sábado, 2 de marzo de 2013
miércoles, 27 de febrero de 2013
La danza del fuego.
Un
vapor plomizo se recuesta
sobre las emergentes brasas,
tapando los rescoldos
rojos y grises, grises y rojos
que exhalan su grito de muerte
sobre las emergentes brasas,
tapando los rescoldos
rojos y grises, grises y rojos
que exhalan su grito de muerte
incandescente
sobre el suelo.
sobre el suelo.
No
existe la piedad
ante
la belleza incorpórea de las llamas
y
la combustión se recrece,
regenerándolas,
regenerándolas,
produciéndose
un vaivén,
una danza viva y trepidante
que se escapa por líneas infinitas
intentando atravesar la incipiente neblina blanca,
entrecruzándose las llamas
en su esfuerzo de ofrecer
una danza viva y trepidante
que se escapa por líneas infinitas
intentando atravesar la incipiente neblina blanca,
entrecruzándose las llamas
en su esfuerzo de ofrecer
su
holocausto final.
Mueren
el pino y el cerezo entre estertores,
crepita su savia de vida,
muriendo carbonizados,
negros y rojos, rojos y negros,
exhalando su última llama hacia la neblina,
ahora blanca y dorada, dorada y blanca.
crepita su savia de vida,
muriendo carbonizados,
negros y rojos, rojos y negros,
exhalando su última llama hacia la neblina,
ahora blanca y dorada, dorada y blanca.
El
humo intenta hacerse con el mando,
tejiendo tirabuzones grises
que se retuercen en espirales,
danzando sobre la hoguera
de la muerte de sarmientos,
abortando el nacimiento de hojas y racimos,
tratando de ahogar las llamas
que se retuercen aún vivas
tejiendo tirabuzones grises
que se retuercen en espirales,
danzando sobre la hoguera
de la muerte de sarmientos,
abortando el nacimiento de hojas y racimos,
tratando de ahogar las llamas
que se retuercen aún vivas
en
un aquelarre
de humo, chispas y rescoldos.
de humo, chispas y rescoldos.
La
vida y la muerte
se fusionan en una danza
se fusionan en una danza
de
volutas de humo,
llamaradas de vida corta,
llamaradas de vida corta,
chispazos
y llamas
que
lamen los rescoldos crepitantes,
produciéndose
esa danza del fuego,
volátil, anárquica,
al mismo tiempo peligrosa y serena,
donde se funde el movimiento
de los ígneos danzantes.
volátil, anárquica,
al mismo tiempo peligrosa y serena,
donde se funde el movimiento
de los ígneos danzantes.
sábado, 23 de febrero de 2013
A Frank Ruffino, poeta de Costa Rica
Frank, amigo, ¿no oyes
la resonancia
de las campanas detenidas
cuando tus versos,
saetas
centelleantes,
reverberan al pasar junto a ellas
incendiados por
tu fuego interior?
Tu transmutación acelerada
no se compadece con tu ciudad
desconocida y calma.
Tus versos son notas arrancadas
de lo profundo de ti,
sonar de tu íntimo
campanario,
expresión de tu contención y reserva,
que suenan más allá
de las colinas de Tilarán,
y empujados por tu fuerte viento,
atravesando el océano,
repican en mis montañas madrileñas
aportándome resonancias nuevas,
deshaciendo mi personal borrasca.
Frank, poeta,
el abismo no existe,
los cuervos huyeron
ante tu fortaleza,
y remontaste el vuelo,
con tu furia de siempre,
haciéndome llegar tu palabra,
definitivamente
palabra de hombre y de poeta.
viernes, 22 de febrero de 2013
El niño azul.
«¡Santos, Santooos...! —gritó Gabriel mientras agarraba con todas sus fuerzas por las patas traseras a un conejo gris que intentaba zafarse dando estirones fuertes y convulsivos—, ¡un conejo enorme, corre!»
Trotando entre los matorrales apareció un niño pequeño y delgado. Tenía el pelo negro, la piel oscura curtida por el sol, unos ojos claros de gran viveza y unas orejas de soplillo que le daban un aspecto travieso y simpático. Vestía un pantalón corto de pana marrón sujeto por un cinturón de cuero muy desgastado por el uso y una camisa de manga corta que podría ser blanca si no fuera por las manchas de barro y de resina que la cubrían casi en su totalidad. Calzaba unas alpargatas con suelo de goma negra y llevaba en una de sus manos una vara larga y flexible.
—¡No le dejes escapar, sujétalo con todas tus fuerzas, que ya llego! —Se acercó a Gabriel y, cogiendo al conejo por las orejas con gran maestría, deshizo el lazo de cobre que rodeaba su cuello.
—Este lazo es del guarda de la finca de Don Manuel. Ya podemos salir corriendo, porque si nos pillan nos desloma.
—Vuelve corriendo a tu casa con el conejo —dijo Gabriel recogiendo su vara— y llévatelo antes de que nos vean. Yo volveré a poner el lazo en su sitio.
Mientras Santos corría velozmente por el monte, Gabriel rehízo el lazo de cobre, aseguró la estaquilla al borde de la senda por donde solían pasar los conejos y, lanzando una última mirada de satisfacción al artilugio, emprendió una rápida retirada en dirección a la casa de su amigo. Le asombraba que los conejos cayeran en un lazo tan pequeño y que la estaquilla resistiese los saltos angustiosos que daban al sentirse aprisionados por el cuello.
