jueves, 19 de mayo de 2011

La Playa.



La playa.




Se rompen en espuma blanca y dorada
las olas desgajadas del mar,
se suceden, se entregan,
aceptan su destrucción
y se dejan caer mansamente sobre la arena
Gaviotas blancas, conchas desplazadas,
pisadas húmedas, restos de algas
ecos lejanos de caracolas
pequeños mares interiores
y resacas de antiguos oleajes
al pie de almendros y naranjos.
Siento miedo de mi soledad
ante el inmenso mar
y pugno por vencer la bruma interior
de espaldas a las montañas ocres
a los pinos requemados,
recibiendo los punzantes arpones del pasado,
arriadas las velas de mi barca,
desconcertado ante la rosa de los vientos
Una tormenta de ideas entrecruzadas,
aciertos y errores, amor, desamor,
hallazgos y pérdidas,
depresiones y esperanzas.

¿ Por qué ahora sobre la playa
la memoria de las cosas ?

Las ideas hierven como los atunes
en la superficie de la almadraba
atropellándose en la huida,
buscando la difícil salvación
desde una vieja urdimbre
de experiencias y desencantos
y yo estoy solo
sin la saloma de los compañeros de viaje,
algunos sin retorno posible,
enredados en la lucha
por la supervivencia..


Soledad, brisa marina,
rumor de olas, arena, salitre,
azahar de los naranjos,
un posible entorno de creatividad
para despegar hacia el espacio salvador
del alma y la palabra.



lunes, 16 de mayo de 2011

El Viento.




El viento.


El viento que te visita
es un jirón perdido de tramontanas y mistrales,
conquistador de maestrazgos,
portador de las voces del norte.
Lo recibo de frente, junto a una ermita blanca
construida en lo alto de la montaña
como vigía de sarracenos.

Viene rizando el mar, alborotando las nubes,
me empuja, me envuelve, me acaricia,
me inunda de azahares y salitres
y me habla de antiguas historias,
negro rejón de la memoria,
durante su tránsito inevitable hacia la lejanía.

Deseo entonces que mi palabra se funda con él
acompañándole en su viaje sin retorno,
esparciéndose sobre las playas y las rocas,
sobre la tierra roja, sobre los naranjos verdes,
sobre los almendros, sobre las casas blancas,
sobre los pinos, sobre los hombres de la plana.

Quiero gritar con el viento,
sobrevolar las cosas, perfilar horizontes
con este viento nuevo y esperanzador.

Las nubes verticales y grises
descienden por el tobogán del viento
y huyen hacia el sur.
Los rayos del sol alumbran ahora la plana,
verdean los naranjales,
se abre tímidamente la flor del almendro
y el mar se funde linealmente con el horizonte.

Ya sólo queda del viento el frescor de su abrazo
y la memoria de nuestro primer reencuentro.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Reencuentro en Alcocéver.


Reencuentro en Alcocéver.


                    
Apareciste tú de nuevo, sobrevolando las rocas,
girando tus alas como una libélula,
despidiendo chorros de colores enredados
en transparentes muselinas de alas plateadas,
y seguí deslumbrado el camino que,
atravesando las llagas de la plana,
conduce hacia tu centro inevitable,
hacia tu remolino de olas y de gaviotas.

¿Pudieron ser los azules, los blancos,
el rumor de las olas, la templanza del aire,
la algarabía de los pájaros,
el silencio de los almendros, el olor del azahar,
la inmanencia de tus naranjos?

Mis ojos siguieron la ruta encendida
e ilusionada hacia tu imagen,
en una mañana de cálidos reflejos
esparcidos por los montes,
por un aire lleno de semillas de oro,
de trémulos y errantes molinillos blancos,
intentando descifrar tu esencia
a través de los sonidos, de los colores,
de las distancias, hasta llegar a ti
en una transición anhelada y resuelta
y contemplar otra vez la espuma de tus olas.

¿Podré ver el mar, sin cegarme el centelleo
de las crestas plateadas de las rompientes,
llegaré a traspasar estas colinas eternas
que alargan el camino y encontrarme
cerca de la veladura azul que te bordea
y que se extiende hacia el horizonte,
como una llanura ilimitada que no desborda
ni rebasa los márgenes, pero se alza
como una pared en la lejana perspectiva?

¿Me verá a mí el mar?

¿Me cederá algo de su inmensa quietud
para amansarme en este desconcierto
de la sorpresa, del encuentro inevitable
tantas veces intuido?

La brisa deposita sus cristales de lluvia
en mis ojos abiertos
y mis párpados son brasas
enrojecidas por el esplendor del sol.

Las heridas de la espera se cierran
con la sutura del encuentro,
y ya sólo queda el parpadeo del horizonte,
la palpitación acelerada,
el desconcierto de los sentidos,
el olor especial a salitre
que empapa mi cuerpo cansado
y que me envuelve y acaricia en suaves oleadas.

Plenitud, transitoria eternidad
de las formas y de las sensaciones
que en un momento superan
la capacidad del alma.

El tiempo ya no existe y se disipan
las alas plateadas y los colores
que a borbollones huyen de la plana.

Todo es quietud ahora, expectante reposo,
anticipación de nuestro inminente
y sustancial reencuentro.



sábado, 7 de mayo de 2011

Lacrimosa del Réquiem de Mozart.



Lacrimosa del Réquiem de Mozart.


Nadie pudo impedir tu último instante,
la agonía, angustia desbordada,
sobre el último pliegue de tu almohada,
entró en tu cuerpo, atroz y lacerante.

Día de lágrimas en tu semblante,
la emoción personal, desesperada
fusión de sensaciones emanada
de tu imaginación alucinante.

La huída terminal hacia la ausencia,
un testimonio musical lanzado
que sobrepasa la crisis emotiva,

el réquiem de tus lágrimas, tu esencia,
un prodigioso esfuerzo inacabado,
y el culmen de tu dimensión creativa.



lunes, 2 de mayo de 2011

Recuerdo de Andrés González Deniz.



Recuerdo de Andrés González Déniz.




Un destello de luz,
una impensable centella,
vino de repente a impresionar
el negativo de mis horas tristes de soledad;
la claridad desbordó la negrura
y una avalancha de ideas nuevas,
de sentimientos frescos e inefables
se instaló en el alféizar de mi ventana
irrumpiendo en la estéril soledad de mi alma.
Tuvo que venir desde una isla lejana,
donde el pino crea vírgenes,
se alternan el timple y la folía,
y los pensadores leen libros
en la quietud de su refugio.
Ya no hubo razón para la distancia,
sólo para el asombro
y la admirativa contemplación.
De vez en cuando me asomo a mi ventana
para recibir el aire puro
del pensamiento nítido y creativo
que viene desde Teror
para cubrir el vacío de mi alma,
mientras escondo con pudor en estas líneas
mi elogio hacia su autor.


 .

domingo, 1 de mayo de 2011

Sonetillo.


Para hacer honor a la distinción que me hicieron mis amigos argentinos y para cumplir con mi intención de alegrar un poco más la vida, sin acritud,  publico hoy este sonetillo a un, por supuesto, imaginario personajillo:




Lo que sobra.



Una triste y mendaz filosofía
anclada en un cerebro de mosquito,
un incapaz y falso periquito
que nos habla e insulta  cada día,

un ofensor del pueblo que porfía
en la falsa verdad que nunca ha escrito,
que nuestro nombre piensa que ha proscrito
y lo cambió por el de ciudadanía.

