sábado, 30 de octubre de 2010

Música y Poesía 5 -Cançó i dansa nº 6 Frederic Mompou.

Frederic Mompou con la pianista Eugenia Gassull.



Cançó i dansa nº 6

Me encuentro tocando, Frederic
tu danza pausada, lenta,
apenas un débil latido del corazón;
son mis dedos los que tiemblan
al no poder medir tu emoción interna
en notas arrancadas de lo profundo de ti,
sonar de tu íntimo campanario,
expresión de tu contención y reserva.
A veces una nota leve, tímida
que parece diluirse, solitaria,
entre los acordes medidos
de tu caudal de pretérita emoción.
Y luego la danza otra vez,
unas pocas notas,
otra vez el repique triste de campanas,
como expresión del drama de la vida,
un tañido humilde de tu juventud,
apenas perceptible
y una nota grave, aislada, espléndida,
cerrando tu danza final.

Por favor, leed este poema por segunda vez, despacio, para escuchar simultáneamente la canción grabada por el propio Frederic Mompou.


Música y Poesía 4 - Música y poesía en la red.

Queridos amigos: ante de seguir con este ciclo de música y poesía, quiero recordar en este momento el análisis que realicé en mi blog "meditaciones y relatos" para que aquellos que no tuvieron la oportunidad de leerlo comprendan un poco mi amor sobre la música y la poesía en nuestra Red.



Palau de la música



Orquesta Nacional de España


La poesía y la música en la red.

"ut queant laxis / resonare fibris / mira gestorum / famuli tuorum / solve polluti / labii reatum, Sancte Joannes" (Antiphonale Monasticum, 922, Liber Hymnarius, 382).


Inicio esta reflexión sobre la música y la poesía en la red citando el texto anterior para recordar a Guido d'Arezzo (992-1050), monje benedictino italiano, que fué el renovador de la notación musical, y dió nombre a las seis primeras notas de la escala (ut, re, mi, fa, sol, la), basándose en la primera sílaba de cada uno de los versos del himno de San Juan Bautista, escrito por Pablo el Diácono "Ut queant laxisqueant ". El italiano Bononcini (m. en 1673), como el sonido ut, por ser cerrado, no parecía prestarse tan bien a los ejercicios de solfeo, lo suplió por do, sílaba más abierta y más sonora, pero los franceses todavía usan a veces el ut.

Desde niño he sentido una profunda admiración por el desarrollo realizado por el hombre para conseguir la notación de los sonidos musicales. Su trabajo de autoreflexión, su intercambio de esfuerzos y la expansión de los conocimientos adquiridos, ha permitido el progreso asombroso de la notación del canto oral y la música escrita y posteriormente ejecutada en instrumentos diseñados y perfeccionados en unos muy cortos períodos de tiempo.

De la tradición musical oral se pudo pasar a una noción griega: la música teórica. El canto no estaba considerado como la música verdadera, que es una ciencia al nivel de los estudios más superiores. Desde entonces se abre un foso: a un lado están los cantores tradicionales, que graban en la memoria y transmiten los textos importantes pero que ignoran la teoría musical; al otro lado están los sabios, para quienes esta ciencia llegó a formar parte del trivium (gramática, retórica y dialéctica), ciencia del lenguaje en el que la música analiza el ritmo verbal, o del cuadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía), ciencia matemática y física que realiza el análisis acústico de los sonidos. (Mirtha Facundo - La música Académica)

Creo, quizás románticamente, que los verdaderos poetas han heredado, como Orfeo de Apolo y la musa Calíope, el don de la música y la poesía. Admito también, naturalmente, la importancia de la palabra, y sigo creyendo en la inspiración inesperada y embriagadora de los poetas.

Que la música y la poesía van a menudo entrañablemente unidas se evidencia leyendo a poetas como Gerardo Diego que afirmaba;"No es necesario cantar en ningún momento, de eso ya se encarga mi verso"

Aunque la poesía y la música evolucionaron por caminos singulares y distintos, utilizando la música instrumentos variados, la poesía se basó fundamentalmente en el instrumento de la palabra, lo que no es poco, utilizando repeticiones, aliteraciones, juegos de palabras y, por supuesto, rima.

Hablar de la unión poesía y música se evidencia con nitidez en la red, unas veces por la musicalidad intrínseca de las poesías enviadas y casi siempre por la utilización de la técnica de internet para acompañar a la palabra escrita con el sonido musical, complementándose ambas con la impresión en las entradas de fotografías, videos y otras singulares y virtuosas técnicas.

Como dije anteriormente, no deseo sujetarme a ninguna estructura preconcebida para continuar mis ideas, porque me he propuesto exponerlas obedeciendo aquello que decía la canción popular vasca:

Iruten ari nuzu
Khilua gerrian

que traducido al español quiere decir:

La rueca en la cintura
Es mi tarea hilar

A fuer de ser repetitivo, deseo indicar que una crítica (del
griego κριτικός "capaz de discernir") es, y naturalmente lo es en mi caso, una mera opinión personal, resultado de las impresiones que me han ido produciendo las lecturas de las poesías, relatos y opiniones de los participantes en la red. Las afirmaciones de cualquier estudio crítico deben llevar normalmente un apoyo documental, pero yo voy a ser simplemente un observador, al mismo tiempo ingenuo y amigable , sólo permitiéndome, como acompañamiento de mis observaciones, citar o publicar obras y pensamientos de los amigos de la red, asumiendo que la amistad estará siempre por encima de mis posibles opiniones porque, como decía R.M.Rilke en sus "Cartas a un joven poeta" "Nada es tan ineficaz como abordar una obra de arte con las palabras de la crítica".

Atendiendo a este espíritu, no me voy a apoyar en ningún aparato documental, sino que me voy a limitar a citar a los autores de las ideas o comentarios que se incluyan en este estudio crítico, con plena libertad y sin sometimiento a estructuras preconcebidas, como expuse anteriormente, y recorrer un camino sobre un conjunto de obras de arte humildes, expresivas, de altas cualidades personales y lanzadas al aire con la desenvoltura de una naturalidad inteligente y cautivadora.

A veces la poesía se refiere a un instrumento concreto, idealizándolo, como en el poema de Azpeitia sobre una guitarra, creando metáforas deliciosas que nos transportan al silencio de la noche, donde resuenan sus acordes hasta el amanecer:


Guitarra de medianoche.

Seis cuerdas cruzan tu cuerpo
de madera repujada,
seis vírgenes anudadas
entre trastes y tornillos,
que cantarán con mis dedos
esquinas de madrugadas.

Verjas de hierro entreabiertas,
se asoman a las ventanas
escuchando conmovidas
el llanto de tus seis voces.

Tres se quejan llorando,
las otras tres,… solo cantan.

Cuerpo de mujer valiente,
ciega de luz y de enaguas,
crispada de seda y brillos,
no quieres que llegue el alba.

Verjas de hierro que escuchan
indiscretas tus suspiros,
tres son graves, tres me llaman.

Estremecida la noche….
se durmió sobre la cama,
la luz no quiso escucharla.

Mañana cuando despiertes,
el sol quebrará tus ansias….


En ocasiones, la poesía describe intuitivamente el momento de la creación musical en la mente de Beethoven como Soledad Sánchez Mulas en su poema “Silencio”


Silencio

Y un susurro de notas en la mente,
vivas dentro,hendidas en la carne
que se ha abierto al barbecho
en la muda distancia
de un pentagrama negro.

Silencio... y soledad.

El genio y el arrullo del nueve
gestando dentro,
mágica enéada sorda a los aplausos,
acunando las almas
en cuatro afortunados
movimientos.

Silencio, soledad... y silencio.

Un bosque silencioso
de arracimadas notas suspendidas
en las ramas del pecho,
una preñez de mudas alegrías
para el mundo,
el genio quieto,
con la piel erizada
y el oído del alma agigantado.

Noray, en un hondo poema, desborda la música romántica sobre la naturaleza escuchando una espléndida ejecución pianística de Rubinstein:


Cuando Rubinstein interpreta a Chopin.