El sol de agosto brilla con tanta luz que los ojos se ponen rojos si te atreves a mirarlo. El cielo es de un azul intenso y el calor se hace a veces insoportable. Gabriel corrió agachado entre las matas para evitar ser visto si alguien paseaba por el campo. Sentía la emoción del furtivo y el orgullo de haber sido él quien localizó al conejo atrapado en el lazo. El suelo estaba caliente y de la solana se desprendía un vaho con olor a tomillo. En su carrera ni siquiera notaba los arañazos de los matojos en sus piernas, sorteando intuitivamente los obstáculos que se le presentaban, saltando regueros, rodeando zarzales, pero siempre siguiendo el rumbo que tan bien conocía en dirección a la casa de su amigo. De cuando en cuando espantaba algún saltamontes, que de un salto se escabullía entre las jaras. Vio pasar fugazmente una lagartija con su cabeza erguida y su rabo haciendo las veces de timón. Un verdejo voló sobresaltado en dirección al valle.
Al cabo de un tiempo que le pareció eterno, pudo divisar la casa de Santos. Era una casa con la fachada de piedra, de un piso, con tejado de láminas de pizarra, situada a las afueras del pueblo. Las piedras eran de granito y estaban unidas por un cemento que en su momento debió ser blanco pero que ahora tenía un color ocre. Algunas de las tejas de pizarra estaban desportilladas y de las hendiduras sobresalían hierbajos resecos por el sol. Las dos ventanas de la fachada tenían reja, pero la puerta de la casa estaba siempre abierta, oculta por una persiana de paja de color verde que llegaba hasta el suelo para permitir pasar el aire y resguardar el interior del calor. Adosado a uno de sus costados había un cobertizo que servía de gallinero, fabricado parte con planchas de madera y parte con una alambrada. Aunque las gallinas se movían por
los alrededores de la casa picoteando el suelo con toda libertad, la madre de Santos las encerraba todos los días al anochecer para protegerlas de las alimañas, atrayéndolas con pienso o granos de cebada. Delante de la casa había una pileta de piedra que servía para lavar la ropa. Una bicicleta marrón se apoyaba contra una encina grande situada a pocos metros de la puerta; tenía a su lado un banco de granito de una sola pieza.
Al acercarse a la casa pudo oír a Santos hablar en alta voz con su madre:
—Te juro que lo hemos cogido entre Gabriel y yo. De verdad que no es de cepo. Yo lo espanté hasta una zarza y, como no tenía salida, enrollamos su piel con la punta de la vara y tirando hacia nosotros lo cogimos.
—Santos, dime la verdad, que como me mientas te la vas a ganar.
—Te juro que es verdad, madre, y si no que me parta un rayo.
—No jures —contestó la madre, dando un pescozón a su hijo—. Mira, ahí viene Gabriel y ya veremos si ha ocurrido como tú dices.
Al llegar Gabriel a la puerta de la casa, Santos se le acercó presuroso.
—¿Verdad que este conejo lo hemos cogido nosotros en un zarzal con la vara? —Le dijo casi gritando.
La madre de Santos miró a Gabriel, que no supo qué decir y le dirigió una sonrisa mezcla de impotencia y resignación.
—Está bien, está bien —dijo—, lo llevaré a la cocina y mañana le invitaremos a Gabriel a comer.
Santos lanzó un suspiro de alivio y se sentó en el banco de granito con cara de triunfo.
—¿Y Quico? —preguntó Gabriel.
—Voy a por él —contestó Santos.
Se levantó y entró en la casa ladeando la cortina verde. Al poco rato salió arrastrando una hamaca de lona plegada acompañado por un niño de unos siete años de edad. Montó la hamaca a la sombra de la encina y ayudó al niño a recostarse en ella.
Quico se parecía mucho a su hermano, pero era muy delgado y de tez pálida. Cuando Gabriel le conoció quedó impresionado por la sensación de fragilidad que producía. Quizás se debiera a que, aunque podía moverse por él mismo, siempre había alguien cerca de él que le cogía del brazo o de la mano con aire protector. Su piel era muy blanca, casi transparente, y tenía un ligero color azulado que se oscurecía alrededor de sus ojos. Andaba con precaución, como temiendo caerse en cualquier momento, y daba la sensación de estar siempre cansado.
—¿Qué le pasa a tu hermano? —preguntó Gabriel.
—Nada —respondió Santos en un murmullo, casi sin dar importancia a la pregunta—, es un niño azul.
Gabriel calló, aceptando la respuesta de Santos sin indagar más, en parte para no demostrar su ignorancia y en parte porque presentía que profundizar sobre el asunto podría molestar a su amigo.
Quico se recostó en la hamaca con aire cansado y dijo:
—Sois unos tíos estupendos. Me tenéis que llevar con vosotros al monte. Seguro que cogemos un conejo grande, grande, entre los tres.
Santos pasó su brazo alrededor de los hombros de su hermano y le dijo:
—Iremos cuando te encuentres más fuerte, Quico. Con tu ayuda no hay conejo que se escape.