Un charlatán que engaña a las Españas,
un trabalenguas necio que no sabe
ni lo que el pueblo piensa ni padece,


difusor de mentiras y patrañas
que dirige un país en que no cabe
la basura que siempre nos ofrece.


A un político mendaz y corrupto.







lunes, 25 de abril de 2011

Mi barca.



Mi barca.




Me acerco a la orilla de la playa
al atardecer y, aprovechando la bajamar,
decido construir mi barca.

Con mis dos manos recojo
la arena blanca
y la voy depositando sobre el suelo,
diseñando la proa, las bancadas,
los laterales y los remos.

Esta barca la construyo
desde mi memoria
( conchas rotas, castillos derrumbados,
restos de naufragios ).

Me siento en la bancada de popa
y miro hacia el cielo
dispuesto a fijar mi rumbo
y recorrer un nuevo camino,
pero el sol se aleja
y la noche se acerca.

martes, 19 de abril de 2011

Seis sonetos dedicados a animales.



Hoy recuerdo estos sonetos que expresan algo de mi amor por los animales.


A un cangrejo de mar.


De tu escondrijo entre las rocas sales
acorazado, pinza enarbolada,
húmedo el cuerpo, presto a la escapada,
maestro de las fugas laterales.


Mentado entre los signos zodiacales,
la realidad de cáncer proyectada,
con los astros tu imagen aplastada
vaga por los espacios siderales.


Ermitaño de las aguas oscuras,
viejo "okupa" de las conchas vacías,
escurridizo huidor polivalente,


osado transeúnte de angosturas,
has venido a nacer en mis poesías
y serás su habitante permanente.


A un cuervo.


Negra el ala y negra la cabeza,
tenebrosa figura de espantajo,
horroroso fantoche es este grajo
carroñero de la naturaleza.


Se mueve por el aire con presteza,
grazna, no canta, viste oscuro andrajo,
pica mierda como el escarabajo
y sube a los frutales con torpeza.

Satinado plumón, viejo demonche,
de inteligente y diabólica esencia,
nacarada negrura y desparpajo,

no hay vástago pequeño que no tronche;
por eso quiero, como referencia,
mandarle con mis versos al carajo.

A un gato.

Marramiau se despierta, sacude la pereza,
elonga con extremo sus patas, lametazos,
bostezos, y saltando veloz de entre mis brazos
se dirige a la cocina alzando la cabeza.

Alabea el lomo y, en puntillas, se endereza,
olisquea platos, tazas, pucheros y cazos,
maúlla, malla, miaña y con sus arañazos
descubre la anhelada pitanza con presteza.

La mira, la olfatea, degusta la comida,
se traslada despacio y sin pausas a la sombra,
ronroneando para finalizar la fiesta,

lame y relame la leche en el tazón servida,
se tumba cuan largo es sobre la espesa alfombra
y da por comenzada su bien ganada siesta.

A una gaviota.

Leve temblor de tocas en la altura,
¿paloma, nube, ángel mensajero?
sobre el azul dibuja su figura
un rápido y alado marinero.


Tiene en su largo pico la armadura
de un combatiente ulano caballero
y lleva entre sus alas la frescura
de la brisa del mar y del romero.

Cruza la playa en vuelo temerario,
pasado el pueblo, traspasado el monte,
y siguiendo una línea bien trazada,

con la beligerancia de un corsario.
desaparece por el horizonte
en transustanciación acelerada.


A un petirrojo.

Acampas con tu pecho almidonado,
que por prieto y garboso pareciera
una roja chaquetilla torera
sobre mi plinto verde ajardinado.

Pareces un maestro apresurado
que en su salida al ruedo dirigiera
el paseíllo corto hasta la vera
de las migas de pan que he derramado.

El agua de la lluvia es ambrosia
que beberás de nuevo en primavera
para aliviar tu sed en el estiaje,

y escucharás la voz de mi poesía
luciendo una vez más en la pechera
colorín colorado, tu plumaje.


A una rana.

Tus ojos esféricos me examinan,
pegas el salto y clavas la estocada
sobre el agua verdín empantanada
que miasmas y bacterias contaminan.

Brinco a brinco tus ancas te encaminan
hacia una zona más oxigenada,
tu verde piel de terciopelo nada
sobre los nuevos juncos que germinan.

De la orilla perenne centinela,
gran señora de charcas y de presas,
con tu voz de contralto y plena audiencia,

¿permites que me acerque con cautela
para escuchar que croas y que expresas
la musicalidad de tu existencia?


martes, 12 de abril de 2011

De mi gente.





De mi gente.




Mis paisanos tienen la misma naturaleza de mi tierra,
son jóvenes sarmientos, flexibles
y enraizados en el mismo tronco que yo,
nacieron del mismo barro, entre chumberas y cardos,
se abrieron paso entre piedras y alcaparras,
bebieron la misma agua, la savia de mis ancestros,
y se convirtieron en yemas latentes,
vitales, fulgentes, siempre mirando al cielo,
como las uvas de mi tierra, duras por fuera y dulces por dentro.
Por sus venas fluye la savia cítrica de los limoneros,
de su piel emanan aromas de azahar
y su vida ha florecido entre almendros y olivos.
De ellos he recibido el temple, mi memoria,
y algunas cosas más.
En ellos he recobrado mi historia y en ellos devendrá mi porvenir.
Por ellos he vuelto a mi casa de piedra, a mi balcón,
y me siento en el poyo de la puerta, junto a los mulos en el abrevadero,
a recordar las canciones de mi infancia,
a reinventar mis amores de niño, a soñar con el rostro de mis padres,
mientras tiembla mi cuerpo y templo las velas de mi espíritu,
hasta precisar que todo lo he recibido de ellos.

jueves, 7 de abril de 2011

Reencuentro en la ciudad.

Reencuentro en la ciudad.




Gracias por tu visita inesperada
entre la combustión de los motores,
el chirrido de frenos, los olores,
las luces, la multitud apretada.


Gracias por tu inadvertida llegada
entre paseos, árboles y flores,
ruidos, coches y anuncios de colores
que trazan el perfil de la calzada.


Te percibo, te intuyo, te presiento,
y te reclamo en mí, en plena esencia,
débil palpitación, temblor de vida,


inusitada luz del pensamiento,
inicial percepción de la conciencia
por levedad del alma oscurecida.






He vuelto a la ciudad, después de dos meses de reflexión personal. Por eso este soneto, para recordar que todavía queda dentro de mí la esperanza.





lunes, 4 de abril de 2011

A JOSE ZUÑIGA.

A José Zúñiga.



Te vi, te oí, desde lejos, sin poder acercarme... Hoy quiero recordarte con estos 
maravillosos versos de Gerardo Diego:


Murió en mitad de un verso,
 cantándole, floreciéndole,
 y quedó el verso abierto,
 disponible para la eternidad, 
mecido por la brisa,
la brisa que jamás concluye,
 verso sin terminar, poeta eterno.


martes, 15 de febrero de 2011

Agradecimiento.

Chiste publicado por ABC el día 11-2-2011

A mí también, como en el chiste de Máximo, quise irme, me preguntaron mi profesión y cuando dije que era poeta me dijeron que ya me llamarían.

