lunes, 26 de septiembre de 2011

La noche y los niños.



Tumbas de niños en Lekeitio.
(Fotografía de Paloma Jiménez-Ontiveros)


La noche y los niños.

La oscuridad resbala
por las laderas de los montes,
derramándose lentamente
sobre la superficie de la tierra,
apagando sus calientes latidos,
destapando los ruidos de la noche
bajo la mirada cómplice de las estrellas
que van surgiendo, simultáneas y brillantes,
en los espacios infinitos,
y la tierra queda invadida por la oscuridad.

¿ Cómo
somos capaces de entregar
nuestros muertos a esta tierra antropófaga,
devoradora de encarnaduras,
deshacedora de huesos,
vestida de negro por la oscuridad de la noche,
noche negra que nos produce angustia y miedo?.

Los niños son enterrados en cajitas blancas,
devueltos al seno de la tierra
y allí quedan solos, sin besos ni caricias,
penetrados por el frío de la noche,
sin mimos, ni juegos, ni calor, ni vida.

Yo no quiero a esta noche negra y fría;
quiero a la noche de las caricias y los susurros,
de las meditaciones, de la lectura a media luz
y las confidencias en voz baja.


Quiero la noche para contar historias a los niños,
cerca de la lumbre de la chimenea,
mirar la luna a través de las ventanas,
contar sílabas rememorando sensaciones
y soñar con la llegada de un nuevo día
de luz y de esperanza.

14 comentarios:

mercedespinto dijo...

Qué hermoso poema a esos niños muertos.
Me voy sobrecogida por la tristeza, sentí la despedida de tan pequeñas almas.
Me alegra verte por aquí, espero que sea para quedarte.
Un abrazo.

Jorge Encinas Martínez dijo...

Me has dejado temblando, Fernando. Yo también quiero esa noche que tú pides, llena de luz y esperanza.

Tus palabras, como siempre, son limpias y luminosas.

Un fuerte abrazo

Juliana Gómez Cordero dijo...

¡Que alegría,querido Fernando, verte de nuevo en el blog publicando un poema tan hermoso como triste.
Los niños no deberían morir; no tendría que permitirlo Dios. Están a tiempo hacelo cuando crezcan.
Felicitaciones y un beso.
Juliana

Isolda dijo...

Querido, yo quiero la misma noche que tú. Y versar como tú, sobre estos niños soterrados en esa oscuridad terrible.
Un poema triste donde los hya pero que conforme avanza, se va llenando de vida.
Besos junto la chimenea.

P.S. Nuestra común amiga, María Sangüesa, me ha informado ampliamente del encuentro en Sigüenza. Cuídate.

Juanjo Almeda dijo...

Amigo; maestro: qué tristes sentimientos me ha dado este precioso poema... Vamos a seguir teniendo esas sensaciones que describes en sus dos últimas estrofas, durante mucha más claridad; a mi tampoco me gusta la oscuridad, ni siquiera cuando duermo.
Me llenó de alegría el que haya podido compartir contigo mesa y poesía en Sigüenza. Un abrazo.

Jorge Torres Daudet dijo...

Este es un poema de los que hielan el alma. Y me pregunto: por que han de morir niños?
Un abrazo

Amando Carabias María dijo...

No soy original, lo sé, pero no me queda más remedio que suscribir algunas cosas de las dichas:
el poema hiela la sangre.
el poema es precioso.
Me apunto a la misma noche que deseas.
Un abrazo

Soledad Sánchez M. dijo...

Fernando, qué poema tan bello...

Es un auténtico placer pasar a visitarte.

Un fuerte abrazo y toda mi emoción.

Sole.

Gustavo Pertierra dijo...

Conmovedores versos, filosos, certeros y cargados de humanidad, para bien y para mal.
Recibe mi admiración y un fuerte abrazo, querido amigo.

Marcos Callau dijo...

Probablemene la tumba blanca de un niño es lo que más tristeza produce en el mundo. Las noches son traicioneras y no extraña que, en esa oscuridad, los niños sufran miedos durnate su infancia. Prefiero esa noche de liuz baja y literatura o de cuentos para los niños. Un abrazo, Fernando.

Juan Risueño dijo...

Una tumba blanca deja vidas demasiado tiempo a oscuras. No hay consuelo hasta lograr aceptarlo.

Un abrazo Fernando

Dani Clemente dijo...

Que poema tan emotivo y triste. Sin embargo hay cosas inevitables ¿no es cierto?
Un abrazo

José Alberto Socorro - Noray dijo...

Querido Fernando, Maestro, me has emocionado y me has hecho llorar.

¡Qué grande eres, eres inmenso!


Un fuerte abrazo.

Terly dijo...

Mi querido amigo poeta; extremádamente triste, revestido de una belleza extrema. La muerte de los niños es algo que me hiere profundamente y me entritece esa nocturna soledad de sus cementerios, dormidos para siempre sin recibir nunca más la dulce caricia de una nana.
Un abrazo, Fernando.