Gabriel nunca olvidó la ternura con que Santos respondió a su hermano. El hecho de que Quico fuese su único hermano y estuviese tan imposibilitado físicamente le hacía sentirse un poco su protector, pero siempre procuraba comportarse de una forma natural, espontánea, para evitar cualquier referencia a su enfermedad. Nunca hablaba de ella y, cuando los chicos del pueblo, infantilmente inconscientes, se burlaban de la debilidad de Quico y de su color azulado, hacía frente a las burlas y más de una vez se enzarzó en una pelea con ellos, rodando por los suelos, indignado ante los ataques de que era objeto. Para él, Quico era lo más querido del mundo y toda la hombría que poco a poco se iba consolidando en su cuerpo de niño se ponía inconscientemente a su servicio, creciendo, consolidándose, como un borrador de lo que en el futuro iba a ser ese niño-hombre.
Gabriel y Santos se sentaron en el suelo alrededor de la hamaca y los tres niños comenzaron a charlar animadamente. Hablaban casi a gritos, interrumpiéndose, quitándose la palabra llenos de excitación. Quico estaba feliz. Se incorporaba sobre la hamaca y les miraba alternativamente a medida que hablaban. Sus ojos marrones tenían un brillo intenso que resaltaba sobre el fondo azul oscuro de sus cuencas. Parecía una crisálida que intentaba salir de su receptáculo-hamaca para integrarse en la vida que le rodeaba, en el bullicio y la alegría de unos niños que encarnaban la felicidad.
—De mayor vamos a tener una finca muy grande, que llegue casi hasta el Guadarrama y cazaremos los tres sin que nadie nos lo prohíba. Y tendremos escopetas del doce, como la del tío Jacinto.
—Y tendremos un perro.
—Y haremos una guarida entre las jaras donde nadie podrá encontrarnos.
—Y por la noche haremos hogueras.
—Y nos bañaremos en los regatos.
Mientras los niños hablaban, la madre de Quico les miraba enternecida desde la puerta de su casa. No supo si fué por la luminosidad del sol del atardecer o por el esfuerzo al mirar a los niños desde lejos, sintió de pronto una lágrima bajar despacio por su mejilla. La enfermedad del corazón había castigado sin piedad a su hijo. Miró hacia el cielo azul y secó su lágrima con el dorso de la mano.
domingo, 17 de febrero de 2013
RÁFAGA.
El trémolo en la noche, la crecida
del sonido del sur en barlovento,
la guitarra, la brisa, el aire, el viento,
la ráfaga en su origen prometida.
El singular punteo, la medida,
la intensidad del movimiento,
la pasión andaluza del momento
la danza de los quiebros sostenida.
De repente, ejecución de rasgueados,
la carrera veloz de pulsaciones,
el virtuosismo lacerante en frío,
y siempre en los acordes ya pausados,
desde el tenso temblor
de los bordones,
el silencio andaluz, tan hondo y mío.
Soneto dedicado al maestro Joaquín Turina por su obra "Ráfaga".
Soneto dedicado al maestro Joaquín Turina por su obra "Ráfaga".
ES URGENTE ESCRIBIR
Es
urgente escribir,
transmitir
percepciones,
poetizar
valores,
porque
las hortensias se mueren
y los
bosques están preparándose
para
acoger el otoño.
Es
urgente escribir
porque
las palabras crean vida.
comunican
las almas,
generan
movimiento,
renuevan
las ideas.
.
Es
urgente escribir para transmitirnos
nuestras
incertidumbres,
nuestros
ideales,
nuestras
vivencias,
porque la
yerba dejará de crecer
y llegará
el invierno.
Es
urgente escribir
con las
palabras de siempre,
¿por qué
palabras nuevas
para
nuestros sentimientos?
Las
hojas, quemadas por el sol del verano,
dejarán paso
a nuevos brotes de vida
en
nuestra piel de poetas.
miércoles, 13 de febrero de 2013
MI GENTE.
(Homo locum ornat, non hominem locus (Carisio)
Mis paisanos tienen
la misma naturaleza de mi tierra;
son jóvenes sarmientos,
flexibles y enraizados
en el mismo tronco que yo.
Nacieron del mismo barro,
entre chumberas y cardos,
se abrieron paso entre piedras y alcaparras,
bebieron el mismo agua,
la savia de mis ancestros,
y se convirtieron
en yemas latentes,
vitales, fulgentes,
siempre mirando al cielo
como las uvas de mi tierra,
duras por fuera,
dulces en su interior.
Por sus venas fluye
la savia cítrica de los limoneros,
de su piel emanan
aromas de azahar
y su vida ha florecido
entre almendros y olivos.
De ellos he recibido el temple,
mi memoria
y algunas cosas más.
En ellos he recobrado mi historia
y devendrá mi porvenir.
Por ellos he vuelto
a mi casa de piedra,
a mi balcón,
y me siento en el poyo de la puerta,
en el abrevadero,
junto a los mulos,
para recordar las canciones de mi infancia,
reinventar mis amores de niño
soñar con el rostro de mis padres
mientras tiembla mi cuerpo
y templo las velas
de mi espíritu
hasta precisar que
todo
lo he recibido de ellos.
lunes, 11 de febrero de 2013
Con las palmas de mis manos
Yo rodeo tu cintura
con las palmas de mis manos
y beso tu tierno pelo
y te recojo en mis brazos
para que no te me pierdas
y te alejes de mi lado.