Gracias, enormes gracias a todos los que  os habéis preocupado por mi vida. Estoy bien y de vuelta a mi casa, sabiendo que estoy rodeado de grandes poetas y mejores personas.

El doctor Domínguez., mi cirujano, en plena operación me explicó que había encontrado un gravísimo problema en la coronaria y que necesitaba mi autorización para tratar de solucionarlo. Le pregunté: ¿voy a morir?. Me contestó, si no opero, probablemente sí. Pues adelante doctor, le pedí. Y cumplió a la perfección su trabajo. Desde aquí le doy mis gracias más profundas.

Mi mujer, mis hijos, mis hermanos y amigos me habéis hecho creer una vez más en el amor y en la generosidad y doy gracias al Ser Supremo por estar cerca de todos vosotros un poco más de tiempo.

viernes, 11 de febrero de 2011

Esperanza de ser.

Miguel Angel en la Capilla Sixtina. Detalle.
 
 

Ha sido el ser supremamente uno
revelado en mi etapa adolescente
una implosión repentina de mi mente,
un misterio especial como ninguno.


Nudo de oscuridad que yo desuno,
luz de mi juventud incandescente,
hálito de eterna paz en mi inconsciente,
reflejo de mi yo, pan de mi ayuno.


¿Irá mi “ser viviente” hacia su esencia,
habitará mi carne desolada
transformando en amor mi vida entera?.


Vivir quiero sentirle en mi conciencia
abriendo con el temple de su espada
la corteza del alma que le espera.

viernes, 4 de febrero de 2011

Soneto a la Venus de Milo.


Afrodita o Venus de Milo.



Tu cuerpo, qué emoción, qué cercanía,
el canon florentino, tu relieve,
esas formas labradas en la nieve,
esa ternura inmóvil, toda mía.


Eres pura materia hecha poesía,
una visión proporcionada y breve,
una escultura humana que se mueve
aunque inmóvil esté, callada o fría.


¿Por qué te llaman Venus, es que fuiste
la elegida de los dioses? Tu figura,
¿es de mármol o es carne de tu ser?


En apenas un sueño conseguiste
una belleza universal y pura,
en un perfecto cuerpo de mujer.



lunes, 31 de enero de 2011

No sé si soy.

Los burgueses de Calais. Detalle. Auguste Rodin.



 No sé si soy, o sólo que estoy siendo,
si tengo haber, o sólo tengo nada,
si mi sustancia ha sido programada,
o sólo existe lo que estoy sintiendo.


No sé si lo que pienso va siguiendo
una ecuación resuelta y bien trazada,
si es improvisación desenfocada,
o un misterio que acabaré entendiendo.


No sé si soy la parte o soy el todo,
si lo demás existe o es un sueño,
si soy sustancia o polvo amontonado,


no creo que en mi vida exista un modo
de poder ser mi esclavo o ser mi dueño
si estoy por mis sentidos dominado.

lunes, 10 de enero de 2011

Sabor a miel.








Sabor a miel.


Recipientes de cristal,

un vidrio limpio sin rótulos,


una dulzura especial,


ánforas,


miel de romero, miel pura,


azúcar elaborada de nectarios


y un aroma antiguo


y amado.


sábado, 8 de enero de 2011

Regalo de un Rey Mago.

                                            Emilio Porta




Desde mi blog quiero agradecer al Rey Mago Emilio Porta el regalo que me ha dejado en la chimenea. Un expresivo esbozo de su opinión sobre mi serie "Relatos del Guadarrama". Vale tanto su escrito como el detalle de haberme dado esta agradabilísima sorpresa.



CRITICA LITERARIA DE
RELATOS DEL GUADARRAMA.


Cada día que pasa encuentro más razones para amar la unión de todo lo que existe bajo y sobre el sol. En Literatura, esta unión, la hace el lenguaje escrito a través de sus significados. Y parece que la delimita la forma. Siempre ha sido así, a través de los siglos: división de los géneros. Y, sin embargo, esa división no ha estado siempre clara y ahora menos que nunca. Poesía, relato, crónica…de todo hay en obras que enmarcan la Historia literaria. Todo ello se ve, por ejemplo, en el Cantar de Mio Cid. Y también se ve en muchas otras obras. Desde Cervantes a Raimon Llull, de Tolstoi a Carpentier, de Camoens a Lampedusa…


No es la extensión de Relatos del Guadarrama, de Fernando Jiménez-Ontiveros lo que me hace pensar en esta idea de fusión entre géneros, sino el planteamiento, desarrollo y forma de esta obra.
Porque siendo una narración, es, al mismo tiempo, reflexión y ensayo, meditación y poesía. Relatos del Guadarrama tiene, además, un elemento autobiográfico ( aunque el autor se disfrace de Gabriel y quiero pensar que de algún amigo más) y también es un homenaje a un paisaje vivido interiormente, asumido, que forma parte de la identidad de Fernando.


Hay en Relatos del Guadarrama un reguero de sensibilidad que abre cauce, a su vez, en la sensibilidad del lector. Anda el autor, y caminamos, con él, nosotros, por senderos y lugares reales, por caminos de piedra y arboleda, de roquedal y flora única en su género. El Parque Natural de la Sierra del Guadarrama es lo que dice Gabriel en un poema relativo a sus paseos: “Mi tierra, tan pegada a mí por el viento y el agua que se ha convertido en mi propio barro, del color de mi propia carne. Si tengo ocasión, enterraré en ella mi corazón y lo repartiré para que se disuelva en pedazos, unos en esta mi tierra, otros en mi historia, el resto diseminados en la vida de los demás”


Estas palabras son el mejor reflejo de lo que el autor siente por su casa exterior, su casa infinita de aire, cielo, tierra y agua, que es el Guadarrama y sus parajes. Después de ellas es muy difícil dibujar de un mejor modo las sensaciones que el lector tiene al adentrarse, a través de las letras, en los relatos de Fernando Jiménez-Ontiveros.


Él, el escritor, el hombre, se incrusta en el panorama que se ofrece a sus ojos y le añade el toque de humanidad de sus gentes. Un toque costumbrista que dota de alma a sus paseos. El mismo dice:
“Cuando escribo me olvido de la categoría y busco casi siempre lo sencillo y humano. No siempre lo consigo pero intento la armonía entre lo que persigo y lo que viene a trasmano, huyendo a ser posible de la sensiblería” Sí, no hay sensiblería en nada de lo escrito. Sólo percepción sensible y retrato, por un lado, de lo concreto y tangible, lo que se ofrece a su vista y a su tacto. Y por otro, lo que se sumerge en el espíritu, porque es la propia energía de una tierra alimentada por el amor que la profesa la que nos envuelve en la lectura.


Hay algo de religiosidad terrenal en todo lo que el autor nos cuenta. Porque el escritor, aunque habitante de la incertidumbre como todo ser humano inteligente, desea aferrarse a la esperanza en la espera. Desea que la vida no se acabe en la visión y en la memoria transcurrida mientras somos capaces de caminar.


Sin embargo, es consciente de la eternidad y la belleza del instante y por eso lo recoge en su escritura. Porque ahí permanecerá mas allá de todas sus dudas, más allá de la falta de claridad en las respuestas.