Los pétalos de los girasoles
están destinados a morir de amor
cuando Rubinstein interpreta a Chopin
al llegar cada puesta de sol

También los lirios azules
terminan estremeciéndose de frío
si se descubre el crepúsculo
y en sus entrañas se abre el vacío.

Sólo las heladas magnolias
saben esperar ese instante preciso
que, aunque siempre es efímero,
late en el ardor de la memoria.


Guillermo R. Galgiardi. (Revista Filomúsica) nos deleitó con un poema de una dimensión y un tiempo universales :

Siempre Wagner.


Vuelve a subir mi sensibilidad.
y a bendecir mi entendimiento.

Se levanta mi alma
en las alas de su música excelsa.

Nada, nada,
puede compararse
con la cima de esas ondas sonoras.

Altura, cumbre,
ascenso a esferas superiores, indecibles.

La mayor herencia de mi padre,
que me aproxima al Otro, Divino.

Reina el supremo arte
de Guillermo Ricardo Wagner.

En sus círculos centrífugos:
Todo.
¡Siempre Wagner!

Escribí en una de mis reflexiones sobre la poesía en la red que, cuando el poema nace de la ensoñación, como resultado de una profunda llamarada interna que viene desde lo alto, o de lo profundo de la tierra, no existen límites para su desarrollo, ni cauces referenciados a un fin determinado, pero cuando el poema nace al escuchar la música, todo cambia, y el poeta se encuentra con un objetivo concreto. La música está allí, sonora, desafiante, llenando nuestra alma, esperando la decisión del poeta, que tiene que percibirla y comprenderla para poder escribir sobre ella.

Alcanzar la esencia de la música al escucharla depende de muchos factores. Uno muy principal, del que tanto se habla, es el oído musical, pero existen otros muchos factores, como la educación recibida, el ambiente familiar y la educación musical, entre otros muchos. Lo que se entiende como oído absoluto es la habilidad de nombrar y reconocer
estímulos auditivos aislados sobre la base de la nota misma sin ninguna referencia externa.

Dicho de una manera sencilla, si una persona teclea una nota del piano sin que pueda verse el teclado, el poseedor de oído musical absoluto puede identificar el nombre de la nota y su octava.

Los poseedores de oído absoluto no llegan a una de cada diez mil personas. El oído más «útil» para un
músico es el oído relativo, ya que el oído absoluto prácticamente no tiene ningún uso práctico en la percepción y ejecución de la música, excepto en la facilidad para acompañar y tocar en grupo, al ser el instrumentista capaz de oír las notas exactas en las que se encuentran los otros intérpretes. También los directores de orquesta pueden beneficiarse de esa capacidad.

El oído relativo (de «relación») es el que permite percibir si alguna frecuencia dentro de una obra está desafinada, o sea, está en desacuerdo en «relación» con todas las demás frecuencias de la obra. Generalmente la persona que posee oído absoluto también posee un buen oído relativo.

También sería posible escribir un poema sobre una música, no sólo por su percepción auditiva, sino por la percepción visual de una partitura. Un buen amigo mío, director de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, me contó un día que preferiría quedarse sordo a quedarse ciego, porque es capaz de percibir el sonido musical leyendo la partitura “desde abajo hasta arriba y desde la izquierda hacia la derecha”. ¿Increíble, verdad?

Recordaba yo, al iniciar estos trabajos sobre la poesía en la red, la frase “Como si nunca hubiera sido mía, dad al aire mi voz “, de Claudio Rodríguez . Esta idea de libertad para expresar las opiniones en la red, produce muchos buenos encuentros y espléndidas discusiones a través de los comentarios, llegándose a una verdadera amistad entre los participantes, no por cercanías físicas, sino espirituales. Recuerdo, por ejemplo, una estupenda discusión entre Antonio Martín Ruiz y Amando Carabias María, hablando sobre el Oratorio de Navidad BWV248 (Bachswerkeverzeichnis 248) y La Pasión según San Mateo (BWV244) de Johann Sebastián Bach. Merece la pena intervenir en esas tertulias de la red y enriquecerse con la opinión de personas tan interesantes.

Existen alguna entradas en la red que nos permiten el acceso a una música de privilegio. “El coro de los niños de Tölz( realizado por Euterpe) o “La Música Académica”, de Mirtha Facundo, por ejemplo, nos permiten la posibilidad de estar al tanto de los movimientos musicales más completos.

Sobre la disparidad entre poesía y música, Marcos Pallau interviene con una décima aplicada a la frase “La música empieza donde acabe el lenguaje”, de Ernst Theodor Wilhelm Hoffman, compositor y cantante tenor alemán, que formó parte del movimiento romántico en la literatura de su país.

Décima a Hofmann.

¿Música quieres escuchar
en lugar de oír mi verso?
¿Quieres nublar mi universo?
¿No quieres adivinar
el lado oculto inverso
que mi alma te revelará?

Cuando mi corazón abras
mi poema confesará
que esa música empieza
donde acaben mis palabras.

Para terminar esta breve crítica sobre nuestra red y teniendo en cuenta que yo quise ser pintor, quise ser poeta, quise ser músico y soy el trabajador de esta entrada, me voy a dar la oportunidad de publicar dos brevísimos poemas escritos por mí sobre dos magníficos músicos catalanes:

Al escuchar la interpretación que grabó Pau Casals de la tradicional canción catalana “El cant dels ocelles” en el auditorio de la Casa Blanca de Washington me decidí a escribir un soneto como homenaje a este sensacional violonchelista.

El cant dels ocells.

Un gorjeo de aves, un rumor,
un trémolo, la música enraizada
en tu tierra, primavera evocada
en inicial escena de candor.

Los pájaros esconden su temblor
en tus manos creadoras y ya nada
impide que suene, emocionada,
la nota sostenida del cantor.

Distancia, lejanía, abatimiento,
prolongada tristeza del momento,
los bajos se mantienen dominantes.

Un último aleteo decreciente
sobrevuela tenuemente los entrantes
y sostiene la nota concluyente.


El estudio en si menor de Fernando Sor fue mi interpretación favorita cuando estudié guitarra clásica, escribiendo este poema en base a la interpretación del maestro Narciso Yepes que consiguió, en mi opinión, un sonido especial.




Un sonido especial.

Un sonido especial, acompasado,
repetición precisa y consistente,
una emoción auténtica y latente
en la digitación del encordado,

un inicial momento adolescente
del músico estudiante enamorado,
un sentirse a los cielos transportado
por una pulsación arborescente.

¿Podré medir el tiempo de mi vida
Sin oírte otra vez y regresarme
con esta precisión de ti aprendida?

Vivir de nuevo quiero tu armonía,
y en tu pulso vital abandonarme,
porque si no pudiera moriría.


Música y poesía 3 - Ráfaga. Joaquín Turina.


Sevilla. Torre del oro.


Joaquín Turina.



Ráfaga.



El trémolo en la noche, la crecida
del sonido del sur en barlovento,
la guitarra, la brisa, el aire, el viento,
la ráfaga en su origen prometida,

el singular punteo, la medida,
la intensidad de todo el movimiento,
la pasión andaluza del momento
la danza de los quiebros sostenida;

de repente, irrupción de rasgueados,
la carrera veloz de pulsaciones,
el virtuosismo lacerante en frío,

y siempre en los acordes ya pausados,
desde el tenso temblor de los bordones,
el silencio andaluz, tan hondo y mío.



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JOAQUÍN TURINA (Sevilla 1882 - Madrid 1949) Comenzó sus estudios musicales en Sevilla y, a partir de 1902, los continuó en Madrid con el pianista José Tragó. En 1905 marchó a París, ingresando en la Schola Cantorum donde estudió piano con Moritz Moszkowsky y composición con Vincent d'Indy. El encuentro con Isaac Albéniz en 1907 hizo que su música diera un giro y se orientara definitivamente hacia un nacionalismo inspirado en el folklore español.





miércoles, 27 de octubre de 2010

Música y Poesía 2 - El cant dels ocells.

