sábado, 3 de noviembre de 2012

La palabra.



A veces el silencio deja pasar a la palabra,

cuando la luz del día se extingue

y estoy solo en mi mesa,

leyendo, meditando, escribiendo.


¿Por qué me dieron los dioses la palabra,

qué sentido tiene utilizarla

si no es para comunicarme con los demás

y recibir de ellos la sustancia de la vida?


Abro los libros y viene la palabra,

siempre distinta, creativa,

y me envuelve su densidad,

me acaricia su cercanía,

cuando puede que su origen

venga de un tiempo muy lejano.


Escritores, científicos, poetas,

me otorgan su palabra, y yo,

mientras llega la noche,

la acepto, la asumo, y mi espíritu

renace ante su presencia.


Amo la palabra y en ella me adentro

buscando símiles, significados

y creo firmemente que estoy recibiendo

desde la profundidad de los tiempos

o la cercanía de las cosas

la tarea de comunicar a los demás

esas ideas, esas intuiciones que recibo

a través del prodigio de la palabra poética.


16 comentarios:

ADELFA MARTIN dijo...

¡esplèndido!

yo a veces la percibo...

La soledad del verbo, la palabra
que aleja del corazón los resquemores
y nutre la mente con olores
que atesoran momentos de nostalgia

Mis cordoales saludos

Fernando dijo...

Adelfa, amiga, poeta, grcias por tu comentario que, en sí mismo, encierra nuestros idénticos sentimientos. Un saludo cordial.

Marisa dijo...

Querido Fernando la palabra siempre será ese vehículo que nos trae y que lleva sensaciones infinitas,
es un privilegio poder disfrutar con las tuyas.

Un abrazo muy fuerte

Fernando dijo...

Hola, Marisa. Un gran abrazo de mi parte. Me ha contado Rafael que sois un enviviable pareja quie vive en un envidiable paraíso. Eso son más que palabras. Son realidades. Un beso.

Jesús Arroyo dijo...

La palabra, amigo Fernando, regla de la libertad.
Abrazos.

Fernando dijo...

Jesús, amigo, tus comentarios son siempre concisos y magníficos. ¿Cuándo el nuevo libro?. Un abrazo

Gustavo Figueroa V. dijo...

Estimado Fernando:

A pocas horas de mi viaje a Francia me llevo en la memoria una muestra más de tu inmenso talento poético; este poema que aquí nos ofreces me maravilla y me hace sentir orgulloso del idioma que tenemos en común.
Creo que yo no podría decirlo mejor, en alusión a la palabra y como un bello comentario a tu brillante poema, que hacer aquí una cita que alude al tema en mención y que tomo de la inmensa obra de Pablo Neruda "Confieso que he vivido"

"…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras..."

Te dejo mi abrazo y mi admiración!!!

Jesús Arroyo dijo...

Deja que este tenga su espacio. Supongo que a mediados de año.

Francisca Quintana Vega dijo...

¡¡Qué haríamos los poetas sin la palabra!! Esa palabra que, en nosotros no es sólo la hablada sino la que acude a nuestra mente y de ahí a nuestra pluma...bueno, a nuestros dedos y al ordenador, jaja....pero sí, la palabra y los poetas son como un abrazo...un lazo...un dos en uno. Saludos y espero que su esposa siga mejor.

. dijo...

La palabra, querido Fernando:
Escucharla, comprenderla, aprenderla, aprehenderla, y hablarla.
Un abrazo

soledadsanchezmulas dijo...

¿Qué puedo decir? Llena mis días (y gran parte de mis noches). Soy toda ella y es toda yo. ¡Bellísimo poema!

Juan Risueño dijo...

Hermoso poema Fernando. La palabra es lo que nos mantiene unidos. Un abrazo

Fernando dijo...

Gustavo, poeta, amig: te deseo pases unos días muy feklices en tus vacaciones en Francia. No dejes de ver las pinturas de los impresionistas. Un fuerte abrazo.

Fernando dijo...

Francisca, amiga: Tu maor virtud es que dominas la palabra como poeta y la explicas y regalas como profesora. Un saludo cordial.

Fernando dijo...

Sole, amiguísima: Dentgro de unos días publico mi libro "Soledades", en el que incluyo una dedicatoria a tí, idolatrada poeta de Salamanca en "Diez poemas sobre el amor incierto" No dejes de leer el resto del libro, aunque esté sin corregir por la mejor lingüista que conozco. Un beso.

Fernando dijo...

Juan, amigo: efectivamente, estamos unidos por la palabra. Leo todas tus obras. OIpino poco, porque escribes muy bien y no mse me ocurre nada. Un fuerta abrazo.