domingo, 17 de noviembre de 2013

Levedad del alma.



 


Levedad del alma.


Cuando intento descubrir la esencia de mi vida,
mis experiencias, mis ideas, mis  pensamientos,
vivo mis noches más tristes y percibo los vientos

de mi tempestad interior, vívida galerna,
que desarbola mi alma, siempre estremecida,
profundamente inmersa en su densidad interna,

incapaz de soslayar mis oscuros momentos,
de abrir una esperanza, de romper ataduras,
fijada en la solidez de su materia eterna.

Máximas ansiedades, recónditas locuras,
restos de unas tormentas que no tienen salida,
arenas en mi sangre que filtran sentimientos

y definen el transcurso de mis desventuras,
pidiéndome permiso para curar mi piel tierna
por los casos habidos lesionada o herida.

Yo no soy responsable de mis arboladuras,
sólo soy el cautivo del alma recibida,
leve en su concepción, anclada en sus cimientos;

mi nave, atada al noray de sus estructuras,
enloquece por romper todos sus ligamentos
y partir hacia un mundo de nuevas singladuras.