miércoles, 24 de marzo de 2010

XIII.- Antonio Machado.

Alamedas del Duero.


En mis manos sostengo la lectura,

para que nunca pueda abandonarme

la pasión por el arte y la cultura,



pues si es preciso habré de condenarme

por haber intentado leerlo todo

y entre un montón de libros sepultarme;


no concibo encontrar distinto modo

de alegrar el sentido de mi vida,

que andar leyendo, desbrozando el lodo



para lavar la imagen sustraída

del más leal cantor del pueblo llano,

pura esencia en el aire diluida.






Antonio Machado en sus últimos años.


Escuchándole, Gloria, de tu mano

todavía recuerdo la emoción

de conocer a Antonio, tan cercano,


distante del fulgor de Juan Ramón

mas tan profundo, delicado y tierno

que nunca olvidaré la sensación


que me produjo aquel lejano invierno

su profunda canción al olmo herido

leída con tu aquel tono materno.


Mas ya no soy un niño consentido

y estoy aquí, Antonio, adolescente,

buscando la razón de tanto olvido,


tratando de encontrar, en el ambiente

del café de las sorpresas, vestigio

de tu verbo de acción polivalente,


defensor de la paz con el prodigio

de una poesía audaz y verdadera

que sube enteros sin perder prestigio.


En tu Castilla mística y guerrera

de llanos altos, montes y roquedas

¿habrá llegado ya la primavera?





En el café de las sorpresas.



No quiero aún moverme si te quedas

conmigo en el café para contarme

el espeso verdor de las olmedas


que bordean el Duero, emocionarme

con el débil temblor de los sembrados

que tu palabra supo dibujarme,


o recibir con los ojos cerrados

ese sabio romance campesino

escrito entre montes y collados


que recordabas tú, el peregrino,

diciendo adiós a ríos y arboledas

en la senda de tu letal destino.



Ahora que estamos juntos y te quedas

sorberé poco a poco tu talento

pues tengo todavía unas monedas

para tomar café desde mi asiento.


2 comentarios:

Laura Gómez Recas dijo...

¡Qué entrada de blog más hermosa!

Eso me pregunto... ¿habrá llegado la primavera, Fernando? Hay algo en estas horas y en estos versos que me remueve la nostalgia. Y, Dios mío, esa mirada, ese rostro de Antonio, en esa fotografía... ¿qué hicieron contigo? ¿Por qué todo es tan difícil? ¿Por qué hay tanta bajura instalada en la piel de lo excelente como un parásito inmortal?

Gracias, Fernando.
Laura

© José A. Socorro-Noray dijo...

¡Qué belleza, Fernando! ¡Qué hermosura esos campos de la Soria de Don Antonio! Siempre es primavera en la poesía machadiana.


Felicidades, Maestro.


Un fuerte abrazo