jueves, 14 de junio de 2012

El Guadarrama.

                                                              
 El Guadarrama.



Si tengo ocasión,
enterraré aquí
mi corazón
y lo repartiré
para que se disuelva
en pedazos,
unos en mi tierra,
otros en mi historia,
el resto
diseminados
en la vida
de los demás.

6 comentarios:

Juan Risueño dijo...

Un buen corazón no necesita trocearse. Tiene ganado el privilegio de permanecer entero en esos lugares que citas y en los que quizá ni imagines.
Un abrazo amigo Fernando

José A. Socorro - Noray dijo...

Ya lo escribió Miguel Hernández en su poema El último rincón:

"Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, nadie."



Allá en lo alto, rozando el cielo, en la cumbre de Peñalara, divisando a lo lejos el Duero y el Tajo. Sin duda, querido amigo, la sierra de Guadarrama sería un excelente lugar.


Un fuerte abrazo.

azpeitia dijo...

Querido Fernando, tú has elegido el guadarrama...yo he elegido mi mar Cantábrico que mis ojos vieron por primera vez desde mi San Sebastián del alma...Tu poesía tiene la fuerza de lo que la hace imperecedera, y cada palabra es un trozo de tu corazón generoso que lanzas al viento...(Como está peque?) Un abrazo de azpeitia y Amaya...

Rafael Mulero dijo...

Querido amigo: mi corazón, de momento, se encuentra en este lugar que tanto amamos. Que nos dure largo tiempo esta dicha de sentirnos vivos. Un abrazo.

Gustavo Figueroa V. dijo...

Fernando:

El amor a la tierra y a los buenos amigos se muestra pleno y lleno de honestidad en un poema que, en si mismo, es una joya por su belleza y forma concebido; vuelcas en él amor y generosidad y toda tu calidad de poeta.
Te aplaudo poeta como se debe aplaudir a quien bien se lo merece.

Francisca Quintana Vega dijo...

El lugar que nos vio nacer,o el lugar donde uno vive feliz la mayor parte de su vida...suele ser el idóneo como última morada.Lo ideal sería que pudiéramos terminar en la tierra, confundidos con ella, no como es actualmente, en un hueco de cemento.
Pero, en realidad, lo que queda de nosotros es el recuerdo que quedemos en los demás, y los genes, prolongados en los hijos.
Esa es nuestra vida eterna...por suerte. MI cordial saludo