Pau Casals ensayando.


Recital de Pau Casals en la Casa Blanca.


El cant dels ocells.


Un gorjeo de aves, un rumor,
un trémolo, la música enraizada
en tu tierra, primavera evocada
en inicial escena de candor.

Los pájaros esconden su temblor
en tus manos creadoras y ya nada
impide que suene, emocionada,
la nota sostenida del cantor.

Distancia, lejanía, abatimiento,
los bajos se mantienen dominantes,
prolongada tristeza del momento.


Un último aleteo decreciente
sobrevuela tenuemente los entrantes
y sostiene la nota concluyente.





El Cant dels ocells (canto de los pájaros, en castellano) es una canción popular catalana, de origen desconocido y tradicional de Navidad. La letra gira alrededor del nacimiento del niño Jesús.

Aun cuando se desconoce el nombre del autor original, es común que se asocie con la figura del ilustre violonchelista catalán Pau Casals.


Pau Carles Salvador Casals i Defilló (El Vendrell, 29 de diciembre de 1876 - San Juan de Puerto Rico, 22 de octubre de 1973)


Música y poesía 1 - La música callada de Frederic Mompou.

Frederic Mompou



Acorde Frederic Mompou.



Frederic Mompou y Clara Janés.





Música callada.




Es tu alma, Frederic, lo que me llega,
tu espíritu templado y silencioso,
soy yo quien calla y guarda tembloroso
la emoción que tu música me entrega,

siento lo que tú sientes, el que ruega
comprender tu silencio esplendoroso,
tu música callada es fondo y poso,
latir del corazón que mi alma anega.

En tu esencia hay profunda resonancia,
extensa vibración, notas trenzadas,
espacios y sonidos detonantes,

mixtura de saber y de elegancia,
que recuerda campanas olvidadas,
y épocas muy felices, ya distantes.


Frederic Mompou i Dancausse, también Federico Mompou (Barcelona, 16 de abril de 1893 -ibidem- 30 de junio de 1987)

domingo, 24 de octubre de 2010

Poesía y pintura en la Red.


Estudio en el barrio de Batignolles

Autor: Henri Fantin-Latour
Fecha:1870
Características:204 x 270 cm.
Museo:Museo de Orsay


Queridos amigos: como llevo un tiempo, por diversas causas, publicando poemas sobre pinturas, me he decidido a revivir un ensayo que hice el año pasado sobre poesía y pintura en la red. Comenzaba yo a participar en esta maravillosa red, por lo que me habré dejado en el tintero muchos poemas y poetas admirables. Pido por ello perdón.


En el Estudio en el Barrio de Batignolles figuran gran parte de los pintores del Salon de Refusés, a quienes admiro.
El que está pintando es Edouard Manet, el que mira de frente es Claude Monet.

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Creo que es conveniente recordar lo que escribí anteriormente respecto a mi desordenada intención de reflexionar sobre la obra poética de mis amigos de la red. Se supone tal vez que cuando un poeta presenta unos estudios de crítica poética, lo ha de hacer con un ademán de pedir excusa; al poeta, según una idea órfico romántica normalmente vigente, le está vedado el uso del pensamiento por ser él instrumento pasivo de la inspiración, del fluido poético que cae desde lo alto o más probablemente, que asciende desde lo profundo de la tierra y le posee su embriaguez divina (José María Valverde). Yo creo, quizás también románticamente, que los verdaderos poetas han heredado, como Orfeo de Apolo y la musa Calíope, el don de la música y la poesía. Admito también, naturalmente, la importancia de la palabra, pero creo en esa inspiración inesperada y embriagadora de los poetas.

Cuando el poema nace de la ensoñación, como resultado de una profunda llamarada interna que viene desde lo alto, o de lo profundo de la tierra, no existen límites para su desarrollo, ni cauces referenciados a un fin determinado, pero cuando el poema nace de la contemplación de una pintura, todo cambia, y el poeta se encuentra con un objetivo concreto, quizás en el sentido que indica Vicente Aleixandre en su “El poeta canta por todos” de Historias del corazón:

Allí están todos, y tú los estás mirando pasar. ¡Ah,sí, allí, como quisieras mezclarte y reconocerte!


Porque la pintura está allí, frente a nosotros, desafiante, contemplada, esperando la decisión del poeta, como expresa tan bien Rafael Alberti en su “A la pintura”:

A ti, lino en el campo. A ti, extendida
superficie, a los ojos, en espera.
A ti, imaginación, helor u hoguera,
diseño fiel o llama desteñida.


Y es en esa contemplación cuando puede surgir esa llama creadora, ese fluido poético que describe en palabras el impacto que la pintura produce en el poeta, como observaba John Keats:

dejad entonces a la alada fantasía ir errante
por el pensamiento todavía extendido ante ella,
abrid de par en par la puerta de la jaula de la mente
y ella saldrá como una flecha elevándose hacia las nubes
.


Y desde esa contemplación, creados por una profunda inspiración y compuestos con una singular elegancia de ideas, palabras y metáforas, he podido encontrar diferentes poemas sobre pinturas de amigos de la red, decidiéndome por ello a realizar un breve comentario sobre las mismas. No voy a editar las pinturas correspondientes a sus poemas; si hay interés en contemplarlas, o leer la totalidad de cada poema, se puede acudir directamente a su blog en cada caso. Aquí sólo deseo reflejar la emoción que yo he sentido, también como poeta, al contemplar cada pintura y leer despacio cada poema con el fin de captar ese fluido misterioso que, sin saber cómo, de dónde viene y por qué, llega hasta nosotros.

Al encontrar una entrada con una poesía dedicada a una pintura, mi primera sensación es siempre la que tuvo aquel hombre (Alegoría de la caverna-Platón-Libro VII de la Republica) al salir de la oscuridad y acostumbrarse progresivamente a la luz. Miro en silencio, pausadamente, la imagen del lienzo, intento comprender lo que su autor intentó pintar, analizo sus detalles, sus colores y su luz, finalizo observando el conjunto de la obra y, a continuación, me detengo a leer sin prisas la poesía que el autor de la entrada dedica a esa pintura.

Tengo la obsesión al leer un poema, de captar el aroma personal que identifica la naturaleza del autor. Es una sensación poco explicable, probablemente una intuición, que me ayuda a situarme dentro del mundo del poeta. Es quizás el resultado de haber leído tanta poesía durante tantos años, lo que me permite probablemente adivinar la juventud o la madurez del escritor, o las fuentes en que ha bebido su cultura pero, no obstante. la inspiración inesperada y embriagadora de los poetas puede deshacer cualquier consideración práctica como la que acabo de exponer. Leído el poema y contemplada la pintura, siempre queda en mí una emoción interior nueva e irrepetible.

Un pintor excepcional, Vincent Van Gogh, ha sido comentado por diversos poetas de la red. Quisiera recordar aquí la poesía de Soledad Sánchez Mulas sobre su obra “El Almendro (1890)”, que describe la técnica y la emoción artística del pintor intuyendo su presencia en la fiesta de“La Fregeneda” para captar las esencias de un almendro en flor con estos deliciosos versos:

Debió embriagarse
con las olas de espuma de las copas,
con el mar de rosadas caracolas sonoras,
en la playa de fiesta de la flor del almendro.

e imitar los colores y formas de sus árboles:

Manar nudos fecundos en las ramas
arrolladores verdes,contundentes cinabrios,
algún violeta roto de tanto azul y rojo enamorado

No sólo emplea Soledad unas bellísimas metáforas sino que además demuestra un dominio de las técnicas y colores pictóricos. Yo, un simple aficionado a la pintura, le escribí para que me aclarara la palabra garanza, sobre la que ella no tardó en informarme gentilmente. Lo prodigioso de estos versos es que nos hace reproducir los colores en nuestro cerebro y nos llena los ojos de líneas y colores sin necesidad de contemplar el cuadro. Es el impresionismo puro.