Yo te recuesto en mi pecho
y te voy acariciando
transmitiéndote el calor
de mi cuerpo enamorado,
sintiendo cómo se cruzan
nuestros latidos exactos
y beso tu suave pelo
y estrecho más nuestro abrazo
porque no quiero que nada
te separe de mi lado.
¿Qué piensas cuando te beso?
¿Qué sientes cuando, temblando,
te rodeo la cintura
con las palmas de mis manos
y te entregas dulcemente,
prisionera vas quedando,
al mismo tiempo indefensa
y defendida en mis brazos?
Yo beso tu frente blanca,
beso tus ojos cerrados,
tus mejillas encendidas,
tus pómulos sonrojados
y beso tus labios tiernos,
prisionero voy quedando,
mientras ciño tu cintura
con las palmas de mis manos.
viernes, 8 de febrero de 2013
ANSIA DE SER.
No tener,
no haber sido
arropado en cunas que no existieron
dentro de mí,
y llegar a ser
saliendo de la nada
que no es.
Solo existo
dibujado en mi fantasía,
mecido en la evanescencia
de ángeles,
arcángeles,
dioses caídos
y renacidos
que no son.
No tener
ni ser
ni soñar,
perdido,
angustiado,
difuminado,
reflejado en la nada
que no es.
La oscuridad
–negro rejón de muerte–
sobre mis ojos ciegos,
sin poder ver la luz
que acune la vida
de mi ser.
El ser y la nada,
entreverados en el sueño vital
de mi búsqueda,
sin orgasmos,
cunas, ángeles
o monstruos,
sin generar realidades o ensueños
porque nada nace
ni es.
Quizás un rayo cósmico
escapado de una masa vacía,
de esa nada soñada,
pueda crear
en mí
la sensación de
nacer y vivir
para, como entelequia,
ser.
martes, 5 de febrero de 2013
LIBRO "DENSIDADES".
Acabo de editar un libro de poesías
que se llama “Densidades”. No es más que eso, un libro de poemas escritos en mi
atardecer, recuerdos, sensaciones, miedos interiores, algún grito de esperanza y
un deseo imperioso de comunicar. Este libro, cuarto de lo publicados
directamente por mí, tiene 250 páginas y contiene tres poemarios; “Densidades, El café de las
sorpresas y Diez poemas para el amor incierto”. Creo que sabéis que yo amo
profundamente la poesía y que trato de comunicar este amor a través de mis
publicaciones. He procurado profundizar en este libro sobre mis experiencias
personales y hablar de mis encuentros con la realidad del mundo que me encontré
en mi adolescencia. Si queréis conocerme mejor compradme este libro. Es una compilación de
poemas escritos en endecasílabos y alejandrinos asonantes, haykus, tercetos,
sonetos y versos absolutamente libres,
acompañados de dibujos y fotografías en color. Yo soy el escribidor y todo lo
que he hecho me ha costado mucho tiempo, esfuerzo y dinero. No tengo valedores,
nadie me introduce el libro, pero creedme: pienso que lo escrito merece la
pena.
El libro “Densidades” tiene un
precio de 15 euros y enviado gratuitamente a la dirección que señaléis dentro
de España. Puede ser pedido a la editorial NORMA-CAPITEL en Európolis, calle V,
nave 16B, 28230 LAS ROZAS- MADRID
Teléfonos: 916377414 – MOVIL 627405777
rpa@norma-capitel.com
También podéis hacerlo escribiéndome
directamente a mí:
fernandojontiveros@hotmail.es
CTA Banco Santander Nº: 0049 0496 8 3 2010037953
CTA Banco Santander Nº: 0049 0496 8 3 2010037953
Mis libros editados anteriormente
se han agotado, excepto 5 ejemplares. Por
ello, si alguno de vosotros desase adquirir los cuatro ejemplares que muestro
en la fotografía, podría comprarlos por 50 euros.
Gracias por vuestra atención. Con
todo mi afecto. Fernando Jiménez-Ontiveros Solís.
domingo, 3 de febrero de 2013
Un momento-
Caminábamos juntos
mis manos
en tus hombros
tus manos
en mi cintura
y no existía el tiempo.
Sólo existíamos
nosotros,
nada más tú y yo
caminando,
hablando,
soñando
sintiéndonos,
amándonos.
Sentí de cerca tu aroma
al besar
tu mejilla
mirándote
a los ojos
como pidiendo disculpas.
Tú me sonreíste
con ternura
y seguimos
caminando
hablando,
soñando,
sintiéndonos,
amándonos.
martes, 4 de diciembre de 2012
Sentados en un banco.
Sentados en un banco del paseo
dejamos que cayese la lluvia de otoño,
sintiendo sus gotas
deslizarse lentamente sobre nosotros,
arrastrando fluidos y aromas
en un ambiente de vahos y humedades.
Deseé que no volviera a salir el sol,
que sólo brillara la luz de tus ojos
y que tu aroma no se perdiera en la brisa,
convirtiéndose en gotas de perfume
que impregnasen mi piel.
Tú, la deseada,
la reflejada en el iris de mis ojos,
bella bajo la lluvia,
transmitiendo amor,
despertando ensoñaciones sobre un banco
que quizás otros,
quizás también nosotros.
habíamos imaginado.
Las hojas de los árboles descendían
a intervalos, brillantes, doradas,
y el suelo se escondía bajo el lento,
arrítmico vaivén de las hojas caídas.
