografía de Jorge Luis Borges.

¿Qué se hizo de ellos?

No vieron la bandera blanca
y no pudieron arrojarse al mar
émulos del paternal Egeo,
porque llegaron furiosos vendavales,
ideas fragmentadas, divisiones de amor,
y, sin avistar la última blanca esperanza de Teseo,
tuvieron que dibujar los mapas del destierro,
fundirse en el plomo,
llenar sus pulmones con el moho de la humedad
o recoger su sueño en un ¡ay! último estertor
de olvido y desamparo.

¿Qué se hizo de vosotros, alondras de las madrugadas,
vencejos del atardecer?

En el silencio de la noche oscura, del olvido,
ya no hay cánticos, sólo la quietud del mar,
el eco de un rumor lejano de voces hondas,
y vuestra memoria.

Nada puede enjugar las lágrimas de Calíope,
cerrada su voz personal y prodigiosa
por ese silencio de muerte o lejanía,
hijo de la intolerancia vital,
fruto quizás de una higuera seca nacida
en el barro de los odios y las distancias.

Lejanos ahora, cuando tan próximos y certeros otrora,
intensos poemas que quisieron ranciar ¡ay! los exaltados,
búsquedas de la verdad truncadas por el odio estéril,
¿qué se hizo de la sustancia eterna de vuestros versos?

¿Por qué matar la vida cuando nace, por qué… ?




Recuerdo de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado.




martes, 16 de marzo de 2010

V.- Muerte en la trinchera.



Muerte en la trinchera.

¿ De qué vaso bebiste, soldado,
el barro de tu trinchera,
dónde dejaste tus alas,
alondra de fantasía?

Dime…allá en el fondo,
¿limpiaste el lodo que cubre tus alas
o seguirás volando un instante
y elevarás tu vaso
para brindar por tus amigos,
ahora que sí están contigo,
en el barro ¡ay¡ de tu defensa de muerte?

¿Fuiste capaz de beber tu vaso
gota a gota
o brindasteis juntos
soñando, idealizando, uniendo
la muerte y la victoria,
vosotros, perdedores absolutos,
sin medios para escapar del terror,
sin alas, sin luz, sin esperanza.,
sumidos en el barro sucio
de un exasperante agujero sin salida.?.

¿Dónde quedaron los himnos y banderas,
las voces, las canciones, las arengas?

El silencio llegó por delante
de un rumor lejano de salvas artilleras,
nubes de plomo barridas por un viento
de odios, y enfrentamientos lejanos
que llegaron puntuales,
interpretando una sinfonía completa
de estruendo y de dolor.

El beso de amor de despedida,
que dejó impregnados de amor tus labios,
ahora esculpidos por el barro,
quedó prendido en la alambrada,
sin tú poder recuperarlo,
en tu imprevista, letal, caída en la trinchera.



lunes, 15 de marzo de 2010

IV.- El bombardeo.




El bombardeo.


Un vómito mortal que cae del cielo,
la oscuridad, el pánico, la urgencia,
la angustia de los niños sin consuelo,
el apresuramiento, la conciencia
de huir casi desnudos sobre el suelo,
el alud colectivo, la inmanencia.
del ulular continuo de sirenas
y un frío medular en nuestras venas.

La calle se llenó con el escombro
de las paredes rotas o caídas,
al miedo se unió el pasmo y el asombro
y la aceleración de las huidas,
persona con persona, hombro a hombro,
sobre las piedras nuestras derruídas
todo fue una explosión, una locura
con luces de nereidas en la altura.

De repente un silencio fulminante,
un mal olor espeso y comprimido,
una impotencia vana y vergonzante,
el llanto de los niños, un gemido,
el silencio, la rabia desbordante,
el abrazo final a un ser querido,
su cálida mirada compartida
y el regreso final hacia la vida.


Fue tan rápido todo y tan violento
que apenas pudo nadie consolarme
y, siendo niño, tuve un sentimiento,
que siempre tendré miedo al acostarme
porque no sé si llegará el momento
de no poder huir a refugiarme
sin pánico, sin miedos, sin alerta,
en el regazo de mi madre muerta

.

III.- Los niños de la guerra.




Los niños de la guerra.