Tengo que confesar que en mi adolescencia deseé aprender a pintar y tomé unas muy breves clases de pintura, sin ningún éxito entonces y a pesar de varios intentos, sólo he pintado unos pocos cuadros, bastante mediocres. Seguramente imité los tiempos iniciales de Rafael Alberti, primero la pintura, después la poesía, sin su vocación ni su energía vital, ni su altura creadora

Mil novecientos diecisiete
mi adolescencia, la locura
por una caja de pintura,
un lienzo en blanco, un caballete

Pude conversar con Rafael en mi afortunado encuentro ocasional con él en la calle Princesa cerca de la Plaza de España de Madrid en una de sus estancias en la capital. Le vi cargado con las bolsas de la compra y le abordé llamándole: ¡Rafael! Me preguntó ¿me conoces? Y yo le contesté con un poema que me sabía parcialmente de memoria:

Sobre tu nave —un plinto verde de algas marinas,
de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar,
capitán de los vientos y de las golondrinas,
fuiste condecorado por un golpe de mar
.


Le hizo mucha gracia mi presentación y estuvimos charlando un buen rato en la misma acera. Le conté el impacto que me habían producido su libros “A la pintura” y "Marinero en tierra" Nunca olvidaré ese encuentro. (Ya conté este episodio en una entrada anterior de mi blog)

Hay otros poetas de la red que no sólo escriben poesías contemplando los lienzos de otros pintores sino que pintan sus obras para acompañar a sus propias poesías.

Este el caso de Laura Gómez Recas en su poema “Desideratum” donde acompaña a una bella acuarela con versos tan profundos como:

Hojas retorcidas por el tiempo
con colores inventados
esculpieron el asfalto
de rojo y amarillo
y el ocre retorciendo los caminos
con los pasos diminutos por la vida

fundiendo en sus versos pintura y vida, o su poema “Playa” en los que expresa su amor por la libertad y su atónita mirada ante la grandeza de la tierra y la fecundidad de la palabra

Fronda de un jardín libre
mandarina sobre frambuesa
la palabra se hizo viento
de emigración silenciosa
con voluntad de pandemia


Otros poetas como Jesús Arroyo, contemplando el cuadro “Mujer pintada” de Don Diego, evoca la ausencia de una mujer y hace promesas para recuperar su amor con estas bellas y rotundas promesas:

Si volvieras a esta casa
gris, falta de alegría
prometo pintar azules
al desierto de agonía
y verdes bajo cien lluvias

A veces, en la contemplación de la pintura y al conjuro de la fecundidad nacen las aguas de los ríos, tan diversas, unas veces silenciosas, otras deslizándose, otras de colores traspasados de sus riberas. Soledad Sánchez Mulas vuelve a enviarme su sentir poético con unos versos escritos al contemplar a G. Courbet,en Jóvenes a orillas del Sena, 1856-1857, óleo sobre lienzo, Musée du Petit Palais.

Rueda el cansancio, lento y recogido,
silbando en las orillas
Pero aún destilan vida
y me llevo el azul fosilizado
escurriendo tranquilo debajo
de los puentes.

Versos de un poeta en la red comparables a otros que siempre me atrajeron como los de Gerardo Diego en su “Romance del Huécar”:

Nunca vi un río tan íntimo
nunca oí un son tan de seda
en el resbalar de un ángel

Juan Ramón Jiménez en su poesía:

no se ve el agua
pero en su presencia oscura
se baña
la desnudez eterna
para la que el hombre es ciego.

los versos de Miguel Hernández sobre el río Tajo:

Eres todo de bronce navegable,
de infinitos carrizos custodiosos,
de acero dócil hacia el mar doblado

y los incomparables versos de San Juan de la Cruz:

¡Oh cristalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
tus ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!

Participan en la red algunos pintores-poetas que nos envían sus pinturas acompañadas de poesías, como Adolfo Payés y poetas relevantes, como Noray, que nos envía sus poesías acompañadas de pinturas, a los que dedicaré otra oportunidad como crítico informal y amistoso.

Para terminar esta breve crítica sobre nuestra red y teniendo en cuenta que yo quise ser pintor, quise ser poeta, y soy el trabajador de esta entrada, me voy a dar la oportunidad de publicar dos brevísimos poemas escritos por mí sobre dos magníficos pintores:



Sorolla. El balandrito.



A veces el mar es el camino para mi alma,
desplegadas sus velas
por el empuje de mi niñez,
para hacer estela, sin conocer el rumbo,
sola en su inmensidad,
navegando hacia lo insondable,
sin entender la rosa de los vientos,
ni la luz de las estrellas.






Claude Monet. Camille y su hijo.


La brisa se llevó el color negro
y diluyó el blanco con los demás colores
para lograr la sutil, incorpórea visión de tu mujer
en una colina mágica de ensueños y de flores.

Pero ¿es posible pintar sólo con el alma,
sin pinceles ni óleos, sólo con la brisa del mar?
Camille enlaza la brisa, la luz y el movimiento,
mirándote desde su volátil y etérea lejanía.

La luz, la luz, el prodigio de tu pintura,
la forma subordinada, la elusión de las masas,
la espontaneidad al aire libre,la invasión del color
bajo tu luz.

sábado, 23 de octubre de 2010

Edgar Degas. Impresionista de la forma.


Soneto dedicado al poeta y amigo José María Alloza.




Edgar Degas. Ensayo de danza.


Edgar Degas. Café Canvas.



Edgar Degas. Clase de danza.

Edgar Degas. Boceto de bailarina.




A Edgar Degas.
Impresionista de la forma.

Pintor impresionista de lo interno,
experto de la forma y la postura,
seguidor de la mujer en tu pintura,
convertiste lo clásico en moderno.

Supiste ver y recoger lo tierno,
dibujaste el ballet con la soltura
de un magistral diseño de figura,
un trazo fino y un apunte eterno.

Esa pálida luz de candilejas
que ilumina los bordes que recortas
por tu gran obsesión del movimiento,

nace de tu color, y te asemejas,
por la gracia y dulzor que nos aportas,
a un gran maestro del renacimiento.



Hilaire-Germain-Edgar de Gas, más conocido como Edgar Degas (París, 19 de julio de 1834 – ibídem, 27 de septiembre de 1917), fue pintor y escultor.



jueves, 21 de octubre de 2010

Cinco pintores de ensueño. 5 - Claude Monet.

Quinto y último soneto en el silencio.

Claude Monet. Madame Monet y su hijo.



Claude Monet. Ninfeas.



Claude Monet. Blanche pintando en el jardín.


Prodigiosa ninfea florecida
en un jardín de sueños y creencias,
regalo de virtudes y de esencias
al servicio de un alma envejecida.

Evangélica Marta fuiste en vida,
sosegada, feliz, sin estridencias,
ejemplo de filiales confidencias,
milagro de Lucila renacida.

Si yo fuese pintor te adornaría
el cabello con flores de ninfeas,
te pondría collares de colores

y en la piel de tu rostro pintaría
el color de la vida que recreas.
trenzando lo mejor de mis amores.


Cinco pintores de ensueño. 4- Edouard Manet.

Cuarto soneto en el silencio.

Edouard Manet. Autorretrato.




Edouard Manet. Comida campestre.


Edouard Manet. Licor de ciruela.

Licor de ciruela.

No dejes que despierte de su ensueño
mi lánguida mirada atormentada,
perdida en lo profundo de la nada,
luz cenital de mis ojos sin dueño.

Quizás la suavidad de mi diseño
oculte la tristeza acumulada
del alma que se esconde en la fachada
de la dulce figura que yo enseño.

No comparto mi brandy con ciruela,
aislada en el café de las tertulias;
a nadie le interesa mi presencia,


yo no soy parte de ninguna escuela,
estoy sola y guardo mis angustias
en el triste desván de mi existencia.


Cinco pintores de ensueño, 3 - Toulouse Lautrec.

