domingo, 14 de marzo de 2010

II.-La casa de Belalcázar, donde nací.




La casa de Belalcázar
era un lugar mágico
donde cantaban los mirlos,
reían y cantaban los niños.

Desde sus ventanas
se veían las acacias,
las moreras, los plátanos,
un castaño de indias
y el árbol del amor
;un árbol frondoso
que nos protegía
sin darnos cuenta.

Cuando los niños nacían
y entraban en la casa,
eran recibidos por gorriones,
mirlos, caracoles y mariquitas,
un olor a jazmines y madreselvas,
aire puro, cielo azul,
un denso silencio de ciudad,
sendas de adoquines,
farolas de gas
y un soplo helador
del Guadarrama milenario.

La casa de Belalcázar
era un lugar de encuentros,
de esperanzas, de sueños
y no tenía puertas, ni cerraduras,
ni portillos, ni llaves;
tenía, en cambio, escaleras abiertas
con barandillas de madera,
un jardín con arriates,
un cedro del Líbano,
un rosal trepador,
un piano vertical, un perro,
y siete corazones latiendo.

La casa de Belalcázar es ahora
un barco que navega
entre la bruma del tiempo
sobre un mar de silencios
y en su cubierta se oyen,
cada vez más tenues,
cada vez más lejanas,
las risas y las canciones de los niños.






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8 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Particularmente he podido escuchar el eco de la risa de los niños y sentir los recuerdos de un pasado añorado que tan bien retratas con tus palabras. Tiene un sabor añejo muy bonito.

Pluma Roja dijo...

Bellas remembranzas dibujadas con imágenes llenas de poesía.

Saludos cordiales,

Hasta pronto.

Felix Casanova Briceño dijo...

Estiado Fernando...

Que manera tan hermosa de hacernos llegar ese pasado dulce y hermoso de la casa de Belalcázar. Con tus palabras, aunque ya no es lo que fuera, aún resuenan los mirlos, los niños jugando... aquello que fue y ya no fue... toda una metáfora de la vida. Excelente, poeta.

Un abrazo

El ave peregrina dijo...

Amigo Fernando los árboles siempre nos protegen...ellos nos cobijan y resguardan...Esta casa de Belalcázar se nota que la lleva en sus adentros...

Un abrazo agarimoso.

Laura Gómez Recas dijo...

Casi se puede pulsar el silencio y la nostalgia. Precioso recuerdo, dolor ante el pasado. No volverá.

Estupendo, Fernando.
Laura

Jesús Arroyo dijo...

Estimado Fernando:
Un cuadro. Es como un cuadro.
Abrazos.
PD. Perdona "mi ausencia". No sé que hacer para que mi blog me diga cuando hay entradas nuevas en el tuyo. Me pongo a leer todo lo atrasado.

Júbilo Matinal dijo...

Magnífico poema. Especialmente significativo para quienes conocimos la casa de Belalcázar, su cálida hospitalidad, la cordialidad inteligente y siempre abierta con que recibía y congregaba.

Por lo de entonces y por lo de ahora, muchas gracias Fernando. Y un fuerte abrazo.

Noray dijo...

¿Cómo no ibas a ser poeta? ¡Si naciste rodeado de tanta belleza!

Basta con cerrar los ojos para esa casa y su maravilloso entorno.


Un abrazo