Nosotros hemos sido los niños del olvido,
los niños de la guerra que, entre ruinas y zanjas,
comimos algarrobas y mondas de naranjas
y tuvimos la suerte de haber sobrevivido.

Fueron nuestros amigos los niños y las niñas
de las calles, las plazas, los refugios nocturnos,
a la comba saltamos en la acera por turnos
y fuimos camaradas de juegos y de riñas.

Nuestros juguetes fueron muñecas recortables,
soldados de papel, camiones de hojalata
y los rayos del sol y las estrellas de plata
y los atardeceres bellos e inolvidables.

El orí, las tinieblas, el bote, el tú la llevas,
la comba, el cruz y raya, el guá y el escondite,
el parchís y las damas fueron nuestro desquite
de las hambres antiguas y de las penas nuevas.

Vecinos nuestros fueron el hambre y la violencia
la soledad y el miedo, el gemir de sirenas,
las sesiones nocturnas de las radiogalenas,
la rabia, la venganza, la burla, la demencia.

Un huracán de vientos arrasó nuestra tierra,
algunos de los niños con ellos se marcharon,
algunos no volvieron, algunos se quedaron
y todos, sin saberlo, perdimos nuestra guerra.




domingo, 14 de marzo de 2010

II.-La casa de Belalcázar, donde nací.




La casa de Belalcázar
era un lugar mágico
donde cantaban los mirlos,
reían y cantaban los niños.

Desde sus ventanas
se veían las acacias,
las moreras, los plátanos,
un castaño de indias
y el árbol del amor
;un árbol frondoso
que nos protegía
sin darnos cuenta.

Cuando los niños nacían
y entraban en la casa,
eran recibidos por gorriones,
mirlos, caracoles y mariquitas,
un olor a jazmines y madreselvas,
aire puro, cielo azul,
un denso silencio de ciudad,
sendas de adoquines,
farolas de gas
y un soplo helador
del Guadarrama milenario.

La casa de Belalcázar
era un lugar de encuentros,
de esperanzas, de sueños
y no tenía puertas, ni cerraduras,
ni portillos, ni llaves;
tenía, en cambio, escaleras abiertas
con barandillas de madera,
un jardín con arriates,
un cedro del Líbano,
un rosal trepador,
un piano vertical, un perro,
y siete corazones latiendo.

La casa de Belalcázar es ahora
un barco que navega
entre la bruma del tiempo
sobre un mar de silencios
y en su cubierta se oyen,
cada vez más tenues,
cada vez más lejanas,
las risas y las canciones de los niños.






________________________

I.-Mi nacimiento.






Mi nacimiento.






Era una noche clara, luz de luna creciente,
el Guadarrama hacía las veces de frontera
de los primeros rayos del sol de primavera
y el canto de los mirlos se anunciaba inminente.

Y yo nací, supongo que de una forma mágica,
fruto de un artificio que nunca fue aclarado,
desnudo, vacilante, y muy desconsolado
bajo una luz hiriente de lámpara trifásica.

No recuerdo detalles, yo soy desmemoriado,
pero, según contaron los que pudieron verme,
mi tórax era fuerte, costaba sostenerme,
era largo de piernas y bastante delgado.

Nunca sabré la razón del llanto de mi gente
al ver un nuevo intruso en medio de su vida,
fueron quizás sus gotas licor de bienvenida
o el agua bautismal para el nuevo ser naciente.

Los mirlos entonaron un canto melodioso,
la luz de la alborada entró por las ventanas,
mis ojos se durmieron al bajar las persianas
y caí fulminado por sueño comatoso.

El café de las sorpresas.



Ab imo pectore.


Queridos amigos: os agradezco mucho vuestros ánimos y vuestro cariño que he recibido para ayudarme en mi operación de cataratas. La operación es fácil, pero es incómoda en mi caso, y necesitaré todavía algún tiempo para volver a leer y escribir.

Por ello he pensado, con objeto de seguir estando presente en el blog, publicar lo ya escrito del poemario que llevará el nombre de "El café de las sorpresas".

Insertaré un poema diario que, al mismo tiempo, servirá para que los que deseen seguir el tema, puedan leer en orden sucesivo los poemas, e incluso recordarlos si ya los hubiesen leído anteriormente.