Tercer soneto en el silencio.



Henri de Toulouse-Lautrec. Suzanne Valadon.


Henri de Toulouse- Lautrec. Le Moulin Rouge.


Henri de Toulouse -Lautrec. La Lavandera.



La lavandera.


¿Es del anochecer o de la aurora
esa luz que dibuja tu postura
y perfila la grácil compostura
que envuelve tu figura y enamora?.

Una mirada honda, soñadora,
plena de reflexión y de hermosura,
la máxima expresión de la pintura
en tu mano que sobre el plinto aflora.

La vida existe fuera de tu entorno
y puede que haya un sitio que te espera
para acoger tu sueño y tu esperanza,

el lienzo hará posible tu retorno
desde tu realidad de lavandera.
hasta el espacio que tu anhelo alcanza.


Al cuadro “La lavandera”.
Henry de Toulouse Lautrec.



martes, 19 de octubre de 2010

Cinco pintores de ensueño. 2 - Santiago Rusiñol i Prats.

Segundo soneto en el silencio.

Santiago Rusiñol i Prats. Café de Montmartre.




Santiago Rusiñol i Prats. La morfina.



<> Santiago Rusiñol i Prats pintando a Ramón Casas i Carbó.





El arte por el arte de Santiago Rusiñol.

Hablar de Rusiñol y su figura
es hablar de su amor por la belleza,
su afán de sencillez, no de grandeza,
y su interés por la literatura,

del Cau Ferrat, taller de su pintura,
de sus lienzos, exentos de tristeza,
y de su fértil obra y su destreza
en el diseño de la imagen pura.

Dels Quatre Gats, donde sus tertulianos,
hablando de la vida y la morfina
llegaron al final a formar parte

de círculos sociales y mundanos
para aplicar su propia medicina,
la receta del arte por el arte.




Cinco pintores de ensueño. 1- Ramón Casas i Carbó

Queridos amigos: escribí a un conocido poeta contemporáneo con el ruego de que me valorara ponderadamente los sonetos y poemas que realicé en recuerdo de cinco grandes pintores. La contestación fué el silencio. Pasados unos meses, y como parece que mi poesía no debe merecer su comentario, voy a recordarla en cinco entradas sucesivas. Si queréis guardar también silencio, no me desilusionaré como me ocurrió y dió lugar a mi "Antipoema", porque os considero buenas personas y amigos. Gracias.

Primer soneto en el silencio.

Ramón Casas i Carbó. Interior al exterior.

Ramón Casas i Carbó. Después del baile.

Ramón Casas i Carbó. El tándem.




El tándem de Ramón Casas.


Su singular pasión por la pintura,
la armonía total de sus colores,
su interiorización, sus exteriores,
el dominio de la caricatura,

resaltan y confirman su figura
como el líder genial de los pintores
de una generación en los albores
de una clara pasión por la aventura.

Señor de tertulias y pinceles,
discutidor moderno de teorías,
esclarecido autor del arte nuevo,

quisiera ser contado entre tus fieles
y recordarte siempre en mis poesías,
para ser en el tándem tu relevo.


lunes, 18 de octubre de 2010

Sólo tú conoces.






Sólo tú conoces.



Podrá ser un espacio lleno de flores,
un palacio entre las nubes,
algo nunca imaginado por nadie,
cerca de los luceros, allí,
más adelante, en tu calle,
un poco más allá.

Sólo tú conoces ese espacio,
eres la dueña de tu camino,
tú, mi niña,
y va a ser tu gran secreto;
nadie podrá saber que no es un sueño,
que ángeles y arcángeles
van a recibirte,
que todos van a recordarte
por tu maravillosa
forma de correr hacia tu espacio,
más adelante, en tu calle,
un poco más allá.

Todos tendrán lágrimas de alegría
al saber que lograste llegar,
que lo hiciste casi sin darte cuenta,
y que tu carrera fué tan maravillosa
que, casi sin cansarte,
alcanzaste los luceros, allí,
más adelante, en tu calle
y sólo un poco más allá.


miércoles, 13 de octubre de 2010

La cruz de Miguelito.

Pinares de Valsaín.


La cruz de Miguelito.

Miguelito no surgió por mitosis desde las rocas, ni era un fantástico humanoide ficticio de Tolkien, ni fue un producto de la acondroplasia, ni era lo que vulgarmente se llama un enano. Miguelito era un bebé muy pequeñito.

Cuando le vieron, las vecinas cuchichearon, su padre pegó un puñetazo en la pared y la madre añadió a sus dolores de parto la tristeza de su desencanto, arrebujándole con delicadeza y envolviéndole en la colcha de colores variados y chillones fabricada por su abuela.

“Es un enano” - sentenció la sabida farmacéutica del pueblo.

“Es un hijo pequeñito de Dios” – corrigió Don Daniel, el párroco.

“Es un hijo del pueblo” – razonó el alcalde.

Los pueblos de la sierra de Guadarrama nacieron entre robles de rebollo, pinos silvestres e incluso encinas en sus parajes más bajos y nunca su población creció exageradamente por lo que sus escasos vecinos conocían íntimamente su vida privada. Las casas eran básicamente de piedra, con tejados de pizarra o teja y las chimeneas eran alimentadas en invierno con las ramas y las leñas muertas que quedaban tras las cortas, que ardían muy bien y despedían un grato aroma, pero eran velozmente consumidas y precisaban de un trabajo regular de los gabarreros, que pasaban por los pueblos periódicamente, en especial cuando se anunciaba el invierno.

El pueblo de Miguelito estaba construido cerca de un río truchero, con una población de trucha plateada que era la envidia de toda la comarca y hasta el río llegaba la procesión del día de su patrona la Virgen de los Desamparados. Cuentan que una vez asistió un arzobispo, no se sabe si de Segovia o de un estamento militar, pero la fama de esa procesión traspasó pinos y pinares y se habló mucho tiempo del buen hacer de su párroco Don Daniel en importantes círculos eclesiásticos.

La procesión recorría el pueblo hasta un pequeño ensanchamiento del río, conocido como “La Rinconera”, donde se bendecían sus aguas, se rezaba el rosario y se cantaba el Salve Regina fundamentalmente por las mujeres, entre las que destacaba la voz potentísima de tiple de Roberta, la madre de Miguelito.

La Rinconera.

A esta procesión no acudía nunca el señor Ramírez de Los Castros, dueño de la mejor finca del pueblo, una casona grande, con escudo de piedra sobre el portón. A él le parecía suficiente para mantener su imagen de ferviente católico, ir a la misa principal de los domingos, sentarse en el reclinatorio reservado a las autoridades y salir, una vez acabada la ceremonia, por el pasillo central hacia la puerta, llevando entre sus manos un rosario que se decía había sido bendecido por el Papa, recitando en voz alta: “Santa María, madre de Dios…Santa María madre de Dios…”

Luego, para agraciarse con los vecinos, según su razonamiento, pasaba por el único bar del pueblo, donde tomaba un café, no sin antes reconvenir a su dueño por trabajar en domingo, advirtiéndole de que la obligación de un cristiano es descansar ese día, según las normas de la Iglesia.

Los padres de Miguelito tenían un establecimiento que tenía el secular nombre de “Ultramarinos”. Era una tienda pequeña, atiborrada de cachivaches, donde se podía encontrar de todo, desde los productos más usuales de alimentación hasta escopetas de caza y sus cartuchos correspondientes. Había ratoneras, insecticidas, papeles y lápices, gomas de borrar, sellos de correos, esteras, bombillas, toda clase de zapatos, zapatillas y botas, lámparas de carburo, radiogalenas, cañas de pescar y anzuelos, bicicletas, hachas, azadas, vermicidas, gorras, trampas para ratones, pañuelos de mujer y toda suerte de productos de belleza. Realmente parecía imposible que en recinto tan pequeño se acumulase tanto tesoro.