Y en ese caminar mientras escribe todavía, el autor quiere detenerse – y lo hace – yendo despacio, a respirar el aire de la vida, la vida natural, que conoce y comparte con nosotros a través de su Literatura.
“ Porque los que vienen de la ciudad beben el vaso de un trago, como si tuvieran algo urgente que hacer. Nosotros, los de pueblo, bebemos sin prisa y saboreamos lo que hacemos. Esa es la diferencia”


Sí, esa es la diferencia. El saber que el tiempo no es nuestro dueño. Conocer cual es el valor de las horas pasadas en silencio. Hay una preciosa historia con un jardinero, el jardinero secreto del Paular, un monasterio que podría ser paradigma de otro monasterio creado por mi en mis escritos – perdón por esta referencia autoliteraria – el monasterio de Orzeán. Ese espacio de piedra entre la piedra que es El Paular, lugar de recogimiento y encuentro, lugar de mirada al pasado y al futuro desde el presente continuo de la existencia. Ese lugar donde las palabras son sólo música del pensamiento y lo cotidiano adquiere el valor de lo infinito.


Todo esto es Relatos del Guadarrama para mí. Y lo reflejo en esta reseña de una obra escrita con amor y con oficio, una obra que va más allá de la técnica literaria, con ser mucha, de Fernando Jiménez-Ontiveros. Porque yo lo sé, y él lo sabe, los Relatos del Guadarrama son el corazón de su memoria.


Emilio Porta



miércoles, 5 de enero de 2011

Plegaria de Vísperas.




Plegaria de Vísperas.


Es ya muy tarde, casi anocheciendo,
tengo prisa, necesito tu ayuda,
en este atardecer de angustia y duda,
está mi hora final oscureciendo.


Se está apagando mi luz, no queriendo,
el alma me abandona y se desnuda,
tiene temor, y vive en plena duda,
y entrega lo que tiene, no teniendo.


A ti te cedo todo lo vivido,
tú que conoces mi  gran aventura,
y, si tu amor sin límite me alcanza,


júzgame sólo por lo que yo he sido,
olvida mis accesos de locura
y fusiona tu amor con mi esperanza.





sábado, 1 de enero de 2011

Cante de mina.


Cante de mina.


El cante de mi tierra es hondo,
viene desde la mina y atraviesa
rocas, quebradas y chumberas
hasta llegar a mi piel tierna,
cada vez más sensible
sobrevolando huertas, regatos,
alcores y barrancos,
dejándome la huella de su quejido,
ahondando en las heridas
que el tiempo y la distancia
han ido abriendo,
sangrando zumo de limones antiguos,
que brota de mis venas,
que viene del silencio de siempre.
Ese cante hondo
que sale de la profundidad
de mis ancestros, del vaho de mi tierra
que me empapa de sonidos y recuerdos,
que evoca momentos vitales, silencios,
tiempos perdidos, ahora recobrados,
ahora evocados por esos quejidos
que llegan desde la mina.
El cante de mi tierra es profundo,
implacable, letal,
porque habla del tiempo que no pude vivir
en mi tierra, con los míos,
de los amores que pude tener y nunca tuve.
En mi nombre se queja,
y en mi alma se refugia,
con el tono de la taranta,
fa sostenido menor,
rompedor de lejanías que canta y vuelve a cantar,
que no llora porque es hondo,
que sufre porque conoce
la razón de la distancia, la levedad de mi espíritu,
que llega hasta mí por encima de las casas blancas,
y las tapias de adobe, porque sabe que mi alma
no es de alcorza sino de barro.
El cante de mi tierra es cada vez más profundo,
ahonda cada vez más mi tristeza,
ya no hay acordes, sólo quejidos,
cantos desesperados
que vienen desde la abisal distancia
de una vida nacida entonces
y otra que se extingue ahora.


domingo, 19 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD.

La Virgen y el Niño. Carlo Maratta.



Querid@s poetas: Nuestro padrino de boda, el poeta Gerardo Diego, nos envió a Peque y a mí la felicitación de la Navidad 1977 con el poema que transcribo a continuación. A tod@s os deseamos que estas navidades os acompañe el Niño Dios.


¿De dónde le viene la luz
a la luz de la nieve?
Está el Niño rompiendo su capullo
y ya se le ve la sonrisa.

Ay, que no puedo,
que nos arde y deslumbra
esa luz que nos ciega y enamora.
Déjame cerrar los ojos ahora.

Ay, que a mis párpados llama
esa luz que nos besa y nos quiere,
esta luz que sonríe y no llora.
Déjame abrir los ojos ahora.



martes, 14 de diciembre de 2010

Adentrarse en el bosque.






Adentrarse en el bosque.

Caminar y caminar
sin un proyecto,
no ver nunca la luz,
esquivar las sombras,
mientras los árboles te miran,
inánimes;
quizás un débil temblor,
un estremecimiento,
algún sonido,
pero siempre la soledad
y el silencio.






miércoles, 24 de noviembre de 2010

Densidades.






Densidades.

Hoy pulvericé un terrón de tierra lentamente,
y la blanda arena se deshizo entre mis dedos,
transmitiéndome efluvios de siglos y milenios,
percibiendo vestigios de creación de mi vida
en el montón de tierra disuelto entre mis manos.
En ese polvo cósmico estaba mi retrato,
mi figura, mi frente, mis ojos, mi cabeza,
diseñado claramente y ahora reencontrado
en esos polvorientos terrones de mi tierra,
emblemáticos de un mundo que ha sido compactado
por las fuerzas ignotas de la naturaleza.
Estaba plenamente impregnada mi sustancia,
disuelta entre mis dedos, y no supe qué hacer,
me emocionó distinguir mi cara en el retrato,
besé la arena, lloré con ansia y desconsuelo,
apretándola estremecidamente entre mis manos,
me tumbé de espaldas con los brazos extendidos,
con los ojos abiertos y ofrecí mi persona
al misterio de la conjunción universal,
De modo que era verdad, que estoy hecho de tierra,
y he sido concebido por el fuego y el agua,
dibujado por espasmos telúricos y sismos,
moldeado en la arena, formada mi sustancia
con tierra de otros cuerpos amados y vividos
en la plenitud de su existencia temporal,
¿soy un montón de tierra convertido en arena,
un reflejo fugaz de la luz universal?
no sé entonces por qué estoy subiendo al suburbano
para ver a toda prisa la Quinta Avenida
y admirar el Art Decó ¿puede que tal distancia
aleje tanto a la realidad de mi sustancia?
el ruido de los trenes, los frenos chirriantes,
esa chica que me mira pero no me ve,
¿seré tan viejo ahora como cuando nací?
¿ está mi retrato en la arena desdibujado?
Ya no recuerdo mis rasgos, puede que no existan,
borrados por el aire, por el agua y el fuego,
elementos puros que a todos nos han creado
y que la modernidad, de pronto, ha destruido,
recuperar la arena blanda para esculpirla,
y rehacer mi frente, mi cabeza, mi figura,
es un imperativo, es algo imprescindible
para ser yo el mismo y no traicionar al mundo
de esos antepasados que han creado mi esencia,
y que hoy día se encuentran perdidos y olvidados
en este mundo del Art Decó tan modernista,
en esta revolución de principios e ideas,
en este maremágnum de modernas tendencias,
oscuro amasijo de espurios amores nuevos,
alejados de la densidad de mi sustancia.
Mi vida parece que ha cambiado en este entorno,
mi retrato se ha perdido y no quiere aparecer,
será cuestión de buscarlo y tenerlo presente,
no me importa recibir lo nuevo, lo moderno,
si se suma a mi esencia nacida y conformada
por los genes seculares de antiguos ancestros,
partir de lo viejo para hallar en lo moderno
las nuevas fórmulas, las palabras generosas
que actualicen mi manera de pensar y amar,
para que esa chica del suburbano me vea
cuando me mire, y nos sintamos tan unidos
que la distancia y la realidad se confundan.
¿sonrió levemente? no sé, quizás pensara
que yo existía y nos habíamos amado
en algún momento evolutivo de nuestro ser,
la memoria y el amor a veces se confunden
cuando tenemos necesidad de ser amados
y un suburbano puede servirnos como causa
de una conexión inocente y desesperada,.
Bella entre las bellas nació esa mujer amada,
tan lejos pero siempre recordando su esencia,
una ligera mirada sin ninguna causa,
un seísmo nuevo removiendo mis entrañas
sumándose a mis viejos y siderales sueños.
Y tú, ¿quién eres, ese retrato, blanda arena,
por qué sumidero ha desaparecido entonces?
los viejos tics ya han sido ahora reemplazados
por la falta de sustancia de esta algarabía
y te encuentras desvalido frente al nuevo mundo
que, en torno a ti, te envuelve y después de fascinarte
te sumerge en el ruido, absorbe tu palabra,
y ni pensar te deja en la historia de tus sueños,
pronuncias amor, esperanza, vida, e intentas
diseñar de nuevo la figura que perdiste,
al percibir la huella de una extraña mirada,
pero quedas en silencio al abrirse las puertas
y encontrarte vacío, sin ella en la parada.