Un sentimiento de ternura,
de cálido entendimiento,
se apoderó de nosotros
al contemplarnos en el silencio
del atardecer de nuestras vidas,
en el otoño de nuestro trayecto vital.
Vi de nuevo tu imagen
reflejada en el iris de mis ojos,
esta vez borrosa,
quizás por las gotas de la llovizna,
y te apreté firmemente en un abrazo.
domingo, 2 de diciembre de 2012
EXORDIO
EXORDIO
(Introducción peronal a mi nuevo libro "Densidades"
A veces el silencio deja pasar a la palabra
cuando la luz del día se extingue
y estoy solo en mi mesa,
leyendo, meditando, escribiendo.
¿Por qué me dieron los dioses la palabra,
qué sentido tiene utilizarla
si no es para comunicarme con los demás
y recibir de ellos la sustancia de la vida?
Abro los libros y viene la palabra,
siempre distinta, creativa,
y me envuelve su densidad,
me acaricia su cercanía,
cuando puede que su origen
venga de un tiempo muy lejano.
Escritores, científicos, poetas,
me otorgan su palabra y yo,
mientras llega la noche,
la acepto, la asumo, y mi espíritu
renace ante su presencia.
Amo la palabra.
Creo firmemente que estoy recibiendo
desde la profundidad de los tiempos
y la cercanía de las cosas
la tarea de comunicar a los demás
las ideas e intuiciones que recibo
a través del prodigio de la palabra poética.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Muerte en el hospital
Una lágrima enturbia
el iris de mis ojos,
un olor de anestesia me envuelve
mientras avanzo
entre camillas aparcadas
y convalecientes que deambulan
cosidos a tubos de plástico;
sangre,
orines,
zapatillas de fieltro,
batas verdes
que cruzan fugaces.
Sigo caminando
por pasillos asépticos,
entre rosas rojas,
y llego a un número cierto,
ya identificado.
Abro una puerta imaginada;
te miro
a través del iris turbio por las lágrimas
y te grabo para siempre
en mi memoria
hasta nuestro reencuentro.
viernes, 23 de noviembre de 2012
A una muñeca.
Es una muñequita de ojos azules y cabellos dorados,
una corza blanca que brinca sobre la nieve,
un hada que tiene una varita mágica.
Cuando me golpea con su varita
el ratón se convierte en caballo
y la calabaza en un coupé.
Es y no es, está y no está;
cuando suena el reloj, ding-dong, se desvanece
y sólo queda de ella
un aroma de rosas y alhelíes.
Sus pies son de charol y sus labios de terciopelo,
habla con los ojos y dice sí-no-sí-no,
y cuando se mueve suena un frú-frú
de faldas y enaguas.
Es una porcelana blanca con dibujos dorados,
una gaviota que sobrevuela el mar.
Cuando se convierte en ola marina
rompe el acantilado,
lo convierte en arena y lo mete en un reloj.
Cuando se acaba la arena se desvanece en un tris-tras,
quedando sólo de ella
un aroma de algas y profundidades marinas.
Es un hada mágica, de nácar transparente,
que se ha metido dentro de mi corazón
y me golpea con su varita mágica
acelerando sus latidos, tic-tac-tic-tac
las 24 horas de mi largo día.
viernes, 16 de noviembre de 2012
Carmencita jugando
Tu azotea es un lugar de ensueños,
de silencios, de soledades,
donde se extiende
la delicia de una niña en cuclillas
jugando con maternales enseres.
No hay nada más allá de la baranda,
el mundo se ha conformado aquí
y es donde vives, amas, juegas,
con la intensidad de una realidad distinta,
con la emoción de un mundo nuevo.
Te miro rodeada de nubes
que sobre ti envidian tu azotea
porque está llena de vida
y de ternura; te imagino,
Carmencita querida,
recibiendo a los ángeles
que bajan por una escalera de colores
a jugar con tus cosas
y a compartir tu soledad de niña.
Al cuadro del pintor Antonio López ”Carmencita jugando
martes, 13 de noviembre de 2012
Tú y yo
Tú y yo hemos encontrado juntos
una abertura
entre montañas de dogmas y recelos.
Hemos recibido la claridad
de los momentos únicos y emotivos
de nuestro amor incierto,
soslayando amenazas míticas,
sintiéndonos
sobrecogidos y temerosos
por gozar la limpia fusión
de nuestras almas y nuestros cuerpos.
Tú y yo.
Lo demás no importa.
Vuelan los pájaros sobre los bosques y montañas,
destellan los charcos,
abre el viento caminos entre las nubes altas,
enciende el sol la tierra,
zumba la moscarda,
doblan las campanas,
silban las culebras,
y se ciernen sobre nosotros las alegorías,
las leyendas bíblicas,
los límites,
los mantras,
mientras nosotros estamos viviendo
nuestro espacio de libertad,
aprendices de la lucha en esta guerra
creada por nuestro entrañable y valeroso amor.
¿Te das cuenta
que nos amamos,
que solo existimos nosotros
fusionados por el amor esencial
gracias al cual
yo estoy en ti y tú en mí?
¿Verdad que nuestra vida es ahora maravillosa,
que nuestra entrega es especial,
que ha valido la pena nuestra mutua atracción?