Este poemario forma parte de un proyecto que, como sabéis, estoy realizando, y tiene por objeto reflejar mis sentimientos de adolescente ante la gran tragedia sufrida por nuestra Guerra Civil, sin haberla casi vivido y sin haber tenido la oportunidad de entender lo que nadie nunca me pudo explicar personalmente.


No se trata, por tanto, más que de sentimientos personales sin ningún matiz político y, seguramente con la indefinición de un adolescente amante de la cultura. Mi objetivo no es realizar ningún análisis crítico, sino poesía personal. A lo largo de esta serie de poemas trataré de profundizar sobre cómo conocí a los poetas y escritores de aquel tiempo y los beneficios que recibí de ellos.

Gracias de nuevo por vuestro contacto personal. Un abrazo cordial.

.

martes, 2 de marzo de 2010

Ausencia.

Queridos amigos: durante un tiempo estaré ausente para operarme de cataratas. Volveré en cuanto pueda. Un abrazo.

lunes, 15 de febrero de 2010

Evocación del país vasco.

A la patria vasca.


Tienes en tu historia antigua,
en la base de tu tierra fecunda,
una firme y suave fortaleza.


Se puede ver muy lejos en el fondo,
un leve temblor de praderas de hierba
mecidas por el viento y la lluvia.


Entre los robles y los hayedos
y las piedras de tu caserío,
yo te reconozco, madre vasca.


Palomas, palomas blancas y grises,
en ingrávido vuelo, tus cabellos.


A veces el mar se encrespa y rompe
en tu frente, como en Guetaria,
o muere vencido,
entregado, en tus sienes,
blancas como las arenas del norte.


Aurtxo, escóndete en la hierba,
refugio de senos maternales,
olor a tierra húmeda,
y cuando a brazadas caiga la hierba
en el pecho de tu madre.
mama su néctar
para el encuentro vital con tus ancestros.


Valles, ríos, colinas, praderas,
arrebatada inocencia del entorno,
lienzo de paraísos escondidos
en la quietud divina,
sólo aquí, en tu sustancia vasca
en tu raíz de roble
se produce el encuentro
de tu fértil vigor y tu cálida esencia.


Mi alma baja de noche por el cauce del Bidasoa
a diluirse en el mar, trazando rutas viajeras,
señalando caminos,
y regresa, rompiendo el alba,
en un estallido de espumas,
para recuperar el sabor de tus playas,
el sonido de tu música viva,
el olor de tus praderas.


Quiero vivir contigo y en ti,
si tengo que segar, siego,
si he de cantar, canto,

si rezar, rezo,
si necesitas mi trabajo en tu tierra
calzo unas albarcas y unzo las yuntas,
si debo escuchar, oigo el crujido de tus robles,
y si acabar,

siempre en tus montes,
amando hasta el último caserío,
empapado de tu esencia.

sábado, 13 de febrero de 2010

Un momento.

Un momento.

Caminábamos juntos
mis manos
en tus hombros
tus manos
en mi cintura
y no existía el tiempo.

Sólo existíamos
nosotros,
nada más tú y yo
caminando,
hablando,
soñando
sintiéndonos,
amándonos.

Sentí de cerca
tu aroma
al besar
tu mejilla
mirándote
a los ojos
como pidiendo disculpas.

Tú me sonreíste
con ternura
y seguimos
caminando
hablando,
soñando,
sintiéndonos,
amándonos.


martes, 9 de febrero de 2010

XIV.- ¿Libros infantiles?

Leyendo en el Café de las Sorpresas.


Aquí fue donde el conde Lucanor
pidió consejo a su asesor Patronio
para formalizar mi matrimonio
con los libros, el arte y el honor,

aquí, en el café de las sorpresas
con la enseñanza maternal de Gloria
madrina y profesora en mi memoria,
sobre el mármol grisáceo de sus mesas.




Unos dulces, un chocolate espeso,
una leche templada y, en seguida,
la tarde más feliz y entretenida
de un niño madurado ya en exceso.

El Conde Lucanor fue aquel inicio
de la lectura lenta y asombrosa
de una literatura prodigiosa,
su página inicial, su frontispicio.