domingo, 21 de noviembre de 2010

Los encinares.


Los encinares.

Mis raíces son profundas
como las de una encina,
con cimientos de lentos latidos
,
mi esencia es como la suya,
densa por dentro, fibrosa por fuera,
y no se puede abrir con hacha o destral
sino con la palabra.
Las lágrimas de la encina son verdes y eternas,
y nacen de una madera fuerte y leñosa,
las mías son prontas y fáciles,
resultantes de una débil sustancia
y permanecen en el silencio,
sin que nadie las comprenda
ni persona alguna las recoja,
por lo que no servirán para nada mis raíces,
mi fibra se perderá en el suelo
y mi palabra desaparecerá
en la inmensidad del espacio y del tiempo.
Por eso, cuando me adentro en los encinares,
escondo tras ellos mis latidos
y me disuelvo entre sus lágrimas verdes,
en el silencio, a distancia,
creyendo que seré eterno, como ellos,
sin que arda con la llama del fuego ni el destral
me derribe, reservando mis palabras
para que se sumen a sus lágrimas sin maduración alguna,
verdes y eternas, en un estadio total de plenitud.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

De la tierra.

Sierra de Filabres.


De la tierra.


La tierra de la que vengo es dura, pero fértil,
tiene brazos y muslos de agua cuando llueve,
si la piso me duelen las entrañas
y no duermo hasta hacerme perdonar.

Esa es mi tierra, ya lejana,
tan pegada a mí por el viento y el agua
que se convierte en mi propio barro,
del color de mi propia carne.

Se seca con el tiempo,
me aprisiona y me hace daño, y me grita
y me envuelve en su aroma,
tan lejano y ácido como un limón naranjero,
de un sur que fue en mi tiempo
enraizado en mi espina dorsal
diluyendo su ácido en mi sangre.

Siento que mi memoria se hunde
en ese barrizal y no puedo recordar
sólo intuir, quizás imaginar,
ya no hay restos,
sólo espinas de chumberas en el recuerdo.

Si tengo ocasión, enterraré en ella mi corazón
y lo repartiré para que se disuelva en pedazos,
unos en mi tierra, otros en mi historia,
el resto diseminados en la vida de los demás.

Porque no hay historia, sólo tierra,
amasijo oscuro de amores espurios.

El altar parroquial está abierto,
vinos de uva clara, oráculos rituales,
abrazos, genuflexiones,
la razón sórdida en el eco de las piedras,
de los cardos, de las sementeras
de odios y pasiones, de verdades antiguas.

Este joven que declina el saludo ¿eres tú?

No hay edades, sólo murciélagos
abriendo el atardecer sobre la tapia del cementerio
que no era para ti.

Ese pater, vestido de sotana negra ¿eres tú?

No hay razones, sólo fantasmas disueltos
en la neblina de tu historia,
que te han contado pero que no has vivido,
ahora enterrada en ese cementerio que no era para ti.

Hay casas blancas de balcones cerrados,
ecos moriscos que resuenan en las tapias,
alcaparras en los arcenes, cardos en las laderas.
sequedad en el abrevadero de la plaza,
absoluto silencio que te asfixia y anula,
y no recuerdas nada, porque ya es tarde
para recomponer las grietas que sirven para avistar tu historia,
porque no está contada, sino enterrada en ese cementerio
que no era para ti.

¿Quién me robó la historia,
dónde están los amigos que tenía que haber conocido,
las niñas de trenzas morenas que tenía que haber amado,
las canciones del hogar que nunca habría olvidado?

Sólo puedo sumar silencios y sentir angustia,
porque la vida que te han contado, mi vida,
no se puede sustanciar en esta tierra,
que el viento, el agua y el tiempo han convertido en barro.



lunes, 15 de noviembre de 2010

Evocación de Gerardo Diego.


Gerardo Diego Cendoya.




Evocación de Gerardo Diego.


Quisiera hallarme junto a ti, Gerardo,
en tus versos humanos recordarte,
cándido en el amor, pleno en el arte,
habitando tu espíritu de nardo.

Quisiera reencontrarme en tus palabras,
llegar cerca de ti para sentirlas,
oír tu clara voz, y repetirlas,
abonando el terreno que me labras.

Son tus versos divinos resonancia
del mundo sideral que nos separa
y nos mantiene lejos de por vida.

¿Podría ser verdad que mi sustancia
se impregnase de ti si yo escuchara
en do mayor tu esencia concebida?




Gerardo Diego Cendoya, padrino de mi boda (Santander, Cantabria, 3 de octubre de 1896 – Madrid, 8 de julio de 1987)


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Al poeta colombiano Aurelio Arturo.

Poeta Aurelio Arturo Muñiz.



Al poeta colombiano Aurelio Arturo.

Yo no puedo aceptar que el tiempo trunque
tu espléndido recuerdo meridiano,
amante fiel del pueblo colombiano,
forjador de poesías en tu yunque.
En tus sueños de pólenes y estrellas,
polvaredas de versos y canciones,
duendecillos de luz y de emociones,
creaste las metáforas más bellas,
la tierra, el aire, pájaros volando,
banderas guacamayas, resonancias
de mujeres de trenzas y de infancias,
aros de horizontes, lluvias danzando,
sueños y nubes, versos en memoria
de tu Colombia siempre, haciendo historia.


Aurelio Arturo Martínez. (La Unión, 22 de febrero de 1906 - Bogotá, 24 de noviembre de 1974).


Recuerdo de Angel González.

Angel González Muñiz.