El padre de Miguelito, llamado Ramón, además de ayudar a su mujer en el trabajo de la tienda, trabajaba como guarda forestal. Recorría continuamente los montes, habiendo llegado en una ocasión hasta los lejanos pinares de Valsaín y conocía todos los vericuetos y arroyos de la sierra, incluido el río de la Angostura, que más adelante toma el nombre de Lozoya. Era un avezado pescador de truchas, y elaboraba él mismo sus anzuelos con moscas y ninfas artificiales teniendo fama de ser los mejores de la sierra.

Gabriel solía comprar fuera de la veda estos anzuelos y se hizo buen amigo de Ramón, que alguna vez le acompañó en sus correrías pesqueras, aconsejándole sobre las costumbres de las truchas y enseñándole cómo alcanzar los mejores escondites para lanzar su caña. Ramón, que quería a su hijo con toda su alma, aprovechó estas excursiones para llevárselo con ellos. A partir de esa amistad, comenzó a nacer una relación hombre-niño entre Gabriel y el diminuto Miguelito, que resultó con el tiempo ser el hijo único de los dueños de la tienda de ultramarinos.

Miguelito había ya cumplido los doce años cuando conoció a Gabriel. Seguía siendo pequeño, pero era guapo, y sus miembros estaban absolutamente bien proporcionados. Su cabeza era muy interesante, tenía una frente alta y despejada, su pelo era de color castaño y sus ojos grandes y claros. Su expresión era muy viva, pero al mismo tiempo triste. Debido a su baja estatura su infancia no había sido feliz. Los niños de su edad fueron muy crueles. Le llamaban enanito, se reían de él cuando jugaba con el balón y muchas veces les veía reírse entre ellos mirándole a hurtadillas. La escuela fue siempre un suplicio para él, aunque su inteligencia era de muy alto nivel para su edad.

Sin embargo, el trato de los mayores había sido muy bondadoso, sobre todo el de su profesora, que siempre salió en su defensa.

- Dejad en paz a Miguelito – decía – demasiada cruz tiene con ser pequeño para que vosotros queráis que sea más grande todavía.

La gente del pueblo le saludaba con cariño y siempre recibía unas palabras agradables que le servían para recomponer su ánimo y olvidarse de su bajísima estatura, que apenas pasaba del metro y cincuenta centímetros y comentaban entre ellos:

- Portémonos bien con él, que demasiada cruz tiene con ser tan pequeñito.

No ocurría lo mismo con el señor Ramírez de los Castros, que se reía aviesamente de su estatura en público y le decía:

- No te preocupes, Miguelito, ya crecerás cuando las ranas críen pelo…

- Un día te voy a hacer un traje con la tela de mi mesa de billar. Estarás guapísimo vestido de verde…

- Miguelito, cuando seas mayor te dejaré montar uno de mis poneys.

Miguelito no entendía las chanzas que le dirigía el señor Ramírez, pero le molestaba mucho la forma en que se las decía y el modo impertinente con que le miraba. Un día, se le quedó mirando descaradamente y recibió un injusto pescozón, que le hizo salir corriendo. Por ello procuraba evitarle cuando le veía por las calles del pueblo, corriendo a refugiarse en la tienda de sus padres. Allí fue donde conoció a Gabriel. Al enterarse su padre de lo ocurrido quería ir a enfrentarse con el señor Ramírez, pero Gabriel le contuvo:

- Déjelo usted, Ramón, no le cree conflictos a Miguelito, que demasiada cruz tiene el pobre – dijo, mientras Miguelito se deshacía en lágrimas escondido en la trastienda.

Recordó Gabriel de repente aquel pensamiento de Percy Shelley: “Sufrimiento, ¡oh sufrimiento! Este mundo es demasiado para ti”

La vida de Miguelito mejoró desde entonces muy intensamente, porque Gabriel llegó a contar con él en todas sus excursiones. El niño era absolutamente feliz y disfrutaba enormemente demostrándole sus buenos conocimientos sobre la naturaleza.

Gabriel siempre había pensado que, para llevarse bien con los niños, había que contarles continuamente historias y cuentos divertidos o interesantes. Con Miguelito, sin embargo,se invirtieron los papeles, era él quien escuchaba y se divertía con las ocurrencias y observaciones que le hacía el niño:

- ¿Te gustan los sapos, Gabriel? le decía- hay muchos cerca de La Rinconera.

- Los pájaros que más me gustan son los petirrojos y los pica pinos.

- ¿Sabes distinguir a un águila real de un águila culebrera?

- Me gusta mucho ver a las ardillas, sobre todo cuando son pequeñitas, como yo.

- Ten cuidado por donde pisas, que aquí hay víboras hocicudas y son muy peligrosas.

Gabriel recordaba su infancia y se admiraba de lo sabiondo que era este niño, en comparación con él. Así iban charlando mientras bajaban hacia el río, muy temprano, para iniciar la jornada de un día de pesca.

En el bosque se mezclan olores diversos emanados por los diferentes árboles que conviven en él, acebos, arces, abedules, castaños, rebollos, tejos, pero también se amalgaman los diferentes olores de los helechos, enebros, retamas e incluso en ciertas alturas el piorno serrano. A todos estos olores se unen el de las zonas húmedas, el básico olor de las resinas y el de la hierba de los pastizales ocasionales que lo bordean.
Esto hacía que ellos disfrutasen un aroma muy delicioso que Gabriel respiraba a pleno pulmón.

- Respira hondo, Miguelito, tenemos que oxigenarnos para ser fuertes y poder capturar muchas truchas.

-¡Claro, Gabriel, lo conseguiremos, pero recuerda que sólo podemos pescar doce!

- El niño tiene razón - pensaba – bueno, me conformaré reservando las de mayor tamaño.
Al llegar a la ribera del río, se acercaron cautamente para avizorar la situación y Gabriel preparó la caña con una cucharilla. Mientras estudiaba la posición para lanzarla comentó que no iba a utilizar mosca, porque el río era muy estrecho en la zona que había elegido y él no tenía la habilidad de su padre, corriendo el riesgo de perder el aparejo.

- Para pescar con mosca o ninfa en este tramo del río hay que ser muy experto, y yo no soy tan buen pescador como tu padre – dijo sonriendo levemente.

El río de la truchas de plata.

Montada la cucharilla, se acercó en silencio hasta el borde mismo del río. Se oía el leve rumor del agua que, calladamente, resbalaba por su estrecho cauce. Recordó aquella poesía de Gerardo Diego en su “Romance del Huécar”:

Nunca vi un río tan íntimo,
nunca oí un son tan de seda
en el resbalar de un ángel.

El agua descendía por el río sin turbulencia pero con mucha rapidez, sin verse el fondo de esa masa incolora, quizás un poco oscura, que le hizo recordar a Juan Ramón Jiménez:

No se ve el agua
pero en su presencia oscura
se baña
la desnudez eterna
para la que el hombre es ciego.


Inmerso en esa meditación y casi sin darse cuenta, lanzó la caña en contra de la corriente con el fin de dejar deslizarse la cucharilla por el río, muy cerca del margen, a la misma velocidad de bajada del agua. Vio cómo la cucharilla bajaba velozmente hacia la profundidad y, de repente, un estallido de gotas, un ruido de furioso aleteo en el agua, una fuerza vital al otro extremo del sedal.

-¡ La tenemos, Miguelito! – gritó – ¡y del tamaño legal!

Miguelito saltaba jubiloso gritando; ¡la tenemos, la tenemos! Y contempló gozoso cómo desprendía Gabriel la trucha del anzuelo y la introducía en el morral de pescador que transportaba el niño.

Mientras disfrutaban de la pesca, en el pueblo estaba sucediendo un hecho muy importante. El señor Ramírez de los Castros había concertado una reunión con Don Daniel en la parroquia. Sentados alrededor de una mesa en la sacristía, el señor Ramírez depositó sobre ella un gran paquete.

- Don Daniel – dijo- deseo que nuestra parroquia disponga de esta gran cruz de plata en la capilla de la Virgen de los Desamparados, nuestra patrona. Son tantos los favores que he recibido de ella que deseo poner a sus pies este crucifijo, para que todos nuestros vecinos recuerden mi devoción y recen conmigo a la Virgen siempre que lo vean.