El amor que estamos viviendo,
nacido desde la hondura,
es ahora plenamente aceptado por la brisa,
los pájaros,
las nubes,
los charcos plateados
y las campanas que suenan
movidas por el viento de nuestra pasión,
inédita,
que nos hace respirar un aire nuevo
lejos de las oscuras profundidades
en que se ocultaba.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Juan Ramón, Miguel, Antonio
Juan Ramón, Miguel, Antonio,
esperadme
mi intolerable retraso
perdonadme
si me obsesionan mis versos
relajadme
si me obsesionan los vuestros
recordadme
si arribo antes de tiempo
situadme
cerca de vuestras esencias
elevadme
si ha fallado mi sustancia
inspiradme
y si caigo en la tristeza
consoladme
cuando yo esté preparado
llevadme
si cometo alguna falta
rechazadme
antes de iniciar el viaje
avisadme
y si llego hasta vosotros
preparadme
porque yo os debo mi verso
recordadme
porque me siento muy solo
acompañadme
y en vuestro insondable espíritu
habitadme.
sábado, 3 de noviembre de 2012
La palabra.
A veces el silencio deja pasar a la palabra,
cuando la luz del día se extingue
y estoy solo en mi mesa,
leyendo, meditando, escribiendo.
¿Por qué me dieron los dioses la palabra,
qué sentido tiene utilizarla
si no es para comunicarme con los demás
y recibir de ellos la sustancia de la vida?
Abro los libros y viene la palabra,
siempre distinta, creativa,
y me envuelve su densidad,
me acaricia su cercanía,
cuando puede que su origen
venga de un tiempo muy lejano.
Escritores, científicos, poetas,
me otorgan su palabra, y yo,
mientras llega la noche,
la acepto, la asumo, y mi espíritu
renace ante su presencia.
Amo la palabra y en ella me adentro
buscando símiles, significados
y creo firmemente que estoy recibiendo
desde la profundidad de los tiempos
o la cercanía de las cosas
la tarea de comunicar a los demás
esas ideas, esas intuiciones que recibo
a través del prodigio de la palabra poética.
jueves, 25 de octubre de 2012
Cuando pienso que existes
Cuando pienso que existes
y estás a mi lado,
sólo el permanecer importa,
estar en silencio
pensarte
adivinar tu mirada,
delinear tus márgenes,
abrazar tus pensamientos,
saber que vives conmigo
y en mí.
No existe ya el tiempo de la incertidumbre,
sólo de la verdad
y el asombro.
Cuando me miras y sonríes
en tus manos recibes mi alma
fascinada por esta permanencia,
y se vuelven tan cercanas tus cosas,
se condensan tanto mis sueños,
que las lágrimas
tienden a evadirse de mis ojos.
No tengo valor para dejar de mirarte,
te necesito tanto,
me desconciertas tanto,
que yo tampoco de ti podría evadirme,
porque tus ojos son mis ojos
y tu encanto mi encanto.
Si te hablo de amor
es de mi entrega,
de mi permanencia en ti,
y es en tu esencia
donde quiero encontrarme
unidos con un vínculo eterno,
inalterable,
por la suavidad de tus manos
y la ternura de tu mirada.
´
jueves, 18 de octubre de 2012
NICOLÁS
Amigas, amigos: este es mi nieto Nicolás, enviado por los dioses para enloquecerme y ayudarme a superar las penas de esta vida..
Es mi nieto número 10, como son mis " Diez poemas sobre el amor incierto"
Un saludo poético.
domingo, 14 de octubre de 2012
Una pausa.
Una pausa, una breve pausa. Fernando cree que su poesía no llega a nadie, que no es una poesía actual y, por tanto, no interesa. El problema de sus poemas es que no insultan, no maldicen, no reivindican, enredados en metáforas poéticas. Algunas almas caritativas los leen y con sus comentarios, me animan a seguir.¿ A seguir hacia donde? Nunca he pretendido nada (¿necesitaré una corrección de estilo?) y nunca he querido ofender a los que piensan de una manera diferente a la mía. Nunca he pretendido pasar por un "leader". Por tanto, creo que es prudente hacer como alguna vez hizo Emilio Gómez: retirarme a mis cuarteles de invierno. Guardo, eso sí, con cierta añoranza el aroma de algunos poemas de verdaderos poetas,. Alguno, por ejemplo, de Soledad Sánchez, Fernando Varela, Juanjo Domínguez. de "El tendedero"...
Aquí me tenéis, amigos, yo seguiré con mis lecturas, mis momentos de silencio, mi ilimitada comprensión a los que pretenden ser poetas sin serlo y rezo (Sí, rezo ¡qué escándalo!) para que tengan suerte, al mismo tiempo que medito sobre el daño que producen y sus siempre indeseadas consecuencias.
jueves, 11 de octubre de 2012
Diez poemas sobre el amor incierto IV
La explosión de las tendencias
Cuando me despierto
en la penumbra
y acierto a distinguir las líneas de su cuerpo,
luminiscente, terso,
y miro dócilmente la armonía de su diseño
nacido de la luz,
antes imaginado,
ansío
activar nuestros instantes
en una desmesurada invasión de nuestro tiempo.
Existen razones
que me unen a su grandeza
desde mi frágil equilibrio:
la generosidad nacida de un ser superior
y la adhesión sin condiciones de mi amor incierto,
extraído de la hondura de mis edades
y desde siempre escrito
en el tejuelo de mi libro vital.