Recuerdo de Ángel González


Un remanso de paz en la enseñanza,
un temblor silencioso de las hojas
de aquel rosal perdido, rosas rojas,
en hálitos de amor y de esperanza,
un caminar sencillo, la ironía,
tiempo a tiempo por ti necesitada,
lecciones magistrales, la callada
y silenciosa voz de la poesía.
Para llegar a ti, fue necesario
resucitar la lengua castellana,
la más tímida y pura lengua llana
sin comparsas, sin luz, sin escenario,
y así lograr la imagen soñadora
de tu humilde palabra, que enamora.




Ángel González Muñiz (Oviedo, 6 de septiembre de 1925 – Madrid, 12 de enero de 2008)

martes, 9 de noviembre de 2010

En la muerte de Alejandra Pizarnik.

Alejandra Pizarnik.




En la muerte de Alejandra Pizarnik.



Si confundes la voz en tus plañidos,
del mismo verso de tu propia historia,
y encuentras otra vez en tu memoria,
ese amor que se rompe en tus gemidos,
recuperen tus venas la corriente,
no descienda tu pulso de gigante,
resuenen tus latidos al instante,
en tu verso de amor adolescente,
y si el silencio puede disiparse
con el fúlgido son de tu palabra,
fecunda desazón que siembra y labra,
podrá tu voz final recuperarse.
No tendrás la cosecha si te mueres,
ya no te queda tiempo, nada esperes.



Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 29 de abril de 1936 – Ibídem 25 de septiembre de 1972)



lunes, 8 de noviembre de 2010

Soneto a María Blanchard.

Mujer con abanico.

La bretona.

La convaleciente.


María Blanchard.



Soneto a María Blanchard.


María Blanchard, ¡ay! pintora mía,
estrella vanguardista montañesa,
pude por fin hallarte en la francesa
corte gris de Victoriano un día.

Reconocida fuiste en tu tardía
juventud malherida, la princesa
de tus cuentos de niña, la sorpresa
de los pintores íntegros un día.

Con tu diseño roto y modernista,
imagen de tu estampa deformada,
quisiste recobrar en tu pintura

con una nueva etapa de cubista
aquella infancia triste malhadada,
y cambiar para siempre tu figura.





María Gutiérrez Blanchard, pintora española, nacida en Santander (Cantabria) el 6 de marzo de 1881 y fallecida en París, 5 de abril de 1932.



domingo, 7 de noviembre de 2010

La verdad eterna.


La verdad eterna.

En la verdad reposa mi esperanza,
el máximo objetivo de mi vida,
la expectativa siempre renacida
de tener sinceridad y confianza .

La verdad no se tira ni se lanza,
se expone simplemente de partida,
y si por los demás no es compartida
hay que aceptarlo sin perder templanza.

Ya que la realidad suele mostrar
que la sinceridad no es patrimonio
de la escala social que nos gobierna,

quiero en esta poesía reafirmar
con clara voluntad mi testimonio
de amar a la verdad pura y eterna.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Mi abuelo. (Canción infantil)



Mi abuelo es dulce como un flan de chocolate,
mi abuelo es bueno como el jugo de melón,
mi abuelo es sabio como veinte diccionarios,
es que mi abuelo es un abuelo superior.

Mi abuelo tiene un jardín lleno de flores,
mi abuelo tiene, siempre tiene la razón,
tiene gracia, tiene coco, mi abuelito es especial,
unos piensan que está loco, y es genial.

Mi abuelo tiene una raqueta con pedales,
mi abuelo tiene un patinete nadador,
mi abuelo tiene unos zapatos que andan solos,
es que mi abuelo es un magnífico inventor.

Mi abuelo tiene una avioneta submarina,
mi abuelo tiene un submarino volador,
tiene gracia, tiene coco, mi abuelito es especial,
unos piensan que está loco, y es geniaaaaaaaal...

No sé quién escribió esta canción, pero me parece encantadora. La oí cantar a unos niños en una escuela infantil de Huelva.
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BUCOLICA.


Bucólica

El remanso de un río permite que se reflejen
las hojas de los chopos lindantes,
¿No es hermosa la quietud de las aguas,
sólidas, estancas, profundas?

Apenas un ligero temblor en su superficie
al rozar la brisa la limpidez de su espejo,
un rumor de hojas trémulas,
quizás el canto de un mirlo,
o algún convulso movimiento
en la profundidad del remanso
orquestan la sinfonía de las aguas claras,
de la vida quieta e inalterable.



¿Verdad, amor, que aquí nos sentimos una vez
unidos en nuestras esencias,
aliados ante la densidad de los chopos,
inmersos en el sosiego del momento?



No me avergüenza escribir
un poema romántico, idealizar bucólicamente
nuestro instantes de entrega,
recordar aquellos momentos felices
de nuestra soledad de enamorados.
A veces me desconcierta ser siempre
lo que se tiene que ser,
olvidando acaso que la felicidad
consiste en elegir, en escoger,
al margen de los compromisos
de la sociedad que nos domina.


Este silencio verde de los chopos,
reflejado en las limpias aguas del remanso,
ese acorde musical de los mirlos,
el olor húmedo de la brisa,
y la caricia del agua en la ribera,
todo tan cercano y evidente,
es un regalo de aquellos dioses
que tan lejanos suelen estar
de nuestros pensamientos.



Recuerdo intensamente tu cabello al aire,
los efluvios de tu cuerpo
la suavidad de tus manos,
la delicia de tu voz
y tu evanescente mirada alejándose
hacia las altas ramas de los árboles
mientras mis ojos perdidos
recorrían tus márgenes,
inmersos en la belleza del encuentro.


Puedo sentirme anonadado
al recordar aquellos bucólicos momentos,
y desearía cantar como un juglar occitano
las esencias de mi dama,
el perfil bucólico de nuestro momento,
pleno de romanticismo y de libertad.
Regresaré a ese instante de nuestro amor
siempre que mi ánimo desfallezca
y, si los dioses lo permiten,
allí acamparé entre la yerba
y los chopos frondosos,
recordando tu imagen
cerca de las riberas del remanso.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Sentados en un banco.



Sentados en un banco.

Sentados en un banco del paseo
dejamos que cayese la lluvia de otoño,
sintiendo sus gotas
deslizarse lentamente sobre nosotros,
arrastrando fluidos y aromas
en un ambiente de vahos y humedades.
Deseé que no volviera a salir el sol,
que sólo brillara la luz de tus ojos
y que tu aroma no se perdiera en la brisa,
convirtiéndose en gotas de perfume
que impregnasen mi piel.
Tú, la deseada,
la reflejada en el iris de mis ojos,
bella bajo la lluvia,
transmitiendo amor,
despertando ensoñaciones sobre un banco
que quizás otros,
quizás también nosotros.
habíamos imaginado.
Las hojas de los árboles descendían
a intervalos, brillantes, doradas,
y el paseo se escondía bajo el lento,
arrítmico vaivén de las hojas caídas.
Un sentimiento de ternura,
de cálido entendimiento.
se apoderó de nosotros
al contemplarnos en el silencio
del atardecer de nuestras vidas,
en el otoño de nuestro trayecto vital.
Vi de nuevo tu imagen
reflejada en el iris de mis ojos,
esta vez borrosa,
quizás por las gotas de la llovizna,
y te apreté firmemente en un abrazo.



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sábado, 30 de octubre de 2010

Música y Poesía 5 -Cançó i dansa nº 6 Frederic Mompou.