El párroco abrió el paquete y descubrió su contenido. Era una cruz de plata lisa sobre una base de mármol blanco.

-Es una preciosidad, señor Ramírez y le doy las gracias en nombre de los feligreses. El próximo domingo anunciaré que se ha producido esta donación y colocaré esta maravillosa cruz en la capilla de la Virgen.

El señor Ramírez de los Castros salió muy contento y orgulloso de la entrevista. Esta donación reforzaría su imagen de excelente cristiano en el pueblo.

En la homilía del siguiente domingo, Don Daniel comunicó a todos los feligreses la generosa donación del señor Ramírez de los Castros y el estímulo que suponía para todos este ejemplo de caridad cristiana. Hubo murmullos de aprobación, mientras el citado bajaba humildemente la cabeza desde el reclinatorio de las autoridades.

Gabriel, que había decidido pasar ese domingo en el pueblo, acarició la cabeza de Miguelito, que se había apresurado a estar con él en el mismo banco, apretujado y feliz. Oyendo esta especie de homilía, recordó intuitivamente el pasaje del Evangelio de San Mateo, en el que Jesús se enfrenta a los vendedores del templo:

“Está escrito: mi casa será llamada casa de oración. Sin embargo, vosotros la habéis transformado en antro de ladrones.”
Acarició de nuevo la cabeza de Miguelito y le dedicó una gran sonrisa llena de ternura. Después fueron juntos a la casa de sus padres, que se empeñaron en invitarle a comer lo que aceptó de buena gana, porque Roberta era una admirable cocinera.

Cuentan que al anochecer del día siguiente, Don Daniel entró en la parroquia a rezar las Vísperas, apagó las luces del altar mayor y, cuando llegó a la capilla de la Virgen, descubrió con horror que la cruz de plata había desaparecido. Corrió muy alterado a tocar la campana, congregando a todo el pueblo para comunicarles la terrible situación.

Durante mucho tiempo se investigó el caso, hablando la guardia civil con los vecinos y realizando una investigación a fondo, sin obtenerse ningún resultado. El señor Ramírez de los Castros utilizó toda su influencia para que fuese investigado el caso asimismo por la policía, pero el resultado fue también negativo.

Pasados unos meses, Miguelito bajó al río, muy cerca de La Rinconera, para escudriñar los sitios donde se criaban los sapos. No estuvo muy seguro y por eso no se lo contó a nadie, pero muy en el fondo del río, y tapado por unas hierbas espesas, creyó ver un, casi imperceptible, reflejo blanco y plateado.



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lunes, 11 de octubre de 2010

El gran silencio.

Abadía cartuja de Grande Chartreuse - Alpes franceses.



El gran silencio.


Pasó antes del Señor un viento huracanado,
que agrietaba los montes y rompía los peñascos:
en el viento no estaba el Señor.

Vino después un terremoto,
y en el terremoto no estaba el Señor.

Después vino un fuego
y en el fuego no estaba el Señor.

Después se escuchó la voz de una brisa tenue.
Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con el manto
y salió a la entrada de la gruta” (1 Re 19,11-13).

Yo he tenido la libertad para escoger el silencio,
mi gran silencio interior,
y recibir una brisa tenue desde arriba,
donde los aires se crean y recrean,
se diluyen y disuelven.

Esa brisa ha irrumpido en mi interior,
donde habita mi pensamiento
y ha entrado en mi profunda humanidad,
barriendo mis rincones más escondidos
deshaciendo convicciones estériles,
principios antiguos, ideas novísimas,
que han confundido mi alma hasta ahora,
y me inducen a pedir misericordia,
porque mi alma no es de alcorza, ni su interior es dulce,
sino un torbellino de dudas sin solución.

El otoño se acerca inexorable,
ya lo noto en mi piel,
y las tardes son más cortas,
los amaneceres más difusos,
los pensamientos más profundos,
mi silencio interior me duele
y me induce otra vez a pedir misericordia.

¿Por qué la luz es tenue y está tan alejada?

Un irresistible deseo me empuja hacia ella,
y si los dioses tuviesen conciencia
de lo que soy y de mi sustancia,
la luz me llevaría a una solución definitiva,
pero seguiré viendo la luz, que sigue tenue,
cada vez más oscilante y lejana,
manteniendo hacia mí su gran silencio.

Y yo seguiré buscando
entre las hojas secas del otoño
y las nieves del invierno, en mi soliloquio,
algún camino que me conduzca
a la cercanía de la luz.

Es ahora cuando refuerzo mis vínculos
con la sustancia de mi evolución eterna,
los sentimientos ancestrales,
las bellísimas imágenes maternales
historia viva de mis antepasados,
los alternativos ruidos y silencios
de seres como yo, que me antecedieron
y me encuentro cada vez más alejado
de la cruel indiferencia de los dioses.


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domingo, 10 de octubre de 2010

Amor personal.

Dibujo de Víctor García Tapia.



Amor personal



Ya no despierto del sueño profundo,
de mi sopor humano intelectivo,
no tengo ya la voz de un ente vivo,
y ni siquiera creo en este mundo.

Para mí el amor es ya un rotundo
fracaso de un esfuerzo colectivo,
un no querer hacer, un delictivo
sálveme yo, contigo no me hundo.

Si el amor personal no recupero,
mi ángel guardián no vuelve a ser ya niño
ni me acompaña de ahora en adelante,

antes me pongo a hacer lo que prefiero,
a mi poesía personal me ciño,
y escribo mi silencio en cada instante.




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viernes, 8 de octubre de 2010

SIRA.

Poeta Rafael Mulero Valenzuela.



SIRA.


Deep in the said sadness of a vale
far sunken from the healthy breath of morn
John Keats -“Hyperion”

En la profundidad de la sombría tristeza de un valle
sumido en la lejanía del saludable aliento de la mañana…




Nada más empezar este pequeño análisis que me he propuesto hacer al término de la lectura del poemario “Sira” del poeta Rafael Mulero, me surgen dos inquietudes:

¿Por qué recuerdo este poema de John Keats?

¿Quién es, fue o debería haber sido Sira?

Puede que empiece a vislumbrar esta conexión con la poesía de John Keats, recordando estas líneas del poemario:

Tengo la palabra y la entrego
sin esperar providencias.
¡Qué poco poseo!
Mi cuerpo se estremece
en un solo suspiro de soledad.

Ninguno de los dos poetas han padecido el pesado equipaje erudito que entraña un conocimiento profundo de filología, pero se dice con frecuencia que los poetas dotados de profundos y ricos conocimientos filológicos han de desembarazarse, conscientemente o no, de tanta sabiduría literaria para salvar la otra sabiduría: la de saber cantar.

Y en eso creo que los dos poetas han seguido rumbos paralelos. Lo importante es transmitir, a través de sus poemas, el canto a la belleza. Así como Keats, en “Isabella” crea una dramática aparición del espectro de Lorenzo, Rafael nos crea una Sira inaprensible, a veces espectral, pero bellísima confidente personal de su vida y le ofrece su palabra.

Un día creí que era dueño de algo.
Hoy, pasado el tiempo,
me doy cuenta que nada tengo.
Sólo, es suficiente, amor conservo.
Aquí, como un árbol plantado estoy,
vivo de esta manera, aferrado a la tierra.
Mi palabra, Sira, pronuncio.


Y a esa existencia imaginativa, espectral, une su amor al canto poético:


De mis recuerdos debo confesar
que pretendí ser un hombre de canción inmortal
y de palabra sincera
que confortara la amarga pena
que tantas veces contemplé
en ojos de mirada apagada.


Naturalmente, nada tienen que ver estos dos poetas respecto a su edad o situaciones vividas, pero ambos buscan fundamentalmente la belleza y la felicidad, dentro de un clima de desasosiego espiritual, pero profundamente humano.