La marea se convirtió en una tormenta,
las olas rompieron la estructura del puente
anegando las razones y los principios,
produciéndose la explosión de los sentidos
en una amalgama de amor y de pasión
que el timón no pudo superar.
¿Por qué resistir la fuerza de las olas?
La invasión de las nuevas ideas nos renace,
crea una nueva manera de amar,
sustituye las antiguas sensibilidades
por una explosión de los sentidos
que nos lleva, finalmente,
a los pies del ser superior
en un desmayo de querencias y voluntades.
Ya no hay penumbra.
Brilla la entrega nunca imaginada,
la percepción de la derrota de la angustia
y la victoria de la realidad,
esplendorosa y vital,
íntima y personal,
en la búsqueda de un nuevo viaje
hacia la conquista del amor incierto.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Ansia de ser
Ansia de ser
No tener,
no haber sido
arropado en cunas que no existieron
dentro de mí,
y llegar a ser
saliendo de la nada
que no es.
Solo existo
dibujado en mi fantasía,
mecido en la evanescencia
de ángeles,
arcángeles
dioses caídos
y renacidos
que no son.
No tener
ni ser
ni soñar,
perdido,
angustiado,
difuminado,
reflejado en la nada
que no es.
La oscuridad,
---negro rejón de muerte---
sobre mis ojos ciegos,
sin poder ver la luz
que acune la vida
de mi ser.
El ser y la nada,
entreverados en el sueño vital
de mi búsqueda,
sin orgasmos,
cunas, ángeles
o monstruos,
sin generar realidades o ensueños
porque nada nace
ni es.
Quizás un rayo cósmico
escapado de una masa vacía,
de esa nada soñada,
pueda crear
en mí
la sensación de
nacer y vivir
para, como entelequia,
ser.
viernes, 5 de octubre de 2012
Diez poemas sobre el amor incierto III
III
La dispersión de los sentidos
Sobre mi piel
dibujada por los años,
estremecida al fin por la hondura
del amor incierto,
rotos los esquemas precisos,
olvidados el temor y los recelos,
se desbordan los sentidos
en una tormenta de ternuras y afectos.
Todo es dependencia,
mutuo enlace,
pasión,
emergencia desde la profundidad
para reclamar la verdadera condición,
sentir el pulso,
vivir la nueva realidad,
aceptar el sometimiento del espíritu
con la docilidad implícita del viejo navegante
que, envuelto por la nueva marea de los sentidos,
se ve impulsado por la esperanza
hacia este hallado
y deseado nuevo amor.
La efusión de los sentidos nubla mi mente,
incapaz ahora de establecer las defensas,
precisar las respuestas,
doblegar el ímpetu
abierto nada más al nuevo y hondo valor
de estas sensaciones.
Quebrada la resistencia,
abierto el conceder,
solo queda la entrega absoluta
en un torbellino de anhelos incontenibles
que me conducen a la plena aceptación
desde la humildad de mis nuevos esquemas;
a la superación del desaliento,
convocando mi último esfuerzo,
para insertarme en el amor incierto.
lunes, 1 de octubre de 2012
Diez poemas sobre el amor incierto II
II
Apología de la accesión
Cisura de convicciones,
antes sólidas;
inabordable rotura de esquemas
desde dentro del ser,
sumisamente aceptada,
hondamente asumida
desde el loco anhelo
de vivir
la nueva naturaleza del amor.
La realidad ha roto el paño de la cerradura,
y la accesión al amor incierto
abre el arcano de los años precisos;
derrama las nuevas sensaciones
rompiendo certezas
y deifica al Ser Superior,
ahora hallado,
suplicando la entrada a su reino
en una entrega total.
Dejarse llevar:
esa es la respuesta.
Acceder sin defensas
con personal entrega;
inundarse
del nuevo aroma con humildad;
aceptar sus tiempos y sus normas
entregando la voluntad,
la íntegra donación,
viviendo la disciplina y la amada obediencia
ante su poder absoluto.
Si a veces el nervio se yergue
y la noche oscura apaga la voluntad de acceder,
desbórdese
la capacidad de entrega,
rómpanse los viejos esquemas
y predomine el desasimiento,
la dulce entrega,
la aceptación de los tiempos y los márgenes
en ilimitada donación de mente y materia.
Ya no hay vuelo de pájaros, ni nubes negras,
ni tormentas de ruido y cercanías;
solo la quietud del anonadamiento
y el silencio.
El desmayo íntimo,
profundo
ante lo inmensamente superior,
en una quiebra total de los conceptos
que antes eran indestructibles y absolutos.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Diez poemas sobre el amor incierto
I
Honduras del amor incierto
De repente,
un temblor abisal agita la esencia de los amores ciertos
y surge
a través de las grietas que separan, irregulares,
las piezas del ser
en un desgarro de actitudes y vanidades.
Es la hondura del amor incierto,
que nace del calor interior de los sentidos,
que identifica los signos
y recupera la identidad del hombre
con el hombre.
La emoción del encuentro
es una danza alegre,
inicialmente sincopada
de nuevas realidades abiertas,
virtud exacta del delirio,
invasión de aromas nuevos,
pulsación de una vida renacida.
Las puertas se abren en silencio
y el interior
descubre identidades,
quiebra los misterios,
recupera la luz,
normaliza vivencias y criterios,
y recibe la paz oculta,
ahora deslumbrante por su lógica naturaleza.