Frederic Mompou con la pianista Eugenia Gassull.



Cançó i dansa nº 6

Me encuentro tocando, Frederic
tu danza pausada, lenta,
apenas un débil latido del corazón;
son mis dedos los que tiemblan
al no poder medir tu emoción interna
en notas arrancadas de lo profundo de ti,
sonar de tu íntimo campanario,
expresión de tu contención y reserva.
A veces una nota leve, tímida
que parece diluirse, solitaria,
entre los acordes medidos
de tu caudal de pretérita emoción.
Y luego la danza otra vez,
unas pocas notas,
otra vez el repique triste de campanas,
como expresión del drama de la vida,
un tañido humilde de tu juventud,
apenas perceptible
y una nota grave, aislada, espléndida,
cerrando tu danza final.

Por favor, leed este poema por segunda vez, despacio, para escuchar simultáneamente la canción grabada por el propio Frederic Mompou.


Música y Poesía 4 - Música y poesía en la red.

Queridos amigos: ante de seguir con este ciclo de música y poesía, quiero recordar en este momento el análisis que realicé en mi blog "meditaciones y relatos" para que aquellos que no tuvieron la oportunidad de leerlo comprendan un poco mi amor sobre la música y la poesía en nuestra Red.



Palau de la música



Orquesta Nacional de España


La poesía y la música en la red.

"ut queant laxis / resonare fibris / mira gestorum / famuli tuorum / solve polluti / labii reatum, Sancte Joannes" (Antiphonale Monasticum, 922, Liber Hymnarius, 382).


Inicio esta reflexión sobre la música y la poesía en la red citando el texto anterior para recordar a Guido d'Arezzo (992-1050), monje benedictino italiano, que fué el renovador de la notación musical, y dió nombre a las seis primeras notas de la escala (ut, re, mi, fa, sol, la), basándose en la primera sílaba de cada uno de los versos del himno de San Juan Bautista, escrito por Pablo el Diácono "Ut queant laxisqueant ". El italiano Bononcini (m. en 1673), como el sonido ut, por ser cerrado, no parecía prestarse tan bien a los ejercicios de solfeo, lo suplió por do, sílaba más abierta y más sonora, pero los franceses todavía usan a veces el ut.

Desde niño he sentido una profunda admiración por el desarrollo realizado por el hombre para conseguir la notación de los sonidos musicales. Su trabajo de autoreflexión, su intercambio de esfuerzos y la expansión de los conocimientos adquiridos, ha permitido el progreso asombroso de la notación del canto oral y la música escrita y posteriormente ejecutada en instrumentos diseñados y perfeccionados en unos muy cortos períodos de tiempo.

De la tradición musical oral se pudo pasar a una noción griega: la música teórica. El canto no estaba considerado como la música verdadera, que es una ciencia al nivel de los estudios más superiores. Desde entonces se abre un foso: a un lado están los cantores tradicionales, que graban en la memoria y transmiten los textos importantes pero que ignoran la teoría musical; al otro lado están los sabios, para quienes esta ciencia llegó a formar parte del trivium (gramática, retórica y dialéctica), ciencia del lenguaje en el que la música analiza el ritmo verbal, o del cuadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía), ciencia matemática y física que realiza el análisis acústico de los sonidos. (Mirtha Facundo - La música Académica)

Creo, quizás románticamente, que los verdaderos poetas han heredado, como Orfeo de Apolo y la musa Calíope, el don de la música y la poesía. Admito también, naturalmente, la importancia de la palabra, y sigo creyendo en la inspiración inesperada y embriagadora de los poetas.

Que la música y la poesía van a menudo entrañablemente unidas se evidencia leyendo a poetas como Gerardo Diego que afirmaba;"No es necesario cantar en ningún momento, de eso ya se encarga mi verso"

Aunque la poesía y la música evolucionaron por caminos singulares y distintos, utilizando la música instrumentos variados, la poesía se basó fundamentalmente en el instrumento de la palabra, lo que no es poco, utilizando repeticiones, aliteraciones, juegos de palabras y, por supuesto, rima.

Hablar de la unión poesía y música se evidencia con nitidez en la red, unas veces por la musicalidad intrínseca de las poesías enviadas y casi siempre por la utilización de la técnica de internet para acompañar a la palabra escrita con el sonido musical, complementándose ambas con la impresión en las entradas de fotografías, videos y otras singulares y virtuosas técnicas.

Como dije anteriormente, no deseo sujetarme a ninguna estructura preconcebida para continuar mis ideas, porque me he propuesto exponerlas obedeciendo aquello que decía la canción popular vasca:

Iruten ari nuzu
Khilua gerrian

que traducido al español quiere decir:

La rueca en la cintura
Es mi tarea hilar

A fuer de ser repetitivo, deseo indicar que una crítica (del
griego κριτικός "capaz de discernir") es, y naturalmente lo es en mi caso, una mera opinión personal, resultado de las impresiones que me han ido produciendo las lecturas de las poesías, relatos y opiniones de los participantes en la red. Las afirmaciones de cualquier estudio crítico deben llevar normalmente un apoyo documental, pero yo voy a ser simplemente un observador, al mismo tiempo ingenuo y amigable , sólo permitiéndome, como acompañamiento de mis observaciones, citar o publicar obras y pensamientos de los amigos de la red, asumiendo que la amistad estará siempre por encima de mis posibles opiniones porque, como decía R.M.Rilke en sus "Cartas a un joven poeta" "Nada es tan ineficaz como abordar una obra de arte con las palabras de la crítica".

Atendiendo a este espíritu, no me voy a apoyar en ningún aparato documental, sino que me voy a limitar a citar a los autores de las ideas o comentarios que se incluyan en este estudio crítico, con plena libertad y sin sometimiento a estructuras preconcebidas, como expuse anteriormente, y recorrer un camino sobre un conjunto de obras de arte humildes, expresivas, de altas cualidades personales y lanzadas al aire con la desenvoltura de una naturalidad inteligente y cautivadora.

A veces la poesía se refiere a un instrumento concreto, idealizándolo, como en el poema de Azpeitia sobre una guitarra, creando metáforas deliciosas que nos transportan al silencio de la noche, donde resuenan sus acordes hasta el amanecer:


Guitarra de medianoche.

Seis cuerdas cruzan tu cuerpo
de madera repujada,
seis vírgenes anudadas
entre trastes y tornillos,
que cantarán con mis dedos
esquinas de madrugadas.

Verjas de hierro entreabiertas,
se asoman a las ventanas
escuchando conmovidas
el llanto de tus seis voces.

Tres se quejan llorando,
las otras tres,… solo cantan.

Cuerpo de mujer valiente,
ciega de luz y de enaguas,
crispada de seda y brillos,
no quieres que llegue el alba.

Verjas de hierro que escuchan
indiscretas tus suspiros,
tres son graves, tres me llaman.

Estremecida la noche….
se durmió sobre la cama,
la luz no quiso escucharla.

Mañana cuando despiertes,
el sol quebrará tus ansias….


En ocasiones, la poesía describe intuitivamente el momento de la creación musical en la mente de Beethoven como Soledad Sánchez Mulas en su poema “Silencio”


Silencio

Y un susurro de notas en la mente,
vivas dentro,hendidas en la carne
que se ha abierto al barbecho
en la muda distancia
de un pentagrama negro.

Silencio... y soledad.