Así, dice Keats, en uno de sus poemas dedicados a Fanny Brawne:


¿Por qué me he reído esta noche? Nadie lo dirá,
ni Dios ni el Demonio con sus severas respuestas,
Se dignan responder desde el Cielo o desde el Infierno.
Entonces me dirijo de una vez a mi corazón humano.


Y Rafael pregunta a Sira:


¿Quién ha hecho de la vida que me dieron
una tristeza constante e incontenible,
yo que siempre he amado la risa
y he admirado entusiasmado los ojos llenos de luz?


A lo largo de todo el poema se advierte un desánimo profundo en el recuerdo de los hechos vividos, haciéndose el poeta una acusación personal y una tristeza por los desengaños vividos:


Un día creí que era dueño de algo
¡qué soñador crecidamente insensato!
Hoy me pienso en una inmensa tristeza.
Siento que mi corazón inseguro tiembla.


Y acaba con unos pensamientos desoladores:


Me muero, Sira, en los odios y en las envidias,
en las boqueras fétidas de la hipocresía;
me muero en cada arma que se construye,
en intereses económicos que no respetan la vida.


Y así como Keats dice:


Ever let the fancy roam,
Pleasure never is at home.

Dejad vagar siempre a la Fantasía,
El placer nunca se halla en casa.


Rafael deja vagar la fantasía de una mujer ideal y termina de una forma llena de esperanza:


Envuelto en sus brazos,
en el aroma de su cabello,
me quedo como un niño dormido,
sintiendo despacio su cuerpo
y soñando contigo, Sira,
mi hija nunca concebida.



Rafael Mulero Valenzuela es un poeta de nuestro Blog de Poesía.



jueves, 7 de octubre de 2010

Paysans bienheureux.


Jean Belda en su Posada de Muriel


Mi gran amigo Jean Belda ha tenido a bien traducir mi poema "Campesinos felices" al idioma francés. Jean compartió conmigo maravillosas tertulias poéticas en París, donde realizábamos intervenciones sobre la actualidad literaria y poética en general, aunque fundamentalmente sobre la actualidad francesa de entonces.

Con el tiempo, Jean Belda construyó un verdadero hogar para los peregrinos del Camino de Santiago , llamado "La Posada de Muriel", donde se celebran reuniones literarias y poéticas, en un ambiente verdaderamente acogedor.La Posada de Muriel - Plaza Santo Cristo S/N - Molinaseca 24413 - León - España

Jean, además de poeta, es Licenciado en Economía por Aix en Provence (Francia), Master en Coaching (México/ Venezuela/ Madrid) y Diplomado en Ontología del Lenguaje.

Nuestro amigo Amadeus, que publica poesías y pensamientos en nuestro blog ha contribuído con acertados comentarios a este texto francés. Se lo agradezco asímismo. Esto es un ejemplo de colaboración literaria en nuestra Red.


Paysans bienheureux.

Le vent,
qui fait trembler les fenêtres,
musique monotone de l´eau
sur le toit,
la pluie,la pluie,la pluie,
persistente, tenace,
toujours la pluie
qui tombe fort
sur nous,
les pauvres à léglise,
le village pour les riches,
les misèrables heureux
embrassés,
perforés par les aiguilles
de la faim et la disgrâce,
par la solitude isolés,
par le désespoir unis,
rompus de liberté,
alimentés d´angoisse
communauté déchirée
de désespérés
qui buvons
le vin arrosé
et mangeons le pain
rompu par nos mains,
arrosant le sol
avec les larmes des
spectres ensevelis,
dans la cabanne humide,
pendant que tombe sur
notre toit
la pluie,la pluie,la pluie,
monotone, persistente,
maudite,
parcequ´elle ne nettoie pas notre fond
vide
notre interieur insustentiel,
nos dépouilles d´abîme,
notre conscience,
préssion constante, sans issue,
seul le cancer amer de
notre pauvreté,
incapacité de l´âme pour
surmonter le desaisir
l´inanité totale de l´esprit
la soulerie des
rêves tendres,
silencieux support
des desherités
et la pluie, la pluie, la pluie
¿où sont les dieux,
qui ne viennent pas nous voir?
¿oú sont les créateurs de
notre misère inerte,
de notre douceur?
les enfants ne pleurent plus,
les mères alaitent l´amour
et il se fait tard
trop tard,
nous n´avons plus la force de pleurer,
nous sommes dans une solitude
absolue
en pensant à ce qui nous attire
mais que nous ne souhaitons pas,
et la fuite est impossible
si ce n´est totale,
l´echappée de tous
unis, alliés, en cette
decision ultime,
cette pluie qui retombe
sur nos têtes,
ce carillon de gouttes qui
se transforme en canon,
nous laissant chaque fois plus
vides,
chaque fois plus absents,
cette pluie de l´incomprehension
qui jamais ne s´arrête,
et nous, spectateurs
innocents,
recevant l´humidité en nos os,
nourrissant notre misère,
goûtte à goûtte
sans que personne nous contemple,
ni nous comprenne, ni ne nous aime.



lunes, 4 de octubre de 2010

Mi vida.



Mi vida no es más
que una transición,
el tiempo es corto,
la distancia está marcada,
y lo único que permanece
es mi sustancia.


viernes, 1 de octubre de 2010

Memoria.




Memoria.

Sobre la tierra me tumbo impensadamente,
deprisa siempre, recuperando el tiempo,
para hallarme contactado en todo mi cuerpo,
mi espalda, mis piernas, las palmas de mis manos
sobre la tierra dura
y recibir su olor único, que identifico,
respirando con prisa para que no se pierda nada
del vaho que me envuelve y que me incita
a que recueste finalmente mi cabeza
sobre la tierra ilimitada que me rodea
y sentir la intimidad de encontrarnos solos
la tierra y yo.


Ella inmensa, antigua, fría,
yo, ser palpitante,
biológicamente larva que, sobre la dura tierra,
se recuesta y contacta para descubrir
la sensación de nuestro yacimiento inconsútil,
impregnando de humores el plano horizontal
de mi lecho de tierra.



Y en esta espera imaginar mi envolvimiento
deslizándose la tierra entre los dedos de mis manos,
lentamente cubriendo mis costados,
resbalando hacia mi centro biológico,
tapando mis oídos, mis ojos, mi boca,
adentrándose en mis pulmones hasta identificar
mi corazón con el único, infinito latido
de la tierra.




¿ Recobrar entonces, esforzadamente,
mi impulso biológico hacia la luz y hacia la vida ?


¿Luchar por salir,
buscando la luz y la vida
desde dentro de la tierra que me envuelve?

Yo no quiero hacer ni deshacer,
ser o no ser,
sólo deseo contemplar otra vez
la flor blanca de la jara, el verde de los pinos,
el vuelo de las águilas y, desde la cota geodésica,
recorrer con mi mirada
neveros y pastizales, pozas, barrancos, caminos forestales,
hayedos, piornos, codesos y praderas,
hasta regresar, a través de esta contemplación,
a los años en que el tiempo no contaba,
a la edad en que aún existía la inmortalidad.

Mis primeros recuerdos de ese tiempo
son el olor de la tierra húmeda después de la lluvia,
un cerezo repleto de frutos rojos como brasas encendidas
y una casa blanca con terrazas voladas
sobre una calle de tierra con nombre de río.


Los dioses no existían todavía,
los niños sólo teníamos ángeles
con quienes hablar en nuestras soledades infantiles.


¿Por qué los niños sólo tienen ángeles;
dónde están los dioses cuando muere el padre ?


En mí, ¡oh muerte prematura!
quedaron el vacío de los niños huérfanos,
la soledad intuida, el desconcierto,
el vaho húmedo de la tierra y las brasas rojas de un cerezo.

¡Qué ausencia, qué silencio!

Ahora, desde la cota geodésica,
liberado de la tierra que me envolvía,
me siento mucho más cerca del niño huérfano
y cada vez más lejos de la cruel indiferencia de los dioses.


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