Las aventuras de Nihls Andersen.


Fué Nihls el que



































































Guillermo Brown.






















Platero y yo.





















viernes, 5 de febrero de 2010

Tu regazo.




Tu regazo


¿No es terrible, amor mío, no poder encontrarte,
desierto como estoy? ¿Por qué mi soledad,
y mi vano deseo de poder recobrarte
sólo esconden mi pena y aumentan mi ansiedad?

¿Por qué surge de pronto, partida en dos el alma,
sin causas, sin raíces, en un renacimiento
de temores, de dudas, rompiéndome la calma,
este estallido inútil, huracanando el viento?

Yo no me encuentro solo, porque vienes a verme,
invades mi silencio, no me dejas espacios,
aumentas mis latidos cuando mi cuerpo duerme
y rompes la quietud de mis órganos lacios.

Eres tormenta plena, sin apenas salida,
la pasión detonante sin ninguna frontera,
una visión del mundo, la causa de mi vida,
evanescente sueño que renovar quisiera.

Cuando voy paseando y ya nadie me espera
donde el sol resplandece porque ya no hay tejados,
no quiero ese silencio desnudo de la acera,
sin árboles, ni tiestos en balcones cerrados.

¿Porque tú, dónde estás, es que acaso tu esencia
se perdió en mis abrazos? Te busqué como obseso
y recorrí la calle para olvidar tu ausencia,
deseando encontrarte para ofrecerte un beso.

Halcón de cetrería, fui buscando mi presa
atravesando valles y bosques y collados,
acechando el momento, buscando la sorpresa
para vencer rechazos de tus ojos soñados.

Capitán de veleros quise hallar en los mares
la dimensión inmensa de nuestro amor eterno,
sin razonar mis dudas, olvidando pesares,
buscando soluciones a nuestro desgobierno.

Quiero volver a verte, absorber tus fluidos,
acariciar tus manos, estrecharte en mi abrazo,
recibir tus aromas, tanto tiempo perdidos,
y descansar de nuevo, amor, en tu regazo.




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sábado, 30 de enero de 2010

Bucólica.



Bucólica.


El remanso de un río permite que se reflejen
las hojas de los chopos lindantes,
¿No es hermosa la quietud de las aguas,
sólidas, estancas, profundas?


Apenas un ligero temblor en su superficie
al rozar la brisa la limpidez de su espejo,
un rumor de hojas trémulas,
quizás el canto de un mirlo,
o algún convulso movimiento
en la profundidad del remanso
orquestan la sinfonía de las aguas claras,
de la vida quieta e inalterable.


¿Verdad, amor, que aquí nos sentimos una vez
unidos en nuestras esencias,
aliados ante la densidad de los chopos,
inmersos en el sosiego del momento?


No me avergüenza escribir
un poema romántico, idealizar bucólicamente
nuestro instantes de entrega,
recordar aquellos momentos felices
de nuestra soledad de enamorados.


A veces me desconcierta ser siempre
lo que se tiene que ser,
olvidando acaso que la felicidad
consiste en elegir, en escoger,
al margen de los compromisos
de la sociedad que nos domina.


Este silencio verde de los chopos,
reflejado en las limpias aguas del remanso,
ese acorde musical de los mirlos,
el olor húmedo de la brisa,
y la caricia del agua en la ribera,
todo tan cercano y evidente,
es un regalo de aquellos dioses
que tan lejanos suelen estar
de nuestros pensamientos.


Recuerdo intensamente tu cabello al aire,
los efluvios de tu cuerpo
la suavidad de tus manos,
la delicia de tu voz
y tu evanescente mirada alejándose
hacia las altas ramas de los árboles
mientras mis ojos perdidos
recorrían tus márgenes,
inmersos en la belleza del encuentro.


Puedo sentirme anonadado
al recordar aquellos bucólicos momentos,
y desearía cantar como un juglar occitano
las esencias de mi dama,
el perfil bucólico de nuestro momento,
pleno de romanticismo y de libertad.


Regresaré a ese instante de nuestro amor
siempre que mi ánimo desfallezca
y, si los dioses lo permiten,
allí acamparé entre la yerba
y los chopos frondosos,
recordando tu imagen
cerca de las riberas del remanso.