El genio y el arrullo del nueve
gestando dentro,
mágica enéada sorda a los aplausos,
acunando las almas
en cuatro afortunados
movimientos.

Silencio, soledad... y silencio.

Un bosque silencioso
de arracimadas notas suspendidas
en las ramas del pecho,
una preñez de mudas alegrías
para el mundo,
el genio quieto,
con la piel erizada
y el oído del alma agigantado.

Noray, en un hondo poema, desborda la música romántica sobre la naturaleza escuchando una espléndida ejecución pianística de Rubinstein:


Cuando Rubinstein interpreta a Chopin.


Los pétalos de los girasoles
están destinados a morir de amor
cuando Rubinstein interpreta a Chopin
al llegar cada puesta de sol

También los lirios azules
terminan estremeciéndose de frío
si se descubre el crepúsculo
y en sus entrañas se abre el vacío.

Sólo las heladas magnolias
saben esperar ese instante preciso
que, aunque siempre es efímero,
late en el ardor de la memoria.


Guillermo R. Galgiardi. (Revista Filomúsica) nos deleitó con un poema de una dimensión y un tiempo universales :

Siempre Wagner.


Vuelve a subir mi sensibilidad.
y a bendecir mi entendimiento.

Se levanta mi alma
en las alas de su música excelsa.

Nada, nada,
puede compararse
con la cima de esas ondas sonoras.

Altura, cumbre,
ascenso a esferas superiores, indecibles.

La mayor herencia de mi padre,
que me aproxima al Otro, Divino.

Reina el supremo arte
de Guillermo Ricardo Wagner.

En sus círculos centrífugos:
Todo.
¡Siempre Wagner!

Escribí en una de mis reflexiones sobre la poesía en la red que, cuando el poema nace de la ensoñación, como resultado de una profunda llamarada interna que viene desde lo alto, o de lo profundo de la tierra, no existen límites para su desarrollo, ni cauces referenciados a un fin determinado, pero cuando el poema nace al escuchar la música, todo cambia, y el poeta se encuentra con un objetivo concreto. La música está allí, sonora, desafiante, llenando nuestra alma, esperando la decisión del poeta, que tiene que percibirla y comprenderla para poder escribir sobre ella.

Alcanzar la esencia de la música al escucharla depende de muchos factores. Uno muy principal, del que tanto se habla, es el oído musical, pero existen otros muchos factores, como la educación recibida, el ambiente familiar y la educación musical, entre otros muchos. Lo que se entiende como oído absoluto es la habilidad de nombrar y reconocer
estímulos auditivos aislados sobre la base de la nota misma sin ninguna referencia externa.

Dicho de una manera sencilla, si una persona teclea una nota del piano sin que pueda verse el teclado, el poseedor de oído musical absoluto puede identificar el nombre de la nota y su octava.

Los poseedores de oído absoluto no llegan a una de cada diez mil personas. El oído más «útil» para un
músico es el oído relativo, ya que el oído absoluto prácticamente no tiene ningún uso práctico en la percepción y ejecución de la música, excepto en la facilidad para acompañar y tocar en grupo, al ser el instrumentista capaz de oír las notas exactas en las que se encuentran los otros intérpretes. También los directores de orquesta pueden beneficiarse de esa capacidad.

El oído relativo (de «relación») es el que permite percibir si alguna frecuencia dentro de una obra está desafinada, o sea, está en desacuerdo en «relación» con todas las demás frecuencias de la obra. Generalmente la persona que posee oído absoluto también posee un buen oído relativo.

También sería posible escribir un poema sobre una música, no sólo por su percepción auditiva, sino por la percepción visual de una partitura. Un buen amigo mío, director de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, me contó un día que preferiría quedarse sordo a quedarse ciego, porque es capaz de percibir el sonido musical leyendo la partitura “desde abajo hasta arriba y desde la izquierda hacia la derecha”. ¿Increíble, verdad?

Recordaba yo, al iniciar estos trabajos sobre la poesía en la red, la frase “Como si nunca hubiera sido mía, dad al aire mi voz “, de Claudio Rodríguez . Esta idea de libertad para expresar las opiniones en la red, produce muchos buenos encuentros y espléndidas discusiones a través de los comentarios, llegándose a una verdadera amistad entre los participantes, no por cercanías físicas, sino espirituales. Recuerdo, por ejemplo, una estupenda discusión entre Antonio Martín Ruiz y Amando Carabias María, hablando sobre el Oratorio de Navidad BWV248 (Bachswerkeverzeichnis 248) y La Pasión según San Mateo (BWV244) de Johann Sebastián Bach. Merece la pena intervenir en esas tertulias de la red y enriquecerse con la opinión de personas tan interesantes.

Existen alguna entradas en la red que nos permiten el acceso a una música de privilegio. “El coro de los niños de Tölz( realizado por Euterpe) o “La Música Académica”, de Mirtha Facundo, por ejemplo, nos permiten la posibilidad de estar al tanto de los movimientos musicales más completos.

Sobre la disparidad entre poesía y música, Marcos Pallau interviene con una décima aplicada a la frase “La música empieza donde acabe el lenguaje”, de Ernst Theodor Wilhelm Hoffman, compositor y cantante tenor alemán, que formó parte del movimiento romántico en la literatura de su país.

Décima a Hofmann.

¿Música quieres escuchar
en lugar de oír mi verso?
¿Quieres nublar mi universo?
¿No quieres adivinar
el lado oculto inverso
que mi alma te revelará?

Cuando mi corazón abras
mi poema confesará
que esa música empieza
donde acaben mis palabras.

Para terminar esta breve crítica sobre nuestra red y teniendo en cuenta que yo quise ser pintor, quise ser poeta, quise ser músico y soy el trabajador de esta entrada, me voy a dar la oportunidad de publicar dos brevísimos poemas escritos por mí sobre dos magníficos músicos catalanes:

Al escuchar la interpretación que grabó Pau Casals de la tradicional canción catalana “El cant dels ocelles” en el auditorio de la Casa Blanca de Washington me decidí a escribir un soneto como homenaje a este sensacional violonchelista.

El cant dels ocells.

Un gorjeo de aves, un rumor,
un trémolo, la música enraizada
en tu tierra, primavera evocada
en inicial escena de candor.

Los pájaros esconden su temblor
en tus manos creadoras y ya nada
impide que suene, emocionada,
la nota sostenida del cantor.

Distancia, lejanía, abatimiento,
prolongada tristeza del momento,
los bajos se mantienen dominantes.

Un último aleteo decreciente
sobrevuela tenuemente los entrantes
y sostiene la nota concluyente.


El estudio en si menor de Fernando Sor fue mi interpretación favorita cuando estudié guitarra clásica, escribiendo este poema en base a la interpretación del maestro Narciso Yepes que consiguió, en mi opinión, un sonido especial.




Un sonido especial.

Un sonido especial, acompasado,
repetición precisa y consistente,
una emoción auténtica y latente
en la digitación del encordado,

un inicial momento adolescente
del músico estudiante enamorado,
un sentirse a los cielos transportado
por una pulsación arborescente.

¿Podré medir el tiempo de mi vida
Sin oírte otra vez y regresarme
con esta precisión de ti aprendida?

Vivir de nuevo quiero tu armonía,
y en tu pulso vital abandonarme,
porque si no pudiera moriría.