La expresión del nuevo amor,
al percibirse con toda claridad,
desdibuja la línea roja,
abriendo fisuras de increíble placer
- apenas soñado -
desde la hondura del amor incierto.
Ahora no hay distancias,
hay libertad de expresión ilimitada,
honestidad con uno mismo
y un cálido desbordamiento de pasiones
a través de las grietas producidas
por aquel profundo temblor
en la esencia de nuestros amores ciertos.
martes, 18 de septiembre de 2012
Mi nacimiento.
Era una noche clara, luz de luna creciente,
el Guadarrama hacía las veces de frontera
de los primeros rayos del sol de primavera
y el canto de los mirlos se anunciaba inminente.
Y yo nací, supongo que de una forma mágica,
fruto de un artificio que nunca fue aclarado,
desnudo, vacilante, y muy desconsolado
bajo una luz hiriente de lámpara trifásica.
No recuerdo detalles, yo soy desmemoriado,
pero, según contaron los que pudieron verme,
mi tórax era fuerte, costaba sostenerme,
era largo de piernas y bastante delgado.
Nunca sabré la razón del llanto de mi gente
al ver un nuevo intruso en medio de su vida,
fueron quizás sus gotas licor de bienvenida
o el agua bautismal para el nuevo ser naciente.
Los mirlos entonaron un canto melodioso,
la luz de la alborada entró por las ventanas,
mis ojos se durmieron al bajar las persianas
y caí fulminado por sueño comatoso.
martes, 4 de septiembre de 2012
Bucólica.
El remanso de un río permite que se reflejen
las hojas de los chopos lindantes,
¿No es hermosa la quietud de las aguas,
sólidas, estancas, profundas?
Apenas un ligero temblor en su superficie
al rozar la brisa la limpidez de su espejo,
un rumor de hojas trémulas,
quizás el canto de un mirlo,
o algún convulso movimiento
en la profundidad del remanso
orquestan la sinfonía de las aguas claras,
de la vida quieta e inalterable.
¿Verdad, amor, que aquí nos sentimos una vez
unidos en nuestras esencias,
aliados ante la densidad de los chopos,
inmersos en el sosiego del momento?
No me avergüenza escribir
un poema romántico, idealizar bucólicamente
nuestro instantes de entrega,
recordar aquellos momentos felices
de nuestra soledad de enamorados.
A veces me desconcierta ser siempre
lo que se tiene que ser,
olvidando acaso que la felicidad
consiste en elegir, en escoger,
al margen de los compromisos
de la sociedad que nos domina.
Este silencio verde de los chopos,
reflejado en las limpias aguas del remanso,
ese acorde musical de los mirlos,
el olor húmedo de la brisa,
y la caricia del agua en la ribera,
todo tan cercano y evidente,
es un regalo de aquellos dioses
que tan lejanos suelen estar
de nuestros pensamientos.
Recuerdo intensamente tu cabello al aire,
los efluvios de tu cuerpo
la suavidad de tus manos,
la delicia de tu voz
y tu evanescente mirada alejándose
hacia las altas ramas de los árboles
mientras mis ojos perdidos
recorrían tus márgenes,
inmersos en la belleza del encuentro.
Puedo sentirme anonadado
al recordar aquellos bucólicos momentos,
y desearía cantar como un juglar occitano
las esencias de mi dama,
el perfil bucólico de nuestro momento,
pleno de romanticismo y de libertad.
Regresaré a ese instante de nuestro amor
siempre que mi ánimo desfallezca
y, si los dioses lo permiten,
allí acamparé entre la yerba
y los chopos frondosos,
recordando tu imagen
cerca de las riberas del remanso.
sábado, 4 de agosto de 2012
Amanecer de enamorados.
Cuando al amanecer busco a mi lado
la emoción de encontrarte
y hallarme con tu cuerpo deseado
y tropiezo tu mano, aún dormida,
la ilusión de buscarte
y de hallarte de nuevo renacida
quiero volver a verte, enamorada,
con tu vestido blanco
y de flores de acacia coronada
porque casarte quiero, novia mía,
y renovar mi amor
con otro amor creciente cada día.
y hallarme con tu cuerpo deseado
y tropiezo tu mano, aún dormida,
la ilusión de buscarte
y de hallarte de nuevo renacida
quiero volver a verte, enamorada,
con tu vestido blanco
y de flores de acacia coronada
porque casarte quiero, novia mía,
y renovar mi amor
con otro amor creciente cada día.
La luz del alba rompe en la persiana
y se anuncia inminente,
con un canto de mirlos, la mañana.
Yo acaricio tu pelo y voy besando
tus ojos y tus manos
recorriendo tu cuerpo, caminando
tu piel en caricias caprichosas;
mientras, tú te despiertas,
descubres el contorno de las cosas
y me ofreces enamoradamente tu hermosura,
mirándome a los ojos,
en una entrega plena de ternura.
¿Eres mujer o niña, o palpitante
pájaro que se estremece
con la caricia viva de tu amante?.
Niña o mujer, paloma prisionera,
en este amor primero
de la mañana cierta yo quisiera
retener tu presencia así sentida
y fundirme en tu cuerpo
paralizando el curso de mi vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















.jpg)



